sábado, 1 de noviembre de 2008

Día de finados


Vengo ante ustedes, señores,
con mi "puesiya "modesta
en este día en que los
muertos están de fiesta.

Yo ahí al mediodía
cabal a la hora caliente
y por Dios que no adivino
diónde sale tanta gente.

La peche trajo unas flores
cargándolas desde el valle,
para vender en el mercado
que han hecho en la propia calle.

¡Que vendedoras, amigos!
Palabra que hay gente necia,
paradas, chineando flores
parecen santos de Iglesia.

Y sólo digo parecen
por que de veras Dios guarde,
si le ofrecen y no compran
le sacan lo que más le arde.

-Va a llevar flores, moreno?
¡Mire qué linda, divina!
Mejor cómpreme esta, negro,
son bañadas de esterina!.

-No gracias, no tengo pisto
(le digo medio achicado)
Y entonces ¿a qué a venido?
grencho infeliz, acabado.

-Señora, por vida suya,
¿Cuánto vale la corona
con unos adornos de esos?
Es barata, guapo, mire,
con adornos, treinta pesos.

-De veras que es bien barata,
ya, ya voy a regresar...
y lo más pronto diciéndome:
¿Treinta pesos? la debiera de sembrar.
A todo esto no he dicho
a quién voy a enflorar.
Es una novia que tuve
con quien me iba a casar.

Pobrecita la muchacha,
en la Gloria debe de estar...
Se murió del mal del olvido...
se le olvidó respirar.

Pero bien, sigo mi cuento:
Una corona compré
me pedían ocho pesos,
pero regateando un poco
por cuatro me la llevé.

Que gentío en el panteón,
no se podía ni andar,
mil gentes con sus tanates
con carne hasta de zanates
para quedarse a almorzar.

Y pretenciosas algunas...
mirá vos cuidáme el pollo.
Remigio vení pá cá,
te vas a ir en ese hoyo
camináte por allá.

Unas muchachas bien tipas
que están sólo ir y venir,
yo se los digo de cierto
que si no son dueñas de muerto
y van sólo a presumir.

Por allá una viejita llorando
por no sé quien...
otra anciana la consuela:
Ya no llore más, abuela
tampoco yo le di refrenda
y lo sacaron también...

De repente, una viejona:
¡Allá, mire, aquél es!
Un policía me agarra,
saca pitas y me amarra
de las manos y los pies...

-Devuelva usté esa corona
porque usté se la robó...
Es cierto, esa es mía,
ahí tiene hasta mi nombre
dijo ella, y me la quitó.

Y era cierto, señores...
era corona robada que
en el mercado compré...
Me la dieron bien barata,
pero ya saben por qué...

Hay de todo en esta vida,
hay ladrones condenados...
ya ven lo que hoy me pasó,
que alguno no respetó
ni el día de los finados.

Miguel Alvarez Pineda
Aniceto Porsisoca
Tomado de Cuscatlán


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