domingo, 15 de diciembre de 2013

MEMOrias de Diciembre.

Diciembre siempre lo he considerado el mes melancólico, pues cada vez que el doceavo mes anuncia su retorno anual en el calendario, me entra una especie de tristeza aletargada.

 No se si será provocada o influenciada por los días plomizos de invierno, o por los imborrables y lindos recuerdos de las navidades de mi infancia y juventud en mi país que ya no volverán, o quizás por la ausencia de mis padres y familiares que ya partieron en el viaje sin retorno, o por la carrera loca y desenfrenada de ahorrar y tener dinero suficiente para los regalos y la cena de navidad; o simplemente, la combinación de todo lo anterior.

La cosa es que en los últimos años, diciembre me pone medio agüevado.

Así que para quitarme el agüite, me puse a recordar los momentos alegres que diciembre me dejó y quise compartirlo con ustedes, pues, a lo mejor, se identifican con algunos de ellos.

El cielo de los diciembres de mi infancia era claro, con pocas nubes, sol radiante, pero con mucho viento. Época que los cipotes aprovechábamos para ir a encumbrar piscuchas, ir a bañarnos a algún río, hacer alguna caminata en grupo, ir al cine, o al estadio a ver jugar al Alianza o al Juventud Olímpica, ir a patinar al Parque Infantil, o simplemente, reunirnos en la casa de algún chero para oír la música de la Nueva Ola y los “picks de radio Femenina” en alguna radio de transistores.

Diciembre era mes de vacaciones de escuela, así que no tenía que hacer deberes; pero mi tata -que en Gloria esté-, se encargaba que no pasara todo el día vagando y sin oficio. Así que me compró una enciclopedia Grollier, de esas que tienen como ochenta tomos y que vendían a plazos, y me ponía a leer algún tema y tenía que hacerle un resumen, y al final del día se lo tenía que explicar. Y si no me lo podía, me zampaba cinco coscorrones en la cabeza. Y mi papá tenía la mano pesada. Así que, cada vez que diciembre asoma su nariz, me empieza a dolerme la cabeza de acordarme de sus coscorrones.

Diciembre era también el mes de la celebración de la Virgen de Guadalupe. Mi mamá me vestía de indito con un traje de manta, me ponía caites, un sombrerito con un montón de guilindujes de colores chillones, un tecomatío, una cumita, y me pintaba con tile un largo y grueso bigote.
 Tomábamos rumbo a la Ceiba de Guadalupe en la ruta 101 que va a Santa Tecla. En esos tiempos yo sentía el trayecto súper largo, pues cuando uno está cipote, el tiempo parece que no camina. Caso contrario cuando uno ya está viejo, el tiempo parece que va volando y uno quisiera que se detuviera.

Cuando llegábamos a la Ceiba, entrábamos de rodillas a la iglesia, prendíamos una vela y se la poníamos a la imagen de la Virgen. Oíamos la misa de mediodía, rezábamos el rosario, y a la salida, comprábamos hojuelas con mielita, y yuca con chicharrón que vendían en las afueras de la iglesia.

Pasado el día de la Virgen de Guadalupe, íbamos casi todas las noches al centro de San Salvador a ver las vitrinas para ver los juguetes y los vestidos para el estreno de Navidad. Antes, como no existían ni Metrocentro, ni Plaza Mundo, ni Galerías, ni Las Cascadas, ni ningún centro comercial por el estilo, todos los almacenes estaban en el Centro. Todo quedaba relativamente cerca. Como la delincuencia casi no existía, era muy seguro caminar. Así que casi todo el mundo andaba por las calles de San Salvador. Era frecuente encontrarse con amistades y familiares en una cuadra, y al rato, volverse a ver de nuevo, porque todos andaban dando vueltas por el Centro, unos en un sentido y otros en sentido opuesto.

Diciembre era época de posadas y pastorelas en el barrio, ocasión que los imberbes jovenzuelos de entonces nos ofrececiamos de voluntarios para cargar las imágenes de la Virgen y San José para estar cerca de las cipotas que nos gustaban, y que era la única ocasión en todo el año que a las bichas no las andaban cuidando las nanas porque andaban atareadas atendiendo a los invitados, y repartiendo horchata con suspiros y vasitos de vino Cinzano en la casa de la posada.

 Mi corazón palpitaba a millón por minuto y sentía maripositas en el estómago cuando la cipota a la que le andaba cayendo me miraba de reojo y me hacía ojitos coquetos, y me mandaba de escondidas, con la complicidad de una amiga para que su nana no se diera cuenta, un papelito perfumado y con dos corazones dibujados con nuestros nombres y entrelazados con una flecha. Amor tierno e inocente de bichos virgos, sin morbo y libre de pecado.

Todo el mes de Diciembre era de preparativos para la Navidad. Mi abuelita se encargaba de poner el Nacimiento, mi papá de comprar los cohetes, de poner el arbolito, mis tíos se encargaban de la radiola y la música, la bailada, y mi mamá de la comida. Mi hermano y yo, nos encargábamos de abrir los juguetes, reventar la pólvora y comer chompipe, escabeche y ensalada rusa hasta reventar.

Pasadas las doce de la noche, los abrazos, la destapadera de regalos y la reventazón de cohetes, había que acompañar a la abuelita a misa de gallo a la parroquia de la Merced a dar las alabanzas por el acontecimiento más glorioso e importante de toda la humanidad, el nacimiento de Jesucristo.
Al día siguiente, tempranito, era de empezar a buscar los cohetillos que no reventaron entre los volcancitos de papel periódico, para terminarlos de reventar y empezar a disfrutar los juguetes que nos había traído el Niño Dios.

Tiempo después ya siendo adulto, casado y con tres hijos, recuerdo también que Diciembre era tiempo de recibir el aguinaldo, o “aguilucho” en el trabajo, que más tardaba en llegar que en desaparecer en menos de lo que canta un gallo, y que servía para comprarle los juguetes a los hijos, para el vestido de moda de la esposa y hacerse los “rayitos” en el pelo, y para comprar un par de “botánicas” para el 24 y el 31.

Era época de oír música navideña por todos lados, de fiestas de despedida de año en el trabajo, de intercambio de regalos en los cuales por mala suerte te tocaba intercambiar regalos con el jefe o con alguien que te caía mal; era época de ir a comprar el chompipe al Chiquero, de quedar bien con el vecino para ver si le podíamos caer de paracaidista en la cena de noche buena. En fin, era época de compartir lo poco que se tenía con todo el mundo, y de desearle paz, dicha y prosperidad.

Luego venía el 31, y la fiesta de despedida del año viejo en mi casa era fenomenal, pues las puertas estaban abiertas de par en par para el que quisiera entrar y todo el mundo eran bienvenido: familiares, vecinos, amigos, enemigos, empleados, conocidos, desconocidos, borrachos, abstemios, moteros, huele pegas, religiosos, ateos, seguidores del Marte o del FAS, derechistas, izquierdistas, pobres, ricos, jóvenes o viejos, cheles o prietos.

 El abrazo de las doce era con besos y lágrimas...lagrimas de felicidad!!, deseándonos dicha, salud, paz y prosperidad.

Ya todo eso ha pasado a ser parte de mi historia, de mis recuerdos y de mis memorias.

Hoy vivo desde hace más de 30 años en un país que, aunque me ha dado la oportunidad  de prosperar económicamente y la suerte de tener un mejor nivel de vida; me cobró la factura a un precio muy elevado al quitarme la oportunidad de compartir muchos más diciembres  y una mejor calidad de vida junto a los seres que más amo. Esa calidad de vida que no se compra ni se vende con dólares; sino con amor, el verdadero amor hacia nuestros semejantes.

Y ese es el mensaje y el mandamiento que nos dejo Jesucristo:
"Amaos los unos a los otros".

Ahora quizás me entiendan porqué Diciembre siempre me pone melancólico.

Memo

sábado, 23 de noviembre de 2013

El pensamiento indio...por Nelson Aldana.


 

Foto del historiador Carl. V. Hartman, indias de Izalco.
 
Cuando empecé a escribir este ensayo, me acorde de mi esposa, "no escribas nada largo que nadie lo lee. A la gente solo le gustan cosas cortas". Supongo yo que tiene cierta sensatez. Pero, remitiéndome como un viejo zorro de letras en leyes, es preciso escribir por cuanta explicación clara y veraz al lector que no tiene palabras mas cortas "no tienen el hábito de leer algo edificativo, séase de o que sea, y que se tomen al menos unos 15 minutos".

Unos podría decir: "son indios, que van a andar leyendo. Otros: "Nelson, vos solo boberías escribís". "Mejor contáme una de Pepito", me van a decir por allí. El punto es que ya que no estoy en materia de leyes, no puedo ser preciso con palabras técnicas y adecuadas para mayor entendimiento del individuo. Así que sin tantos garabatos, seguiré con la tanda de palabras. Y si al menos una persona logra leerme lo escrito, me daré por satisfecho. Ojo yo solo estudie hasta el sexto grado en Cojutepeque, y lo que puedo escribir de la letra de Cervantes, es gracias a las maestras del Colegio Evangelico Emmanuel donde estudie la mayor parte.(solo fui un mes al Walter y luego a la USA)

El pensamiento Indio

¿Que diría la sociedad, la alta alcurnia al mirar a una dama con tatuajes, o con poca vestimenta y enseñando los senos, hombres sin camisas y/o descalzos? Hay ciertas cosas que ya no existen, las tradiciones son ahorcadas por los que disque cultos y sabedores de la vida. Yo, en lo personal, a veces me siento intoxicado con pensamiento europeo, artífice y autor de la aniquilación de lo autóctono de la tierra que me vio nacer, y ahora, de ver con recelos y negocio lo que nuestros ancestros tenían y respetaban: la ley de la naturaleza y la tierra cual es la madre del hombre...pero negocio, repito, para nosotros.

