sábado, 29 de noviembre de 2008

Los patinadores del Centenario

Dedicada a mis cheros de infancia del parque Centenario.

Gran parte de mi niñez y de mi adolescencia la viví cerca del Parque Juan Manuel Rodríguez, conocido popularmente como parque Centenario, que queda entre los barrios Concepción, San Francisco y San José de la ciudad capital de San Salvador.
Mi padre había comprado un pequeño lote valdío, que anteriormente había sido mesón y se había derrumbado en el terremoto de 1963, y en él construyó una pequeña casa sobre la 10°. Ave. Norte, casi enfrente del que fuera el Cinelandia.

Cuando nos mudamos a ese lugar apenas contaba con 10 años de edad, y no tenía ningún amigo con quién jugar, así que me iba al parque yo solito con mi bicicleta y empezaba a dar vueltas alrededor de sus amplios corredores. Yo veía a otros niños que también andaban en el parque, pero andaban en patines, y yo no sabía patinar. Pero me daba vergüenza hablarles y pedírselos prestados y también si me los prestaban, a cambio, querían que yo les prestara mi bicicleta. Y me ponía a pensar: ¿y si estos monos me roban la bicicleta, y me dejan sus patines a cambio, que le digo a mi mamá cuando regrese a la casa? De seguro me cachimbeya todo. Y después viene la penquiada más grande, la de mi tata. Entonces, mejor, desistía.

Pero en una de esas tantas ocasiones, que estaba descansando de manejar mi bicicleta en una de las bancas del parque, se me acercó una niña que era mayor que yo unos 3 años, y se sentó a la par mía, y me preguntó si sabía patinar. Y yo, para que no pensara que no sabía y que era machito, le dije que sí. Entonces ella, sin que yo se los pidiera, me dijo que me los prestaba para que diera una vuelta y que ella me iba a cuidar la bicicleta.

Como le había dicho que sí podía patinar, ya no me podía hacer para atrás porque podría pensar que era signo de cobardía. Así que me los puse, pero no me atrevía ni siquiera a pararme. Ella notó inmediatamente que sentía miedo que me fuera a ir de hocico, o de culo que era peor. Pero, herido en mi orgullo de varoncito, me dije: ¡Chis, del suelo no paso, y una caída en patines no creo que sea peor a la caida de una de bicicleta!
Y como ya me había dado mis buenos sopapos en la bicicleta, le dije que sí, que me los prestara.

Así que me armé de valor y me los puse, y empecé a tratar de levantarme de la banca.
Me incorporé sin ningún problema. El huevo vino después, cuando quise avanzar. No podía.
Yo pensé que el bolado era chiche, que era como caminar. Pero no. Y cuando quise dar el primer paso. ¡Polongón! Fue el primer sentón. Y cuando me quise levantar. ¡Sopas! El segundo vergazo.

La niña que me había prestado los patines se estaba muriendo de la risa al verme que no podía levantarme del suelo. Y yo, todo ahuevado, en vez de enojarme, me empecé a reír de mi mismo también de lo ridículo que me veía, y de que, por tonto y por no decir la verdad, estaba en esa situación tan embarazosa.

Ella, entonces, me explicó como debía pararme y como debía mover los pies para poder avanzar hacia delante, hacia atrás y hacia los lados. El truquito era, o es, tirar los pies hacia fuera, y así se logra que los rodos den vuelta. Y yo asocié dicho movimiento con el caminar del mimo ingles Charles Chaplin, y así lo hice, y aprendí rápidamente.

Desde ese momento, Gloria, que así se llamaba la niña, se convirtió en la primera amiga que hice en el parque Centenario. Vivía exactamente enfrente del parque, junto a su madre y su otra hermana. Como eran gemelas idénticas, todo mundo las conocía como “las Huatas”, y todas las tardes iban a patinar o a caminar en los corredores del parque.

Cuando regresé a mi casa le dije a mi mamá que para Navidad me regalara un par de patines. Y dicho y hecho, el propio 25 de diciembre de 1966 estaba estrenando mi nuevecito par de patines marca “Sunshine” Made in Canada con todos los cipotes del barrio. Como no sabíamos como se pronunciaba Sunshine en inglés, todos les decíamos patines “Chucháin”

Desde entonces, me hice “vicio” para patinar. Casi todas las tardes, después de hacer mis deberes de la escuela me iba al parque a patinar, y por los patines me hice chero de una gran majada de cipotes vecinos y entre todos jugábamos “zorra” o hacíamos una “cola” o una “mancha” y nos metíamos en todos los pasillos del parque haciendo “carreras”.

De mis cheros que patinaban me acuerdo del Chino Milton (del blog Cuchumbo de ideas), de su primo Luís (bigotes), del chele Aparicio, del chele pollo, de los tres Camanos (Guillermo, Foncho y Mauricio), de los chinos Siu, del otro Chino y su hermano Will (chorizo), de Felipe y Fausto Fratty, de Toñito, de los gemelos Bruno de la Tica bus, de Saul, de Campos, y del que para mi, fue el mejor patinador de todos, Nelson (la pulga). Nunca nadie lo alcanzó, era el más rápido. Era medio cascorvo y quizás debido a ese defecto de naturaleza era veloz en los patines. Aún todos patinando para adelante y él hacia atrás, no le dábamos alcance.

