domingo, 4 de abril de 2010

MEMOrias de mi abuelita y la Semana santa


Mi abuela Cristina nació en Atiquizaya, Depto. de Ahuachapán, a finales del siglo antepasado y fue criada por la que fuera su madrina en la ciudad de Chalchuapa, Depto. de Santa Ana, porque quedó huérfana a muy corta edad.

Mi abuela nos contaba que su madrina era una señora de la alta sociedad de entonces, acomodada, solterona, no tenía hijos, y era la dueña de la finca en donde descubrieron la pirámide arqueológica del Tazumal.

Ella también nos contaba que cuando hicieron el descubrimiento arqueológico, el entonces presidente de la República de El Salvador, el Gral. Salvador Castaneda Castro, les prometió que el Gobierno de la República les pagaría el valor de la finca, pues ésta pasaría a ser patrimonio nacional.



Ella decía que no dudaban de la honestidad y la palabra de Castaneda Castro, pues era amigo de la familia, y mi abuelita nos confesaba que cuando joven había sido cortejada por el que después sería Presidente El Salvador, pues los dos eran originarios de Chalchuapa.

En esos días su madrina enfermó y murió. Y como no dejó testamento, el Gobierno tomó posesión de la propiedad sin pagar por ella, y mi abuela se tuvo que ir a la calle sin un centavo, aún con todo de que era amiga del Presidente y que le había prometido la remuneración económica por la finca.

Tuvo que ir a pedir posada donde unos familiares en San Salvador y allí conoció al que sería el único gran amor de su vida, un exiliado nicaragüense que había peleado contra la invasión norteamericana bajo las órdenes del Gral. Augusto Sandino en las Segovias, y que había decidido asentarse y buscar fortuna en El Salvador, pero que lo único que encontró fue a mi abuela y una cirrosis hepática, y murió a la corta edad de treinta años.


Murió de bohemio. Por bolo, pues.


Ella decía que la había enamorado como se enamoraban a las jóvenes de entonces, con mucho romanticismo a la antigüita; con versos y poemas, con pañuelos perfumados, ramos de claveles y rosas, caminatas en los parques los domingos después de misa y serenatas a la luz del candil de la calle.


Guardaba con mucho cariño un pequeño cuadernillo donde mi abuelo le había escrito sus poemas y cartas de amor, y también un pañuelo, ya desteñido por el tiempo, y un mechón de pelo de su amado Víctor.


Se casaron y tuvieron cuatro hijos: tres hembras y un varón. Pero su felicidad duró unos pocos años porque su esposo murió, dejándola viuda muy joven.


Nunca se volvió a casar, ni volvió a tener hombre. Le guardó luto por el resto de su vida. Esa desgracia en plena plenitud de su vida hizo que mi abuelita cayera en una depresión extrema, y su único alivió y consuelo lo encontró en su profunda fe cristiana y en la religión católica.


Yo apenas tenía diez años cuando mi abuelita murió y lo poco que recuerdo de ella es que a pesar de no ser tan anciana cuando murió-calculo andaba por mediados de los sesenta años-, yo la veía más viejita, como de ochenta; pues estaba ya completamente desdentada, de espalda doblada por la artritis, y caminaba muy despacito ayudada por un bastón (mi papá le decía que caminaba como Chencha, como dice una vieja canción).


La mayor parte de su tiempo se la pasaba sentada en un sillon en el corredor de la casa bordando mantelitos y zapatitos de tierno en crochet mientras rezaba el Rosario en silencio. El resto del día se la pasaba en la Iglesia de la Merced, que nos quedaba a solamente media cuadra de donde vivíamos en San Salvador, sobre la 10° Ave. Sur, por el cuartel de laPolicía Nacional.


Todos los días iba a la misa de las seis de la mañana, a la de las diez, a la del mediodía y la de las cinco de la tarde. Siempre vestía de negro o medio luto, faldón largo hasta los tobillos, rebozo en mano y mantilla en la cabeza, camándula en su cuello y su Rosario de nácar en mano. Se sabía todos los rezos, alabanzas, oraciones, cánticos de la liturgia, y hasta me atrevo a decir que el rosario lo rezaba hasta dormida.


Con la vejez, se había convertido en una viejita beata, muy devota de la Virgen del Perpetuo Socorro y del Espíritu Santo.


Como dije al principio, era de caminar lento y parca al hablar, pero cada vez que llegaba Semana Santa, rejuvenecía por completo y parecía una mujer activa como de cuarenta. Como que agarraba "ajuate" y parecía "chucha cuta" y como que le habían "cambiado las pilas" porque pasaba atareada y pendiente de todos los actos litúrgicos programados; corriendo de iglesia en iglesia y de procesión en procesión.


No tenía tiempo para nada, ni para comer. Mi madre le llevaba sanguchitos de mortadela y de pollo a las iglesias para que comiera algo y no se fuera a desmayar o a dar "vahído" por la debilidad.