Aun que yo hablo de los indios nativos, debo de aclarar que no tengo ninguna pizca de sangre indígena, pero tampoco la tengo azul. No tengo raíces netas de pipil por mas que las anhelo, pero igual soy indio, y me considero autóctono como todos, y mas pipil que el propio Cipitío. Algo controversial que nos decimos: ser defensores y protectores de las tradiciones de El Salvador y de los campesinos directos descendientes de los pipiles, chortis, lencas, mayas, etc etc. Pero cuando se nos presenta la oportunidad de hacer algo por ellos o las tradiciones, nos quedamos callados, o nos hacemos los "suizos' (europeos), y nada de nada.

Repito, la intoxicación conquistadora y europea nos supura, corre por nuestras venas. Basta con ponernos a la par y hacer una ralla trazada y preguntarle a un campesino ¿que quiere en esta vida?... nos diría: "Maíz para sembrar". Yo respondería: que quiero el ultimo Galaxy S4 de Samsung. Somos tan distintos, que el ejemplo de decir que soy guanaco y que ando pregonando defender el orgullo Pipil, lo destruyo con mis acciones. Un nativo campesino con su camisita a la mitad abotonada, no es porque quiere mostrar su pecho musculoso; es porque le faltan 4 botones a su camisa. A diferencia de mi Abercombrie & Fitch de temporada, no necesita botones.......¿estamos?

Las damas actuales usan sus prendas como si fueran desechables, 'huy esa fue la blusa que me puse la semana pasada" o "necesito nuevos zapatos. Estos lo use hace un mes en la fiesta pasada" o "Compre esta falda y no la he usado, pero ya no me gusta" ¡SOLO UNA VEZ USAN CASI SUS PRENDAS!

Pero, una campesina, hasta 2 o por 3 días usa la misma falda o en una semana usa las yinas Balco a la más anaranjada brillante chiltota. Yes que somos tan distintos, como lo dice Piero refiriéndose a su padre: "que creció con tranvía y vino tinto".

Amiga o amigo lector: no es regaño ni señalamiento; si no solamente observación, porque yo hago lo mismo, o sea lo contrario de no predicar con el ejemplo. Yo soy ese, que no tengo ejemplo. Un pensamiento bien indio (¿indio europeo?). El mío la verdad, no creo que ni el propio indio piense de esa manera, yo soy de esos que desean el último artículo electrónico mas chivo, el que digo ¡wow! ¡guat-a-car!
Increíble, pero Cojutepeque es un pueblo nato INDIO. Las mismas letras de la historia muestran que una bola de indios fundó y siempre a existido y seguirá existiendo en Cojutepeque.
 El ser indio no es sinónimo de rebaje, de analfabeto o de tonto; aunque ese es el estereotipo o denigración que hacemos o asociamos. Es un pensamiento nocivo y del que se cree Europeo hacia nuestra hermosa y linda raza indígena y lamentablemente tienen cara frijolera.
 Muchos, son desproporcionados, negritos y pelos necios y con un acento folklórico con el semblante de un guineo majoncho, (no hablo en nadie particular tampoco) y el que se sienta expuesto es solo pura coincidencia, que desean ser otro país y no de Cuscatlán.

En la gama de este gran país de USA puedo ver tantos salvadoreño que "ejcusmi" "guats" "Ju mi" que, si pudieran ir al rio Jordán a limpiarse la nacionalidad, lo harían en un 2x3; (no se porque siempre esa expresión pero, 2x3 es 6).

De regreso a mi ensayo baboso y largo. Hago esta pregunta: ¿que harían si ven a una mujer nativa con los senos descubiertos? Las autoridades la tildarían de loca, la echarían a la cárcel, que es algo "inmoral"…inmoral?? Lo que es moral o normal para unos, es anormal y moral en otros.

La moral, (una palabra doble estándar); se castiga al indio que hace "chicha", pero no a la cervecería, ni el guaro hecho por el extranjero. Pero si a la "chicha", porque viene de los indios. Es penado por la ley todavía hoy en día. No se permiten actos religiosos indígenas, porque lo dice en la constitución: La Republica de El Salvador es Católica oficialmente y con libertad a las iglesias protestantes a su expresión. ¿Y los indios? ¿Por qué no se incluyeron en la constitución? A los indios los tildan de brujos y brujas, de hechiceros, de ser personas malas. ¡POR FAVOR! La realidad es que fueron extirpadas, asesinadas, descuartizadas; y somos todos culpables de eso.

Es la verdad y la fealidad de hoy. La tradición es la del blanco conquistador del español. Ingles, Francés etc. y que las nuevas generaciones poco a poco comienzan a modificar y desistir de ellas recobrando y renaciendo tradiciones como son el tatoo, los "piercing" (aretes por todo el cuerpo) y otras locuras para mi hoy en día y para la mayoría de Uds. También.

La intoxicación como dije antes, pero si nos ilustramos leyendo, veremos y aprenderemos que no son mas que viejas tradiciones natas que están renaciendo lentamente en estas nuevas generaciones que veneran y respetan lo antepasado, más que un I phone, y que nos exponen al descubierto la verdadera mentalidad avara y paupérrima de conquistador que tenemos, y que no soportaríamos el morbo de ver una india con sus senos al aire, porque la deseáramos, tal como los conquistadores hicieron cuando llegaron y vieron por primera vez esta naturaleza de nuestra gente, que no estaban enfermas como nosotros lo estamos.

No creo que volvamos a ver del todo a las viejas tradiciones antiguas renacer originalmente, y si así fuese, mis ojos no lo van a ver. Por el momento, con esta mente europea que tengo, es mejor que resurjan poco a poco para ir ablandando el ojo enfermo que tengo y ponerme a leer mas para entender al pipil y su folklore.

El pipil miró el mundo, las estrellas, la tierra, los animales, la vida, las posesiones, el amor, la tolerancia desde otro lente diferente a la manera que nosotros lo miramos y palpamos. Este pensamiento indígena jamás lo entenderemos; y por más lupas de lentes que existan, no lo podremos ver nunca.

Nelson

 

domingo, 20 de octubre de 2013

Anécdota chumpe-gallo


Colaboración de  Jorge Chorro.

Hubo un tiempo que yo tuve allá en el Pulgarcito un corralito interno en nuestra casa, donde, inocentemente y creyendo que todos los animalitos alados se llevan bien naturalmente, compre unas tres gallinas, un gallo joven y....un chompipe joven.

El tiempo iba pasando y esos jóvenes crecieron y se hicieron adultos ¿y que van a creer?, de repente, el gallo y el chumpe empezaron a darse unas agarradas de a madre, con espuelas y todo.
El chumpe más fuerte, ponía a tierra al gallo, pero este se escabullía y se levantaba y decía con todo encima del chumpe...unos pleitos de varios minutos.

 Por eso dicen que ser gallo para algo es ser así como ese que tuve yo, pero el chumpe es chumpe también; no era ningún sencillo.
Nos divertíamos de ver esos agarrones de esos dos; algo así como Ali-Frazier!!!

Como todo pacifista que soy hasta hoy, nos aburrimos de tanto pleito, así que decidimos terminar con esas camorras.....el chumpe se fue en una cena X y el gallo se fue en chicha en un almuerzo Y.

Cuando los peleoneros ya se habían "marchado" al mas allá; quedaron 5 gallinas y varios pollitos en el improvisado corral interior. Las alimentaba con granos, y se pusieron bien chulas, y los pollitos fueron creciendo.

En un viaje que hice a La Libertad con mi familia pasamos comprando un chocoyito tierno (tipo de periquito).
Lo alimentábamos con masa semilíquida y se fue poniendo bonito. Como yo tenía una enredadera de granadilla en mi patio, esta se creció y se fue para el techo por el crecimiento. Al chocoyito le encantaba estar allí y decidimos dejarlo dormir en la enredadera, pues los animales buscan la naturaleza, mas que cualquier jaula. De repente, un día de tantos, lo buscamos y se desaparecio. ¿Se había volado? ¡Imposible! tenía las alas cortadas. Lo buscamos y nada.

  Mi gente se entristeció al igual que yo. El chocoyito no volvió a aparecer. ¡Ni modo, se fue, se fue!-dijimos en casa. Mientras tanto, nuestras gallinitas ponían huevos muy seguido... ¿por que?...les compramos otro gallo! Comíamos huevos muy seguido y naturales.

Una madrugada escuchamos un gran revoluto en el corral y una alharaca y aletear de las aves, y me dejo ir enpijamado con una lámpara y ¿saben que?.. Un enorme tacuazín tenía agarrada a una gallina por el buche, dispuesto a devorarla delante de las otras y del gallo.

Me zampe a la jaula y le dije a mi señora: "traeme el bate" (mi bate con el que pegaba hits, dobles y jonrones en el Parque Centenario, en los tiempos de softbol en las vacaciones de la escuela). Me lo llevaron, y agarre ese bate, y el horrible animal, pelandome los dientes, soltó a la pobre infortunada gallina y se quiso escapar.

 Lo arrincone y le zampe unos batazos de esos ricos y casi le deshice la cabeza al condenado tacuazín hj de....¡Feyos son esos animales!!
 
Si, el mismo tacuazín que se comió a nuestro chocoyito lindo y cariñosito.

Yo nunca antes había matado a un animal de esa manera, no tengo corazón para eso....solo inyectado en la materia de Anatomía Comparada de la UES cuando estuve enrolado en la opción de medicina y que después la cambie por los números.

El tacuazín ya muerto no me dio confianza, quedamos con miedo, pues, a lo mejor, tenia la hembra y crías por allí en algún tejado, o a saber donde.
Reforcé la jaula de las gallinas, pero un día, decidimos mejor de ya no tener mas, pues a los gatos les gustan las aves también y había varios por allí rondinando.

Así que las gallinas, se fueron "marchando" en diferentes fiestas A, B, C...etc...y el gallo en otra "salsa en chicha " Z...

¿Un tacuazín en mi casa?. ¡Quien lo iba a creer! '
Pero se lo llevo Judas....también se "marcho"....pero a otro mundo.

Experiencias vividas, no compradas.