Para variar un poco la rutina, algunos domingos, en vez de patinar en el parque, nos íbamos al Parque Infantil, que queda en lo que hoy se conoce como Centro de Gobierno.
Allí había una pista para patinaje. Más bien eran dos, una pequeña para los más pequeños y otra más grande, para los adultos o más grandecitos. Desde que llegábamos, la gente nos veía con asombro y algunos nos aplaudían, pues, aunque no me crean, aprendimos a hacer muchas acrobacias y piruetas, como saltar a varios compañeros, hacer “colazos”, etc. Recuerdo que algunas gentes nos lanzaban dinero, como si pensaran que íbamos a pedir dinero. Pero no. Nuestra pila era patinar y tratar de quitarle el pañuelo de la bolsa de atrás al que llevaba la “zorra”, que era un juego parecido a jugar “mica”, pero era más complicado porque, en lo que uno creía que casi le quitaba el pañuelo, el que llevaba “la Zorra” se daba vuelta y uno se iba de paso, o chocaba contra otro que venía del otro lado. Pero era muy, pero muy divertido. Y más que todo, un juego sano.

Otras veces nos poníamos de acuerdo y nos íbamos a los Planes de Renderos, ya fuera en bus, a jalón, o algunas veces, esperábamos que pasara la ruta 6, nos sacábamos el cincho y se lo amarrábamos al bumper de atrás y nos llevaba jalados en nuestros patines sin que se diera cuenta el motorista del bus..

A mi me gustaba ir a patinar a los Planes porque la pista era amplia, y además, tenía dos pistas en dos niveles diferentes. Las pistas estaban conectadas por una bajadita curvilínea. Y nosotros hacíamos una “cola” agarrándonos por la cintura, y bajábamos hechos un pedo, y casi siempre el último de la cola, salía disparado fuera de la pista a hacerse caca.

Me gustaba también ir a los Planes porque iba a cortar mangos, manzanas pedorras, zapotes, caimitos, y aguacates, pues se daban por todos lados y nadie decía nada pues abundaban y hasta se podrían en el suelo.

Cuando llegué a la adolescencia dejé de patinar y me metí a jugar basketball en la cancha del parque, y logré pertenecer a varios equipos que se formaron para representar al barrio y al parque Centenario y competimos en algunos torneos, con bastante fortuna, pues obtuvimos varios campeonatos y solo de vez en cuando me volvía a poner los patines.

Algunos años después, la moda del patinaje regresó, pero para entonces ya se usaba el calzado con rodos, y no los patines de “chuchitos” y correas como los que yo usé cuando niño. Recuerdo que en una ocasión, ya siendo adulto, una amiga, -que después se hizo mi novia- me dijo que me invitaba a que fuéramos a la Feria Internacional, pues acababan de inaugurar una pista de patinaje y que esa era la nueva atracción y la nueva “moda” de los 70s. Yo le dije que no era experto, pero que era bueno para patinar, y no me creyó. Según ella, lo del patinaje era algo “novedoso”.

Pues nos fuimos a la feria, y me encontré que la pista era bastante ámplia y se patinaba al ritmo de la música de moda. Era la época “Roller Disco”, de los pantalones estilo “campana”, camisas de colores brillantes y cuello ancho, zapatos de plataforma y pelo afro. La Radio Femenina era la estación más escuchada por la juventud de entonces; y los Bee Gees, K.C and the Sunshine Band, Tavares; Earth, Wind and Fire, Barry White y Donna Summers se escuchaban por todas partes.



Rentamos un par de patines para cada uno, y desde que me los puse y entré a la pista, la gente se apartaba de mi paso pues les pasaba volando por el costado.
Y, aunque había perdido la práctica, la maña no se me había olvidado.

En cambio, ella, como nunca se había puesto un par de patines en su vida, al nomás entrar en el ruedo, se fue de espaldas, paró las patas y cayó de nalgas. No se podía ni parar y se le miraba que estaba chapuda de lo avergonzada que estaba pues todo mundo se reía de ella.
Entonces recordé que exactamente eso mismo me había sucedido con la amiga de mi infancia en el parque Centenario

Así que la levanté del suelo con delicadeza, la tomé de la cintura con suavidad y al ritmo de la música disco que sonaba en los parlantes, la empecé a llevar a mi compás y empezamos a bailar y a tararear aquella tonada que dice:

“More than a woman…
More than a woman to me…”



Memo.

3 comentarios:

Tamen dijo...

Puta memín, que recuerdo más vergón, creo una vez platicamos de patines, ya que yo visitaba el del Parque Infantil, siempre he tenido la sospecha que patinamos juntos, auqneu nunca fui al centenario en el Infantil el mejor era el negro Johnny Campbell, panameño... puta que verga aquellos ratos Memo, y me regrsaste paso paso a esos momentos.

Saludos!

Memo dijo...

El negro Campbell vivía esquina opuesta al Centenario. Casi nunca llegaba al parque.

No se por qué, y es extraño porque es ese tiempo llegaban muchos panameños a jugar BKB al parque y que jugaban para el colegio Orantes.

Uno de ellos, Papo, años después regresó a El Salvador para el primer campeonato cnetoramericano y del caribe de BKB que se llevó a cabo en nuestro país representando a la selección de Panama.

Una gran majada del parque asistimos a la inauguración del evento y lo saludamos. Quedó campeón de tiros libres desde la linea de foul.

!Qué tiempos señor Don Simón!

Anónimo dijo...

Vaya, tamen si de veras que tiene bien vivo el recuerdo de el parque infantil, yo tambien recuerdo a Cambel y la verdad no conoci uno que patinara mejor que el recuerdo que sin remar o sea sin tomar impulso comenzaba a deslizarse con sus patines muy habilidoso pero sobre todo un gran amigo de todos.
Memo si mal no recuerdo el que vivia esquina opuesta al centenario era el negrito Palmer que por cierto tenian una academia de Ingles.
Tu amigo Bigotes