Relato de Jorge Chorro.


domingo, 6 de octubre de 2013

Recordano al "órgano que habla"

Tomado del blog “Sonidos de la memoria”.

Hace unos años atrás en la década de los 50-60, apareció un organista de origen mexicano, donde interpretaba todo lo de moda en esos tiempos, como él no cantaba, hacía que su órgano (marca Hammond, alemán) dijera las frases de los estribillos.

Para esos tiempos, todo era una novedad, y este señor (no vidente) se hizo muy famoso y triunfó en la farándula de esos años. Ahora esto de hacer "cantar" a cualquier instrumento o animal, es cosa de todos los días, en Youtube existen páginas de perros cantores, personas que hacen hablar un instrumento, etc.




Ernesto Hill Olvera fue un músico mexicano nacido en Mexquital del Oro, Zacarecas, un 22 de diciembre de 1936 y que a la edad de 7 meses perdió la vista cuando, (el asume) fue por un relámpago.

A la edad de 3 años se mudo a Guadalajara con sus padres y a la edad de 6 años ingresó al "Instituto de Capacitación para el Niño Ciego", graduándose a los 12 años, para después estudiar piano. A la edad de 13 años ya tocaba en restaurantes locales así como también en la ciudad de México, donde después se mudaría buscando un mejor futuro.

Se cuenta que todo empezó cuando en el restaurante en el que trabajaba compraron un órgano, instrumento del cual no tenía conocimiento pues nunca había tomado clases, por lo que desarrolló su propia técnica...con el fin de llamar la atención de sus amigos desarrolló una técnica para articular sus nombres, que según leo en “theatre organs” consiste en abrir gradualmente las barras de un órgano Hammond para formar las vocales y el movimiento de las mismas, crearía las palabras, dando la impresión de un órgano parlante.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Recordando a un gran ídolo de la lucha libre en El Salvador, "The Tempest".

El espectáculo de la lucha libre fue muy popular a mediados de los años 60s en El Salvador, y muchos luchadores de otros paises llegaron a nuestro país a ser parte de las funciones sabatinas patrocinadas por el calzado ADOC, y que fueron televisadas en vivo en el canal 4, cuyo comentarista y narrador era Miguelito Alvarez, conocido como "el Decano" de los narradores deportivos.


 
Uno de los mejores luchadores extranjeros que llegaron a nuestro país y nos deleitaron con sus habilidades, fue el luchador técnico que se hacía llamar "The Tempest".

 Era un luchador de complexión media, muy elástico, famoso por sus golpes de karate y por sus vuelos acrobáticos desde la tercera cuerda; cuya capa y máscara se asemejaban mucho a las del ídolo mexicano "El Santo", el enmascarado de plata.

Desde sus primeras presentaciones, "The Tempest" se ganó el corazón y el cariño de la afición de la lucha libre, que sábado a sábado colmaba las graderías de la Arena Metropolitana, pues era temido por los luchadores "rudos", a los que vencía con sus habilidades.

 
Fueron famosas sus peleas en contra del "Bucanero", el más odiado y marrullero luchador rudo nacional, a tal grado que, en una de eas épicas batallas, "The Tempest" casi termina con el cuello roto, después que "el Bucanero" le aplicara la terrible llave conocida como "el martinete" o "desnucadora".

Yo siempre creí que "The Tempest" era colombiano o guatemalteco, pero hasta hace unos días, un amable lector de éste blog de nombre Carlos Bautista,  me dijo que el nombre verdadero de "The Tempest" era Delfino Espíndola Serrano, originario de Puebla, México, que luchó inicialmente bajo el nombre de "Ulises" (quizas por su parecido físico a Kirk Douglas, actor principal de la película "La Odisea" cuyo protagonista era Odiseo o Ulises); y que también había sido clavadista en la quebrada de Acapulco, y que falleció en el 2011.

¡Gracias The Tempest, por tan lindos recuerdos!




Como clavadista en la Quebrada de Acapulco, Edo. de Guerrero. México.

 
Posando con Rolando Valdez Arita y su hermana. Hijos del también luchador Kali Valdez, en la Arena Metropolitana.


Junto a la leyenda de la lucha libre, "El Santo".


Junto a su esposa.
 

Así quedó después de la batalla con "el Bucanero".

También era maestro en las artes marciales. Junto a otra leyenda de la lucha libre, "Huracán Ramirez"

domingo, 8 de septiembre de 2013

El verdadero primer "aztecaso". Recordando la selección de 1954



Muchos comentaristas deportivos ya están empezando a llamarle el segundo "aztecazo" a la reciente derrota que le propinó el seleccionado hondureño de 2 goles a 1 a su similar de México el pasado viernes en el estadio Azteca, ya que el primero, según ellos, fue el que les propinó el seleccionado costarricense de 2 a 1 en el 2002. Algunos creen que solo estos dos seleccionados centroamericanos han podido derrotar a México en canchas aztecas.

Pero la historia deportiva nos dice que la primera selección centroamericana en ganarle un partido oficial a México, en su propia tierra, fue la selección salvadoreña, que participó en los VII juegos deportivos Centroamericanos y del Caribe celebrados en el año de 1954 en la ciudad de México, y que El Salvador terminó ganando el torneo en forma invicta.

Los juegos se celebraron en el estadio de la UNAM, pues entonces no se había construido el estadio Azteca.

Los integrantes de ésta hazaña deportiva fueron: Oliverio Gómez, Ricardo Valencia, Calulo Hernández, Armando Larín, Yohalmo Aurora, Armando Moreno, Luís Regalado, Ramón Chávez, José Hernández, Fernando Barrios, Juán Francisco Barraza, Alfredo Ruano, Conrado Miranda Y Mario Montoya. Su director técnico era Carbilio Tomasino.



Los resultados fueron los siguientes:

El Salvador 2, Colombia 2
El Salvador 3, Cuba 1
El Salvador 3, México 2
El Salvador 1, Panamá 0

domingo, 25 de agosto de 2013

Lo ético, lo legal y lo moral en el amaño de partidos.

Por Ricardo Chacón *
  Sábado, 24 de Agosto de 2013

Una acción puede ser incorrecta pero no ilegal, no transgrede las leyes; estamos en el nivel de lo ético y lo moral como es el caso de la mentira y el engaño. Otro hecho, puede ser ilegal, pero a lo mejor no riñe con lo ético, ejemplos de esto están relacionados con los casos de "objeción de conciencia".

Todavía más, hay hechos que no transgreden las leyes ni las normas morales, sin embargo son repudiables, como lo es aprovecharse de un puesto público. Hay una delgada línea entre lo ético, lo moral y lo legal; lo ético tiene que ver con los principios que hacen que un hombre sea hombre y actúe, según su fineza de conciencia, a partir de valores; lo moral es el sistema normativo determinado en gran parte por la cultura y, lo jurídico, por el sistema de leyes que rigen a una sociedad.

La ética y la moral, en gran medida, son normas de conducta que tienen que ver con la conciencia de las personas; las leyes son elaborados sistemas y puestas en marcha por los Estados. Las leyes son aplicadas por el Estado y castigan cuando se comenten delitos; la transgresión a la ética y la moral "no deja dormir" y, por lo general, atrae el escarnio y el desprecio público.

¿A qué viene todo esto?, claramente está relacionado con los amaños de los juegos, realizados por los miembros de la Selección Nacional de Fútbol durante varios años; el escándalo que ha tocado una de las fibras más sensibles de los salvadoreños está candente y en boca de todo mundo, sobre todo, después de que se suspendió de toda actividad oficial del fútbol a 22 jugadores y cuando la Fiscalía ha dicho públicamente que va tras la pista de posibles involucrados del cuerpo técnico y de las juntas directivas de la Fesfut.

Pues bien, estos hechos, pasan por encima de lo moral, lo ético y lo legal; lo legal relativamente está claro, ha habido un engaño, no sólo a las normas propias del juego sino también, y esto es sumamente grave, a una afición que suele "dar todo por su Selecta"; el engaño puede ser tipificado como estafa, lavado de dinero, asociación delictiva o cualquier otra figura que los abogados conocen a perfección. Son las autoridades civiles las que tienen que juzgar estos hechos que, de probarse, son merecedores de un castigo o sanción.

Pero en el caso de lo ético y lo moral, si bien es cierto hay claramente una transgresión relacionada con los principios, valores y las buenas costumbres que, por supuesto, afectan directamente a la afición que "creyó y apostó por el triunfo de su Selecta", surgen las interrogantes: ¿Quién juzga? ¿Hay castigo? ¿Cómo se aplica?

 No soy quien para pontificar y juzgar sobre esto, ya hay suficientes comentaristas que lo hacen, sin embargo, permítanme incursionar dentro del tema en una doble dimensión: por un lado, lo ético y moral, desde la perspectiva social, será la conciencia individual y colectiva la que dará su veredicto y condenará a los culpables. Mentir y engañar para obtener un beneficio propio va en contra del respeto que se debe a los demás. Cuando esto se descubre, la vergüenza y el desprecio aparecen.

 Por otro lado, está lo profesional, que tiene su propia "moral", que nace del desempeño y entrega total del futbolista; los médicos, los periodistas y cualquier otro en ejercicio de su profesión tienen su propia moral condicionada por la práctica particular.

En esta línea, la Fesfut y la FIFA, como máximos organismos del fútbol, uno nacional y otro internacional, de alguna manera son los que regulan y garantizan no solo la buena práctica profesional, sino además que las competencias sean parejas, justas, equilibradas; si hay dopaje o amaño de juegos, son estas federaciones las encargadas, en primera instancia, de averiguar y castigar a los responsables. Esto requiere de institucionalidad, institucionalidad fuerte, con normativas claras y definidas y sobre todo, con liderazgos precisos que garanticen la justa competencia.

A semejanza de lo que sucede en otros ámbitos de la sociedad salvadoreña donde fallan la institucionalidad y el liderazgo para enfrentar a los corruptos (identificarlos, probarles los hechos y llevarlos a la cárcel) la Fesfut ha sido incapaz de enfrentar el problema y ponerle fin. A lo mejor no se hace lo suficiente ni se castiga a los farsantes porque algunos dirigentes están involucrados en el amaño de los juegos o, simplemente, por incapacidad.

El desarrollo del fútbol en nuestro país no solo debe tener disciplina, visión de futuro, amor al deporte, sino también una buena dosis de formación profesional en la que además de la destreza física, tengan alto protagonismo la ética y la moral. De todo esto carecemos.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy. ricardo.chacon@eldiariodehoy.com

sábado, 3 de agosto de 2013

Una anécdota de las fiestas de agosto de 1968


LA PELEA DEL SIGLO, ESTILO GUANACO.

Corría el mes de agosto de 1968 y las fiestas capitalinas con motivo del Divino Salvador del Mundo estaban en todo su apogeo y plenitud. En esas fiestas se acostumbraba poner un cuadrilátero de boxeo en el predio que quedaba al frente del Parque Libertad, en el cual cualquier aficionado, novato, o todo aquel que se sintiera gallito, podía calzarse los guantes y meterle un par de trompadas a cualquier otro valiente que se subiera al ring.
 Todo aquel que se subía al encordelado debía de aguantar, por lo menos, tres rounds de tres minutos, o hasta que uno de los dos saliera noqueado.

 Había un “referee” y dos “seconds”, uno en cada esquina, y eran los que se encargaban de calzarle los guantes a los pugilistas, de darles aire con una toalla sucia manchada de sangre, sudor y saliva en el minuto de descanso, y un poco de agua, y también se encargaban de recoger dinero entre la concurrencia. El público decidía con sus aplausos el ganador de cada combate. Este recibía la mayor parte de lo que se reunía entre la concurrencia.
 Las peleas eran por las tardes. Como eran días de asueto, y el espectáculo era gratuito, era presenciado por varios cientos de espectadores, especialmente por personas de bajos recursos económicos y por todos aquellos que transitaban por el centro de San Salvador.

Pues en una tarde calurosa de esas, nadie se quería subir al ring. Y por más que el referee y los seconds incitaban a la gente a que se animaran a subir, nadie lo hacía, quizás por miedo, o por temor a hacer el ridículo. De repente una pareja de bolitos, que por su apariencia y vestimenta se notaba que eran chichipates de cantina, levantaron la mano indicando que ellos querían subirse al encordelado para hacer la cabuda para la pacha de zangolote.

 Al principio, el encargado del show no los quería dejar subir, porque andaban todos shucos, apestaban a zanate muerto y se manejaban un juelgo a guaro marca Satanás. Pero, al ver que nadie más se animaba a calzarse los guantes, a regañadientes, aceptó.
 La majada que estaba viendo el espectáculo estaba muerta de la risa porque uno de los contendientes era bizco y le faltaban los tres dientes frontales del maxilar superior; y el otro boxeador era chaparrito, medio patojo y se le andaba cayendo el pantalón porque no traía cinturón ni mecate para amarrarse los calzones. Para terminarla de amolar, tenía un gran hoyo en el pantalón en la parte trasera, no tenía calzoncillos, y se le miraban las nalgas y las costras de tierra alrededor del “Aniceto”.

Pues los dos bolos se subieron a la tarima,trastabillando en los escalones por la gran papalina que se cargaban. Se quitaron los hilachos de camisas que vestían, y se quedaron solo en pantalones. Los ayudantes les calzaron los guantes, aguantando la respiración y las ganas de echar el zope por el tufo que echaban. Sonó la campana invitando a los guerreros al centro del ensogado para iniciar el combate.

 El referee les dio unas pequeñas indicaciones, tocaron guantes como caballeros, se persignaron, subieron sus brazos, empezaron a bailotear como verdaderos pugilistas…pero no lanzaban ningún golpe. La nutrida concurrencia, al ver que no lanzaban trompadas, empezó a silbarles “la Vieja”, a insultarlos y a decirles que se bajaran del ring.
 Al ver esto, el referee les dijo: “miren cabrones, si no empiezan a tirar vergazos voy a llamar a la Municipal para que se los lleve a la chirona por chichipates, y no les vamos a dar nada de pisto”.

 Los dos bolitos asintieron con la cabeza. Volvieron a levantar los guantes y empezaron de nuevo a bailar con más animosidad que al principio. Ninguno de los dos se animaba a tirar la primer ganchada y los espectadores empezaban a chiflar de nuevo. Al referee ya se le miraba la cara de emputado. Cuando de repente, el más pequeño de los dos soltó la primer manotada. Un volado de derecha que pegó en pleno rostro de su oponente, rompiéndole la boca y haciendo que perdiera la vertical lanzándolo con violencia a la lona.

El gentío empezó a gritar emocionado y el árbitro empezó la cuenta reglamentaria de diez segundos. El bolito bizco que había sido derribado, se levantó encachimbado a la cuenta de ocho, se quita los guantes y corre a toda velocidad en dirección de su oponente. El enano, al ver que el bizco viene adonde él se encuentra, empieza a correr por todo el cuadrilátero.
 Empieza una carrera donde el chaparrito va adelante, el árbitro va después, el bizco atrás y por último van los seconds. Al fin el bizco le da alcance al chiquito y le zampa una patada en el culo a su oponente que lo levanta casi a un metro de la lona, aprovechando que el árbitro estaba de espaldas. Los dos borrachos empiezan a tirarse manotazos a lo loco.

 El árbitro interviene pero pierde el balance y los empuja sin querer afuera del ring. Los aficionados que estaban cerca del encordelado tratan de ayudarlos, pero al sentir el patín a chucho muerto y a pata shuca, desisten de ello, y los dos bolitos logran subirse de nuevo al ring por cuenta propia.
El árbitro le dice al bizco que las patadas no se valen en el boxeo, y este le dice: “Eso a mi me vale verga. Quedamos con este cerote que nos íbamos a tirar golpes suavecitos para no hacernos daño, y este pendejo por poco me endereza el ojo bizco del vergazo. Hoy me las paga este cabrón”.
Y le dice el otro bolito: “Entonces ponéte los guantes y démonos verga como hombres y no tirés patadas a traición como culero”.

 En eso sonó la campana dando por finalizadas las acciones del primer round. La concurrencia estaba muerta de la risa por lo que veía, y azuzaba a los dos borrachos:
-“Ese enano no te aguanta, bizco”.
-“Ese bizco es viaje de agua para vos, enano”.
- “Enano, metele zancadilla a ese cabrón y le das verga en el suelo”.
- “Hey bizco, dice el enano que se pisó a tu hermana”.
-“Ese bizco es pura golilla, vos te lo llevás pachito, enano”.

 Suena la campana para el segundo round. El chiquito tira jabs que no alcanzan el objetivo, el bizco tira golpes que no dan en el blanco.
 En eso, el árbitro se acerca más de la cuenta en lo que el bizco tiraba un manotazo de izquierda y se suena al referí en la mera cara. La gente se caga de la risa y el árbitro los insulta. Termina el segundo round. Se van a sus esquinas respectivas.

 Más y más gente se acerca al improvisado cuadrilátero a ver la pelea entre estos dos borrachos, que tiene a todo el mundo muerto de la risa.


 

 Empieza el tercer round, el réferi los llama al centro del ensogado y les dice: “O se dan verga de verdad o no hay guaro”.

 Los siguientes tres minutos de pelea entre estos dos personajes han sido los más emocionantes, intensos, sangrientos, y divertidos que jamás haya visto en mí vida.

Soltaron jabs, uppercuts, ganchos al hígado, rectos de derecha, bolo punches, volados, uno-dos, y hasta un par de coscorrones.
 Cada vez que el más pequeño tiraba un golpe, se le caían los pantalones, bajaba la guardia para subírselos para que no se le vieran las nalgas. Esto era aprovechado por el bizco para meterle un par de vergazos en la cara. Este, por ser bizco, miraba doble, así que algunas veces tiraba los golpes al aire, ocasión que aprovechaba el chaparro para pegarle en el estómago, y cada vez que el bizco recibía un golpe en sus partes blandas, se tiraba un sonoro y apestoso pedo.

 No recuerdo cuantas veces cayeron a la lona, talvez unas seis o siete cada uno, y en cada ocasión se levantaban antes de la cuanta de diez.
Casi al final del tercer round, el bizco cayó por un golpe bajo a lo huevos que le zampó el pequeño. La majada gritó “Foul”, y algunos se metieron a levantar al bizco, que se revolvía en la lona sobándose los coyoles por el dolor, para que siguiera dándose pija.

Cuando sonó la campana dando por finalizado el combate, la concurrencia ovacionó con un nutrido aplauso a aquellos dos guerreros que se habían dado golpes hasta por debajo de la lengua.
 El combate fue declarado empate, pues no hubo un claro vencedor.

El bizco terminó con otro diente menos, dos chindondos en la cabeza, un pómulo cortado y la oreja derecha aplastada e hinchada. El chiquito, terminó con los dos ojos cerrados, con la nariz quebrada, la quijada desnivelada, sin calzones, y con la paloma y los huevos al aire libre.

 Como justo premio a tan heroico, valiente y divertido combate, los promotores les entregaron a cada uno de los pugilistas la exhorbitante y astronómica suma de tres colones con cincuenta centavos, una papelada de fruta helada con hielo para que se curaran los moretes; y de premio principal: medio litro de Muñeco, que para aquellos boxeadores aficionados guanacos era más apetecido y valioso que la jugosa bolsa multimillonaria que se disputaron Muhammad Alí y Joe Frazier en Nueva York en 1971 en la mundialmente famosa “Pelea del siglo”.


Y se acabuche, cara de cuche.

 Memo.

sábado, 27 de julio de 2013

Recordando a un gran hombre, Don Roberto Poma.


 
Mi primer trabajo en El Salvador fue en Solaire, s.a, una de las empresas de la familia Poma, y Don Roberto Poma era nuestro presidente.
 
Entré a trabajar allí a los 21 años de edad gracias a  un vecino y amigo quien era el jefe de producción de dicha empresa, y necesitaba un supervisor de producción, habló por mí a la gerencia y me dieron el trabajo.
 
Yo no tenía ninguna experiencia, pero si muchas ganas de trabajar y aprender todo lo relacionado a producción en fábicas porque estaba estudiando ingeniería industrial en la Universidad Nacional.
 
Fue allí donde pude conocer a Don Roberto Poma, joven visionario, emprendedor, trabajador y de noble de corazón. Siempre saludaba con un apretón de manos a todo el personal. Nunca le oí una mala expresión para nadie. Era muy querido y admirado por todos los que allí trabajábamos.
 
Una verdadera tragedia su secuestro y cobarde asesinato por aquellos esbirros que se auto proclamaban "defensores" del pueblo, y que hoy se han vuelto millonarios y viven en el exterior a costillas del mismo pueblo que decían proteger.
 
A continuación traigo ésta carta escrita por su hijo Alejandro en conmemoración del 35 aniversario de su muerte.
 
 


Por: Alejandro Poma

Hace 35 años la sangre de un gran hombre fue derramada. Hace 35 años mi padre Roberto Poma fue cruelmente asesinado por la guerrilla cuando él tenía 33 años.

Aunque el tiempo ha pasado, el inmenso vació que dejó en mi corazón nunca será llenado. Su imagen y su ejemplo me acompañan todos los días de mi vida; yo apenas era un niño de cuatro años cuando aquel tristísimo episodio sucedió.

Antes de morir, Roberto Poma estaba en ese momento en el que se tienen más mañanas que ayeres, cuando la cabeza está llena de sueños por realizar y cuando el cuerpo y el espíritu se encuentran en la plenitud de su capacidad para concretizar esos sueños.

Él estaba alcanzando su potencial y avanzando hacia el logro de su misión cuando ocurrió su secuestro y asesinato, lo cual vuelve su muerte más trágica.

Imagino a los hechores repitiendo las palabras pronunciadas por los que tramaban la muerte de José y que se encuentran en el libro de Génesis, capítulo 37: "Y dijeron el uno al otro: Aquí viene el soñador… matémosle y echémosle en una cisterna, y diremos: Alguna mala bestia lo devoró; y veremos qué será de sus sueños."

Ya han pasado más de tres décadas desde la muerte de mi padre y puedo asegurar que si bien es cierto que las balas acabaron con su cuerpo, no lo hicieron con sus sueños, ni con los principios e ideales que él heredó e inculcó en mi hermana Gabriela y en mí.

Mi padre luchaba por una sociedad más justa y solidaria. Tenia la firme convicción que trabajando en armonía, sin odios ni resentimientos, con buenas intenciones y con creatividad visionaria era posible lograr sus propósitos. Sus sueños y metas nos inspiran y señalan el camino por donde transitamos sus hijos, sus nietos, su viuda Lucía, sus hermanos, María Elena, Ricardo, Eduardo, Ernesto y sus sobrinos.

El ciclo natural de la vida es que sean los hijos los que despidan de la vida terrenal a sus padres. Siempre esa despedida es dura aunque inevitable y lógica. Pero cuando son los padres los que lloran la muerte de un hijo, no se han inventado palabras para describir ese dolor.

Mis abuelos sufrieron como tantos otros padres salvadoreños que perdieron a sus hijos como resultado trágico del enfrentamiento fratricida que no debe nunca volver a ocurrir y a su vez reconozco a esos padres que siguen sufriendo a causa del continuo ciclo de violencia que aun plaga nuestra sociedad.

Este enero también se cumplieron 20 años desde la firma de los Acuerdos de Paz. Más allá de las opiniones contraproducentes y confrontativas que se puedan expresar sobre ese acontecimiento en nuestra historia, me atrevo a afirmar que todos los salvadoreños, sin excepción alguna, que perdimos a familiares y amigos como consecuencia de un exacerbado conflicto ideológico, si le encontramos un profundo sentido y significado a este aniversario.

La vida de los seres humanos vale igual para todos, en esto no hay relativismos. Mi familia se solidariza con todos y cada uno de ellos, con los parientes y seres queridos de los aproximadamente 75,000 que perecieron; compartimos ese dolor por haberlo vivido en carne propia y también compartimos la esperanza de un futuro en paz para nuestros hijos.

Ellos verán las cicatrices de nuestras heridas, pero no las tendrán. Contribuyamos a un El Salvador sano y sin heridas, enfocándonos decididamente en resolver los problemas del presente. Rompamos el ciclo vicioso del resentimiento y la acritud; rechacemos a todos aquellos que lo fomentan y manipulan en detrimento de la sociedad. Librémonos de las actitudes y prejuicios que nos mantienen anclados a los aspectos nocivos del pasado. Actuemos juntos para que este sea el mejor legado a las futuras generaciones y un homenaje a los que se fueron y que hoy gozan de la Gloria de Dios.

Quiero permitirme publicar una carta escrita por mi abuelo, Luis Poma, en marzo de 1977, dos meses después de la muerte de Roberto Poma, que creo expresa los sentimientos de la gran mayoría de salvadoreños que han aspirado superar los estragos del conflicto. No nos olvidemos que son esas experiencias las que nos deberían unir, y así ayudar a reconocernos, identificarnos y reconciliarnos los unos con los otros:

"La pérdida del hijo querido, del esposo, del padre, del hermano, ha sido para nosotros la mas dura de las pruebas.

Con la ayuda de Dios y con el apoyo y cariño de ustedes trataremos de enfrentarnos a ella con entereza, de conservar la esperanza, de mantener y profundizar la fe, de creer que nuestra existencia y la historia siguen teniendo sentido, de permanecer abiertos al futuro.

Continuaremos por la ruta que nos hemos trazado, contribuyendo a desarrollar nuestra Patria. Lucharemos por mejorar las condiciones de vida de los que nos rodean, por fomentar la paz, la comprensión y la justicia.

Esto es lo que Roberto hacía. Esto es lo que el hubiera querido que hiciéramos. Esto es lo que haremos."

Pedimos a Dios que nos de la capacidad de perdonar, crecer y hacer realidad la visión de Roberto Poma. Asumir ese legado es lo que da sentido, propósito y alegría a nuestras vidas.

Aquí seguimos y aquí seguiremos comprometidos a participar en la solución y no en el problema, para que la muerte de mi padre, y de tantos salvadoreños que murieron y siguen muriendo como él, no sea en vano.

Soy testigo de como esta dura experiencia afectó para siempre a mis abuelos, restándoles indudablemente años a sus vidas. Pero ni a ellos ni a mi madre los vi llenarse de odio, ni amargura, a pesar del inmenso dolor. Ellos marcaron la pauta para mí y espero que este escrito produzca un efecto virtuoso en los que quieran vivir con un verdadero espíritu de paz y reconciliación. Tengo fe que somos la vasta mayoría.

En este aniversario, junto con mi familia renovamos nuestra responsabilidad de mirar hacia el futuro inspirados en las palabras de Martin Luther King Jr., "No es suficiente decir que no vamos a emprender la guerra. Es necesario amar la paz y sacrificarse por ella."

Exhorto a todos mis compatriotas salvadoreños, y particularmente a nuestros líderes, que hagan lo mismo y prediquen con el ejemplo.

domingo, 21 de julio de 2013

Fotos de antaño del grupo Cuscatlan en Facebook.

Estas son solo algunas de las fotos antiguas de El Salvador que pueden encontrar en el grupo "Cuscatlán" en Facebook. El encargado del grupo es Nelson Aldana, amigo mío, quien ha venido coleccionando fotos, estampillas y postales antiguas de nuestro país desde hace ya varios años y me ha dado permiso de publicar algunas de ellas, y quiere compartir su trabajo de colección con todos ustedes.
 
Si las quiere apreciar, busque en Facebook bajo el grupo "Cuscatlán", hágase miembro y conozca un poco más de la historia de nuestro país en fotos.
 

Fusilamiento de los asesinos del presidente Araujo..

 
Incendio de la catedral metropolitana.


Foto de Cojutepeque.
 

Foto del predio donde construyeron la plaza del Salvador del mundo, sobre la Ave. Roosevelt.
 

Puerto El Triunfo, Usulután.


Parque Cuscatlán, San Salvador.


 

sábado, 13 de julio de 2013

Las MEMOrias sin contar del parque Centenario.

Este artículo fue publicado en el Diario de Hoy el 10 de noviembre del 2011. Lo traigo a mi blog porque yo viví parte de mi infancia y juventud a solo media cuadra del parque Centenario, y conservo en mi memoria gratos  recuerdos de mis amigos y vecinos del barrio y del tiempo tan maravilloso que tuve la dicha de compartir con ellos. Ojalá no me vayan a poner una demanda por "copyright".



Denis Marquina comunidades@eldiariodehoy.com Jueves, 10 de Noviembre de 2011

 
Conocida popularmente como el Parque "Centenario", la plaza construida a principios de los años 30 ha sido testigomudodel crecimiento y desarrollo del centro de San Salvador.

Por diferentes razones, la mayoría de la población desconoce la historia que albergan sus cimientos. Muchos piensan que su fundación se debe a la celebración de los 100 años de la firma del Acta de Independencia que tuvo lugar en 1921, pero aunque esa fue la idea inicial, diferentes situaciones llevaron por otro rumbo las verdaderas razones de su construcción.

Antes de su edificación, el lugar era un predio baldío que se utilizó como una especie de estacionamiento para las carretas que abastecían a la capital de ganado, granos básicos, gallinas, verduras, flores y otros productos para el consumo popular.

"El espacio sustituyó a la vieja plaza de carretas que ahora conocemos como la Plaza Morazán y se procuraba que no se extendiera más al centro para que no ensuciara la ciudad", cuenta el historiador salvadoreño Héctor Ismael Sermeño.

Ya para 1920 el lugar había crecido demasiado, razón por la cual las autoridades mandaron a remover los vehículos rústicos y se formó un comité para iniciar la construcción de un espacio con motivo de la celebración de los 100 años de la firma del Acta de Independencia, al que llamarían Parque Centenario. Pero al no lograr obtener los fondos para su edificación la idea no se hizo realidad.

"En 1824, siendo el primer jefe de Estado Juan Manuel Rodríguez, se dicta la primera constitución y se retoma el concepto del levantamiento de la plaza, pero esta vez para conmemorar la creación del estatuto salvadoreño", apunta Sermeño.

Pero debido a la insuficiencia de fondos, la obra vuelve a quedar paralizada y es hasta principio de los años 30 cuando se logra la cimentación del parque que fue bautizado como Juan Manuel Rodríguez, en honor al prócer y mandatario. Pero a pesar de que sería un lugar conmemorativo quedó para uso de la población y es ese el origen del nombre con el que se le conoce de forma popular.

En sus inicios el lugar contaba con una pista de patinaje, amplios jardines, una fuente y una estatua de bronce con la figura de un niño.

La alcaldía se encargó de comprar árboles y agregarle otros detalles, y algunos ciudadanos donaron bancas de cemento para completar la ornamentación.

"Sin que fuera un gran parque como el Libertad, el Barrios o el Bolívar era un parque acogedor rodeado de una zona residencial que tenía casas de importante valor arquitectónico", comenta el investigador.

La metamorfosis

A pesar de que en sus inicios el parque fue uno de los más vistosos y concurridos de la capital, sus días de gloria quedaron atrás. Hoy el lugar se ha convertido en un espacio descuidado y hasta peligroso a consecuencia de la realidad que impera en la zona.

En los alrededores del parque están ubicados diferentes tipos de negocios y bares de dudosa reputación donde se comercializan servicios sexuales, lo que lo hace inseguro para aquellos que buscan un lugar para pasar con la familia.

"El parque Centenario no está olvidado por la municipalidad, sino por la población que no se quiere ni acercar, y es comprensible por el entorno, pues es difícil llevar a los niños a patinar o a jugar al parque cuando está rodeado de mujeres semidesnudas o gente que sale borracha de los bares", acota Sermeño.

En varias ocasiones, la alcaldía de San Salvador ha tratado de darle nuevos bríos a la plaza, limpiando sus jardines, instalando lámparas y renovando la pintura de la construcción, pero antisociales y otras personas sin escrúpulos hacen que estos esfuerzos sean en vano y el espacio vuelva a verse de la misma forma descuidada.

Pero a pesar de estos puntos en contra hay gente que aún lo visita para practicar baloncesto, disfrutar de algún juego de mesa o simplemente leer un buen libro.




"Aunque la zona no es muy acogedora, a mí me gusta venir todas las tardes. Para mí se ha convertido en un punto de encuentro donde puedo departir con amigos o disfrutar un poco en compañía de la soledad", comenta Enrique Álvarez, profesor jubilado hace 15 años, que visita el parque de lunes a viernes desde hace unos cinco años.

Por otro lado, todos los viernes y sábados la ciudadanía puede encontrar en el parque Centenario puestos de venta que ofrecen una amplia variedad de productos en un mercado de pulgas, el cual funciona con el permiso de la comuna capitalina.

Asimismo cada época de fin de año el parque alberga cada entre sus aceras a un buen número de ventas de pólvora, debido a la demanda que este producto tiene durante la temporada navideña.

El parque Juan Manuel Rodríguez es un espacio que a pesar del olvido y el deterioro en el que está inmerso guarda entre sus rincones recuerdos importantes de la historia que ha vivido la capital y que deben ser compartida de generación en generación.

Memo, junto a varios amigos y vecinos de infancia y juventud en la cancha de BKB del parque Centenario. Reunión mes de mayo del 2013

miércoles, 3 de julio de 2013

Porqué yo no bailo

Mi familia siempre fue fiestera. Aun recuerdo como, cuando yo era apenas un niño de escasos cinco años, mis primos mayores se reunían en la sala familiar a bailar los ritmos de moda con mis hermanos y hermanas. Se retorcían al compás de la música con mucha docilidad, y el buen ritmo les acompañaba a casi todos.

Yo solamente los observaba desde una esquina, y sentía que me picaban los pies de las ganas de bailar, pero no me animaba. Mi madre se percató una vez que logró leer en mi mirada mis deseos con increíble exactitud. Me empujó a que me animará, pero yo me congelé, y sentí un pavor desconocido hasta ese momento. Sentí que las tripas se me iban a salir, y no pude evitar las ganas de vomitar sin materializarlo. La sangre se fue de mi rostro y palidecí alcanzando el color de una papaya en pleno verano.

Sin embargo, me repuse y después de un par de horas, le dije a mi madre que bailaría como mis primos y mis hermanos mayores (yo soy el penúltimo, seguido por una niña de apenas tres años). Mi madre cometió el error de anunciar mi baile a los presentes de una manera poco común, y todos pararon de bailar para verme a mí pues era mi estreno como bailador.

Yo recuerdo siempre haber sido muy introvertido a tal punto que cuando iba a la escuela siempre me sentaba en el último asiento para evitar estar en el centro de atención del salón de clases.

 El día del baile anunciado, yo sentí que me desmayaría por motivos inciertos porque el bailar era algo muy natural en mi familia. Aun lo es, y cuando se reúnen, las pachangas son increíblemente alegres con bailes que van desde cumbias hasta reguetón para las nuevas generaciones. Pero yo sigo siendo aquel niñito de cinco años, al que empujaron a bailar. Estaba en ese día agarrado a la mocheta de la puerta de la sala y sonaba un ritmo de baile twist (tuis). Creo que tocaban "La Gallinita Josefina", y todos los ojos se clavaron en mí.

Me sentí como un condenado a muerte si no hacía lo que todos, incluyendo mi hermanita de tres años, hacían en esos momentos. Las piernitas me temblaban cual gelatina de fresa dominguera, y las ganas de correr eran tremendas.

 Me sentí desfallecer, y la boca se me secó, las tripas me traicionaban de nuevo. Sin embargo, la mirada de mi mamá era penetrante y me decía, "hacélo y dejáte de babosadas".

Así que allí estaba yo solito, con mis huevitos ahuevaditos y choritos.

Obviamente pedí auxilio divino porque mi abuelita me había enseñado que si no podía con alguna cosa, pidiera auxilio divino. Así lo hice, pero el auxilio bendito llegó muy lento. Bueno, al menos eso me pareció a mí. Después de un momento prolongado, yo sentí un aire de bailador de pies ligeros, y miré a todo mundo para decirles, "¡allí les voy!".

 Me agarre fuerte de un lado del marco de madera de la puerta, que dividía el dormitorio de mi mamá y la sala familiar, y me comencé a mecer de arriba para abajo como monito agarrando impulso para brincar de una rama a otra. ¡Mierda de ritmo!, pensé en mi inocencia de niño tieso. Más nunca me llego la soltura de bailador ligero y me estuve meciendo agarrado del marco de la puerta por varios segundos como niño bobito. Me sentí todo un bailador y me moví a todo compás descompasado.

 Mi abuelita, al percatarse de mi problema inconcluso, lanzó un grito al aire diciendo: "aplausos para el niño porque baila bien bonito". Todos irrumpieron en aplausos y yo me sentí un bailarín de carnaval de circo de ciudad grande. Yo me la creí, al menos hasta la hora de dormir, cuando escuché una plática entre mi abuela y mi mamá.

Esa noche mi abuela creyó que yo estaba dormido cuando llegó a mi cuarto y le dijo a mi mamá: "deja de andar empujando al niño para que sea objeto de burla de los demás." Mi mamá le contestó contrariada que yo no debería ser como el viejo tieso de mi tata. Y aunque me costará lo que fuera yo tenía que aprender a bailar como los demás niños de la familia. Era lo más natural, repitió, antes de despedirse de mi abuela.

 Yo no recuerdo haber dormido esa noche después de escuchar aquellas palabras, y les juró que pase mentalmente repasando como hacer para que el marco de la puerta me hiciese verme gracioso y rítmico ante los demás, porque a mi si que me habían gustado los aplausos, y no iba a dejar marchar tan fácilmente ( a los aplausos) de mi lado.

Así que si usted me pide que bailemos, este segura que haya una puerta cerca, que si no bailo, por lo menos le sacaré una sonrisa con mi mecidito.

El Moris Pataschuecas® (Abril 23 del 2012)

sábado, 22 de junio de 2013

Aquella vez...en Mayo

Alejado, por la muerte, de mi abuela, y por la distancia, de mi nana, cuando estudiaba los primeros años de primaria, una sociedad de obreros convocó a un concurso literario. Recibidas las bases del evento, las escuelas públicas y el único colegio privado del pueblo se dedicaron a realizar las eliminatorias entre los alumnos. Yo clasifiqué por el cuarto grado de mi escuela.


A eso de la primera semana de abril, nos llevaron a los finalistas al local de la sociedad patrocinadora. Nos entregaron papel y lápiz, y nos dieron dos horas para escribir una composición-en verso o en prosa-dedicada a la madre.

Como mi madre había muerto diez años antes, y como no me había podido acostumbrar a su ausencia-en realidad nunca pude-, escribí un poema que me salió fácil, porque me vino del alma; y me salió medio bonitillo, porque tenía raíz en la verdad.

Terminado el evento, entregamos nuestras composiciones… y de alguna manera los concursantes nos olvidamos un poco del asunto, porque se avecinaban otros acontecimientos de importancia para nosotros.

Mayo llegó con sus aguas, sus frutas y sus colores. En aquellos años, desde el primer día del mes se celebraban las “flores”. En las tardes, la imagen de la Virgen era paseada por las calles del pueblo. En la casa de donde partía la procesión, primero se rezaba y luego venía el reparto de las frutas, pajaritos de dulce, horchata con marquesote y otras chucherías. Luego, entre cohetes y música de banda, la imagen esparcía su gloria entre los adultos y los cipotes que acompañábamos con flores y minúsculas banderas en las manos.

En la casa donde se recibía la imagen, también había algún alborozo; pero uno más bien indagaba sobre lo que podría ocurrir el día siguiente. Dicen que como esas tienen pisto, van a dar repostería de la capital. Dicen que están preparando tamales. Dicen que mañana…y uno de cipote se alborotaba con las ilusiones del atracón del día siguiente.

Entre los días de mayo, lueguito de iniciado el tiempo mariano, había un paréntesis excepcional: el día de la Cruz. Desde el día anterior, el 2, cruces pequeñas y grandes se emplazaban en cuanto lugar hubiera con vida humana. Cuando amanecía el 3, los jardines y corredores amanecían con sus cruces de palo de jiote, engalanadas con cadenas, gallardetes, cortinas y chuspas de multicolor papel de China. Los brazos de cada cruz se descuajaban con los mangos, cocos y jucumicos en rama que debían cargar. Y los pies del leño permanecían hundidos en un mar de mangos, naranjas, marañones, jocotes y cuantas otras frutas se pudieran colocar, adornadas muchas de ellas con pequeñas banderas de colores diversos, y con los apetecidos pajaritos de colación.

Los cipotes y cipotas, después de haber “adorado” en la mañana la cruz de la escuela, y luego de habernos atracado todo lo que se pudiera, nos íbamos a cuanta casa tuviera cruz que “adorar”, y salíamos empanzados de hartura y con los bolsillos y los bolsones llenos de chucherías “para después”.

En la tarde, a eso de las cuatro, la procesión colectiva de la santa Cruz recorría el pueblo. En medio de los acordes de la banda, de un coheterío intenso, de la multitud de chuchos que corrían horrorizados a guarecerse donde pudieran, y de los cipotes que nos arremolinábamos en trifulca a los dulces de colación lanzados entre la gente que saturaba las esquinas, la cruz procesional de palo de jiote imponía su majestad sobre los lugareños.

En la procesión de la Cruz de aquel año, fue cuando la maestra de nuestro grado me sacó de una samotana en la que me encontraba metido para agarrar colación. “Chelito, ganaste el primer lugar en el concurso. Los premios los van a entregar el día de la madre, en el teatro, después de la misa”.

Sentí que el tiempo y el espacio se me partieron en dos. Empecé a navegar en una especie de irrealidad e ilusión, mientras la procesión continuaba su camino y algunos cipotes me gritaban: “apurate cabrón, o te vas a quedar sin nada”.

El 10 de mayo amaneció fresco, nublado, oloroso. Todas las escuelas fueron a la iglesia, decorada esta vez con la belleza que prodiga lo popular y lo sencillo. La misa fue excepcional. Durante la comunión, el coro cantó una letra que no he olvidado nunca: “Hermosa eres cual madre/ Hermosa como hija/ Hermosa como esposa/ castísima, inmortal/ Hermosa por tu nombre/ que el mundo regocija/ Hermosa por tu gracia/ que es gracia sin igual”.

Después vino la premiación en el teatro: un enorme galerón de adobe y lámina, con butacas, lunetas y galería de madera, atestado esta vez de cipotada, maestrada y mamás.

En el escenario, engalanado con matas de huerta y palmeras de coco medio vencidas, primero hubo algunos “números”: la Negrita Cucurumbé, Granitos de Granada y otros. También hubo un medio drama familiar que arrancó lágrimas a todos. Luego, una niña se prestó a declamar un poema a la madre; pero después de la primera estrofa declaró que le daba risa y se bajó muerta de carcajadas nerviosas, en medio del jolgorio de la concurrencia y la vergüenza de la familia.

Luego vino la premiación. El alcalde, el presidente de la sociedad de obreros, los directores de las escuelas de los premiados, ocuparon una mesa que apareció en el escenario con una velocidad pasmosa. La banda se aprestó a saludar a cada ganador con una diana.

El tercer lugar lo tuvo una niña bellísima. Subió con dignidad al escenario, vestida de blanco, con unos colochos dorados que le caían sobre la espalda. Diana, aplausos y admiración sin límites.

El segundo lugar fue para un modesto cipote de claro aspecto indiano y de temperamento tozudo. Moreno, con el pelo negro e indomable, subió descalzo al escenario acompañado de su madre, una humilde mujer del mercado que se había puesto su mejor vestido y su mejor delantal para la ocasión. Cuando bajaban del escenario, el cipote pateó mal una grada; la tabla tronó y él hizo casi una pirueta, en medio de un ¡ijjj! De todo el público. Al recuperar la dignidad y el equilibrio, el cipote exclamó a toda gloria “Pero no me desmadré”. Aplausos atronadores, y una voz amistosa que desde la galería le gritaba: “Buénale Cuartón”.

Por haber ganado el primer lugar, tuve que leer el poema. Me tembló todo; pero salí del paso con alguna solvencia. Cuando me pusieron la banda, la medalla, me entregaron el diploma y ¡los quince colones de premio!, mi escuela soltó un aplauso abrumador. Hasta “Mico Sonto”, que no me quería mucho, se partía los dedos en una aclamación generosa.

Cuando volví a casa, encontré a mi madre adoptiva con los ojos pegados a la máquina Singer con la que dio de comer a sus hijos y a mí. Mi padre se había ido a sus trabajos agrícolas.

Entré en la pequeña pieza a la que yo llamaba “mi cuarto”, coloqué la banda en un clavito de la pared, y extendí el diploma sobre mi tijera de lona. Entonces lloré. Lloré de gusto y gratitud con Dios y con la vida. Lloré por aquella mañana de mayo tan llena de niebla, de frescura y de esperanza. Por aquellas estrofas de la misa de las que no me olvidaría jamás. Lloré por aquel acto de premiación, tan colmado de todo lo que viene del pueblo, y tan claro de vaticinios sobre lo que sería mi vida. Y lloré sobre todo porque ni mi abuela, ni mi madre, ni mi nana…habían estado allí.

Francisco Andrés Escobar.

De su libro: “El país de donde vengo”

domingo, 9 de junio de 2013

El mojado acaudalado.

EL MOJADO ACAUDALADO

Su nombre es homónimo de un conocido futbolista brasileño, pero él nunca jugó fútbol. Sin duda alguna la infancia de él fue sufrida, de muchas carencias en medio de un hogar disfuncional.

Él trabajó en todo lo imaginable y sufrió mucho para realizar ciertos logros moderados, pero significativos.
Su personalidad la pulió a base de lucha por la vida, y sus retos eran cada día peores luego que se casó y rápidamente trajo al mundo tres hijos. La cosa empeoró para él.

A finales de la década de los ochentas él decidió emigrar al gigante del norte de manera ilegal. Logró su objetivo con creces, pues siendo un hombre luchador y trabajador, rápido escalo en la escala laboral-social, y llegó a tener su media fortuna que le dio tranquilidad.

 Sin embargo, dentro de él siempre habitaba el niño restringido, carente de seguridad, y enojado con las personas que alcanzaban ciertos logros en sus vidas.
No importaba si esos logros fueran académicos, laborales, económicos y sociales. El siempre criticaba a quien triunfaba en la vida si no era él.
Comenzó a querer verse grande y pudiente.

Cuando salieron los teléfonos celulares, él andaba tres colgados a la cintura.Uno era de negocios, otro era para su familia y el tercero para sus amigos.
Compro un carro impecable del año, de marca grande y de color estilizado.
Cuando se hizo ciudadano de los EEUU, empezó a hablar solamente pendetonteras del país enano del cual procedía.
Nunca regresó a visitarlo y criticaba a los que íbamos de visita. Sin embargo, tuvo que regresar porque falleció su made.
Cuando fue, llevó dos guardaespaldas para que lo protegieran de los mareros y de cualquier mal habido que quisiese causarle daño.

Deje de verlo por unos diez años y cuando lo encontré en una pupusería, me llevé una sorpresa tremenda.
Después de saludarle, le pregunté si había regresado al país enano pero más bello que Suiza. Me miró a los ojos, y me dijo: "ese país shuco no merece que yo regrese nunca".

La verdad que yo perdí mi compostura, pero le conteste con calma con un dicho común en México: "Cada quien habla como le va en la feria”.

Me levanté y no me despedí de él. Nunca lo he vuelto a ver.

 Hay muchas personas que emigraron del país, y cuando van a visitarlo, convierten en extranjeros exigentes o en perfectos ignorantes de la realidad nacional con su idiosincrasia pertinente. Les tiemblan las piernas cuando salen al "old downtown", como llaman al viejo centro de San Salvador.

Creen que todo mundo los quiere joder, y temen hasta de su familia radicada el país.
Se convierten en una especie de paranoicos sociales ignorantes del entorno del país que los vio nacer.
 Perfectos sapos de ningún charco con problemas de pertenencia.

Que pena. Que vergüenza, mejor no vallan de visita al pulgarcito.

Allá no todos son mareros.
No todos son mañosos.
 No todos son azadones hambrientos de dinero verde.
 Allá existen también la gente buena, luchadora, y bondadosa. Al cabo que de allí vienen hasta los pinches malinchistas como el protagonista de mi historieta que acá finalizo.

 Y a vos, ¿te tiemblan las patitas cuando vas al mercado cuartel a regatear recuerditos baratos para llevarles a tus amigos que residen en el extranjero?

 El Moris (Junio 6 del 2013)

sábado, 25 de mayo de 2013

Manifiesto.

Tratar de olvidar a El Salvador sigue siendo un trabajo a tiempo completo. Debería ser fácil, conociendo su historia, sus líderes, las victimas del movimiento eterno allá por hacer de este paisito algo decente. Es tan difícil encontrarlo en un mapa, que muchos ni siquiera la incluyen ya, mi patria… mi terruño, ese paisito despreciable al que se ama en una relación amorosa que aproxima el sado masoquismo, y el voyerismo, buscando alas a la desesperación, encontrando aliados en el cinismo y el sarcasmo.

Sin duda que no valió la pena la muerte de tantos, el exilio de más, la ignorancia de una generación nacida en el extranjero de lo que se siente ser guanaco. Ahora todos somos mareros o maridos, gente fina, vivos, sobrevivientes y parte de una confusión que parece próxima a la locura, a la desesperada búsqueda de algo a que temer…
 Se nos menciona como un ente curioso, algo que sirve de preámbulo, de introducción a algo más, y por supuesto mejor. Las cosas que hacemos son de antemano risibles. Escribimos ficción y alguien, porque se pudo, aparece como salvadoreño, y el resto, es una partecita insignificante del mundo alrededor que se menciona para alegría de los pobres diablos que anhelan estar allá, una vez más, un momentito…
Te perdonan entonces el pecado original de ser salvadoreño, y la breve ventana a tu naturaleza se abre a un mundo atónito que prefiere no mirar para no insultar tu sueño de ser más de lo que eres.

Por eso es loable, la tarea de los locos que hacen la tarea de sus vida el recordar, y con eso fuerzan a otros a mirar atrás, al lugar de dónde venimos, a buscar a diario una razón que le dé sentido a nuestra existencia.
Hacemos pupusas pues, no como una actividad comercial, sino como un estado filosófico de esa antigua escuela de pensamiento que decía que hacemos y por tal existimos. Allá, traducido al español salvadoreño, mojarse el trasero es requisito indispensable de comer cangrejo. Que representa más, porque mientras en una se hace y se es, en la otra se hace, se es, y se paga a diario el pecado de ser salvadoreño.

Es este grupo de radicales, Juanes y Juanas Bautistas comiendo loroco en el desierto de San Fernando y Santa Mónica, los que mantienen un ancla firme que nos obliga una y otra vez a examinar lo que somos y a dónde vamos.
 Ellos intuitivamente saber que solo entonces podremos definir el que hacer. De otra forma resulta esto algo empírico, y le da a nuestro andar peripatético la trayectoria de una hoja que se lleva el viento.

 Pero hay límites a la debilidad existencial. Si, los que nos obligan a ver, lo hacen con obras saludables, comercio y dialogo, sabor y pensamiento.
Otros no son así, esta gente adivina nuestra debilidad y se aprovechan de ella. Es difícil el entender el propósito de uno de estos agentes de entidades políticas salvadoreñas que se creen en el derecho de tratar de dirigir nuestra nostalgia a una voz política concreta.

 Como ya nos ha pasado antes, es fácil decirles que se vayan a volar, recordarles que ser sentimentales no quiere decir que somos pendejos, que la voz que nosotros tenemos será incoherente para ellos, acostumbrados al hambre y la represión como elementos del orden político, sino más bien el resultado de la tendencia natural salvadoreña por ser anarquistas natos.

Yo conozco un loquito que tiene dificultades describiéndose como republicano. Lo más fácil para el debería ser definirse como parte de la corriente libertaria de su partido, el único lugar donde un salvadoreño de verdad, y no la paria de retardados del ala familiar fascista de allá, encuentra un foro adecuado a sus ideas.
 Porque al final, el problema de los salvadoreños es su férrea independencia, su innata habilidad de disponer de dictadores ya sea matándolos o marchándose a otro lado. Los demagogos modernos que se están ahora dedicando a ver de qué forma neutralizan al poderoso grupo de Romeros en el extranjero, fundamentalmente en los EEUU, utilizan la nostalgia y el sentimiento de culpa para atráenos otra vez con el canto de sirena, de que esta vez, las cosas van a ser distintas.
 La verdad es que donde fallan es en confundir nuestro deseo patriótico de ver nuestro país ser algo decente, con un rebaño que ellos se sienten en libertad de manipular una y otra vez.

La verdad es que ya mencionando nombres, los del Frente la perdieron conmigo porque me negaron el voto, o sea que yo no pago para que nadie se masturbe en mi nombre. Los de Arena, con su leal apoyo a los contra-inmigrantes en los EEUU, no llegaron muy lejos considerando que ellos mataron a San Oscar Romero y aun ahora, en la privacidad de sus guaridas, celebran su asesinato.

Pero con respecto a los inmigrantes indocumentados, esta es mi gente, mis amigos, mi familia, así que Arena se puede ir al carajo también. ¿Pero y GANA? Lo fácil sería decir, dime con quién andas y te digo que clase de hiju'e puta sos. La verdad es que ya años atrás la alianza del Pato Funes y Saca ya hacia sospechosa la cosa.

¿Qué proponen? Habrá que ver, pero si hubiese tenido que decidir, y la verdad que no puedo porque el Frente me quito mi derecho al voto, yo hoy votaría por ninguno de los hijos de puta, porque no saber qué te va a hacer un maleante, no es un argumento valido para que le habrá la puerta a él y no a los ladrones conocidos. Así que, y ojala no se sienta nadie insultado por esto, que se vayan todos al diablo.

 Un día alguien me recordó lo que dije del patriotismo: "El Patriotismo es un cáncer incurable. Es una costra que se forma alrededor de una llaga abierta por la ignorancia y una maléfica miopía que hace de todo oro, y de la verdad un ruido. El patriotismo es lo que se pega al cuerpo y se pudre con el cuándo se cae al pantano de la demagogia, y se olvida la historia por lo que conviene ….no tiene alma, pero sirve al propósito del canalla que miente para mantener viva una mentira, y seguir nutriéndose de la ignorancia."

 Yo espero que los Romeros se den por aludidos, que empiecen a entender que el requisito previo al Ser esta en el aceptar que somos y definirnos como algo único. Que la formación de un ente político aquí, que nos defina, es indispensable paso inicial al necesario proceso de formación de la entidad político que pueda entonces dirigir nuestros esfuerzos comunes.

Esto le daría coherente a nuestro actuar, garantizando así que lo que se haga sea por el beneficio del pueblo del que somos parte, y de la nación de la que nos arrancaron, pero que aún arde como el fuego inextinguible de un volcán indómito en nuestros corazones.

Lord Halmulh

jueves, 11 de abril de 2013

Anécdotas en un paraíso llamado El Salvador


Yo crecí en un lindo país en donde la mayoría de la gente vivía bien contenta.

 El mes de octubre era el más esperado para que, con los vientos que traía, salir a volar "piscuchas" y sentirnos así parte del firmamento y de la bóveda celeste. También octubre era el último mes de clases y esos ventarrones anunciaban la ansiada vacación de tres meses que son los más lindos que tenemos en esta esfera del trópico que nos tocó habitar.

 Tomábamos el autobús ó caminábamos para ir al colegio, a algunos los iban a dejar sus padres en carro, caminábamos por el centro de la ciudad observando las vitrinas de los almacenes, comprábamos calcomanías y banderines, saboreábamos sorbetes de carretón bañados en su rica miel rojita, fruta helada, mango twist con alhuahste, pepinos pelados, jocotes en miel, maní salado, semillas de marañón, empiñadas, garrapiñadas, chicharrones y jícamas con limón y chile, helados de leche y de frutas, botellitas de dulce rellenas de miel, alboroto, hot dogs de salchicha con frijoles molidos refritos, pepitorias de verdad, churritos marca "Fillers", cuyos vendedores ambulantes se movilizaban por todas partes.

Jugábamos fútbol, basquetbol, chibolas, trompo, capirucho, quemado, hule, jacks, peregrina, ladrón librado, frontón, mica stop, salta cuerdas, escondelero, una dos tres para mi, botella, volibol, béisbol, cuartillo de aceite, un dos tres queso, adivina adivinador. Íbamos al cine de la una de la tarde que valía cincuenta centavos, a ver un doble de vaqueros o películas mexicanas de Julissa, Angélica María y Enrique Guzmán. Había "locos" conocidos a los que fregábamos en las calles. Las prostitutas eran solo mujeres.

El estadio y el gimnasio tenían sus temporadas a las que asistíamos a animar a nuestros equipos colegiales preferidos, allí vendían de todo. Para muchos fueron esas graderías testigo de su primer cigarro, su primera cerveza o hasta de su primer beso.


 Hacíamos fiestas en las casas en las que conocimos a nuestro primer amor. Comprábamos discos de acetato en Kismet no sin antes pedir que los pusieran para ver si no estaban rayados. Nos deslumbró el nuevo almacén Simán de cuatro plantas con su edificio de parqueo y la Fuente de Sodas del recién inaugurado Metrocentro. Fuimos al primer Mc Donald's del Boulevard de Los Héroes. Las primeras amanecidas de parranda las vivimos en el Don Pedro de la Roosevelt.

Celebramos como locos la primera clasificación a un mundial de fútbol, lloramos con la diáspora de los salvadoreños en Honduras, fuimos al nuevo auto servicio del POPS, al primer autocinema, disfrutamos los milk shakes del Pete's, íbamos a Santa Tecla a comer pupusas de crema, a los Planes de Renderos a disfrutar del friíto, al Sunzal a surfear, a andar en patineta por todos lados, hacíamos guerra de huevos el 31 de octubre, reventábamos cohetes hasta mas no poder en Navidad y Año Nuevo.

Aprendimos a silbar "La Vieja" como insulto aceptado y conocido.

 Cantábamos "el Águila Negra" al final de las fiestas ya medio a riatas. Mirábamos en los tres canales de la TV: Mi Marciano Favorito, Jim West, Batman, Hawai 5-0, Perdidos en el Espacio, La Isla de Gilligan, Bonanza, Dimensión Desconocida, Oficina para Todo, con Aniceto Porsisoca y su Compadre Medina Funes, La Tremenda Corte y hasta la novela de las 8 del Canal 2.

 Íbamos al colegio en la mañana y en la tarde. En agosto nos subíamos a las ruedas, íbamos a los turnos de todos los colegios. Los queiques de cumpleaños eran Lido o Victoria.

No había Internet, Nintendo, ni Play Station. Pero la pasábamos muy bien, nunca nos aburríamos, todo era bien barato, la gente era amigable y respetuosa

Bonito era El Salvador en el que crecí.

Ojala que ustedes mis nietos lo hubieran podido conocer así y no como ahora..., con todo lo que estamos padeciendo...

Anónimo, me lo enviaron.