En esos días, yo solo la veía salir bien de mañanita y regresar ya bastante noche. A mí en realidad no me molestaba, porque como estaba en vacación de clases, me la pasaba haciendo mis deberes o jugando con mis cheros del barrio.


Yo quería mucho a mi abuelita, y no recuerdo que ella me haya regañado, o me haya hecho algún desaire, o pegado con el cincho cuando me portaba mal, pues era muy buena conmigo. Pero lo que si me acuerdo es que, todos los Sábados de Gloria, a buen seis de la mañana, y sin aviso previo, mi abuelita me despertaba con el cincho en la mano y empezaba a "darme pija" por puro gusto.


Yo lloraba y le rogaba que no me pegara. Pero ella seguía dándole recio al chilillo y me decía que era por "mi bien" y para que "creciera y no me quedara enano".


El martirio solo duraba unos pocos minutos y poco después de la "pijiada" de Sábado de Gloria, ella me consolaba y me arrullaba y se reía conmigo, y luego me servía mi desayudo de torrejas en miel y una Chocolatina.


Ahora, recordando a mi abuelita en ésta época de Semana Santa, me pregunto: ¿Habrán servido de algo las verguiadas de mi abuelita o no?; porque yo crecí hasta alcanzar la altura de casi seis pies.


En cambio, mi primo Carlos- que siempre se escondía y se le corría a mi abuelita los Sábados de Gloria, se quedó enano y parece tachuela; pero mi primo Roberto, a quién nunca lo "zarandeó" mi abuela, ni siquiera en Sábado de Gloria, se hizo "tamaña riata", que hasta parece "palmera de coco de Sonsonate".


¿Y a usted lo "pijiaron" en Sábado de Gloria alguna vez?

10 comentarios:

Alexander dijo...

woow, muy tarde me entero de ese santo remedio para crecer!!hay limite de edad?? le dire a mi mujer que vaya preparando el lazo para el otro anio..con 3 pulgadas mas seria inmensamente feliz!!! hehehehe

Memo dijo...

Hola Alexander.

Pues si, no es paja.

Preguntale a alguien de 50 años para arriba a ver si no lo zarandearon en Sabado de Gloria.

salú.

Memo.

Anónimo dijo...

a mi me cachimbiaron sabados de gloria y todos los sabados que me vio averga mi tata y no creci mucho, pero mi tio decia a este lo que le va crecer es el higado de tanto guaro que se harta.

Tu amigo bigotes

Alexander dijo...

hehehe bueno si mi madre me molia a palos cuando llegaba borracho..

sabes recordaba algo ahora camino al trabajo.. y es que mi abuela me contaba que a ella de joven durante la semana santa no la castigaban, no importaba lo mal que se comportara...pero ese si al llegar el sabado le pegaban una buena verguiada, como castigo por haberse portado mal durante la semana..

Memo dijo...

Hola Bigotes:

Ya ves, por andar de bolo te creció el hígado.

Salú.

Memo.

Memo dijo...

Hola Alexander.

Eso de que lo pijiaban a uno el Sábado de Gloria era solamente la excusa para castigar a los cipotes que se habían portado mal durante toda la Semana Santa, y los tatas los castigaban hasta el Sábado porque durante la Semana Santa todo mundo no hacía ruido, ni escupía el suelo, ni se ponía música del radio, y todo mundo hablaba suavecito.

Salú.

Memo.

BRUJO dijo...

Excelente relato,Memo.Felicidades.Uan gran Abuela,me imagino.
La sabiduria de ellas no tiene comparacion.Si por lo menos algunos de nosotros les hubieramos hecho caso no seriamos como somos.
Saludos,
P.D. Y ME DEBES,CUANDO VOLVAS A VENIR A EL SALVADOR, UNA SENTADA A ECHAROS UN BOTE DE ALGO QUE EMBOLE BAJO UN PALO DE ALMENDRO,COMIENDO SEMILLAS DE MARAÑON,MIENTRAS VOS ME HABLAS DE LAS MARAVILLAS DE LA IZQUIERDA Y YO TRATO DE DESVIRTUARLAS...JA!

Memo dijo...

Hola Brujo, gracias por visitarme.

Creo que voy para El Salvador en octubre o noviembre y claro que me gustaría que nos echaranos un cafecito o un par de polarizadas y hablar carburo por un rato.

Mandame tu e mail o tu tel. a mi correo memo50@roadrunner.com y yo te aviso cuando llego para que hagas tiempo.

salú.

tu chero.

Memo.

Anónimo dijo...

La abuela tenia setenta y ocho cuando murio pues ella nacio en 1887

Memo dijo...

Hola primo Coqui.
Que gusto de que hallas encontrado mi blog. Espero que te guste.

Gracias por la información de la edad de la abuela, yo ya no me acordaba de su edad.

Saludos a la familia allá en Houston y contale a la Carolina sobre la historia de la abuela para que se la lea a la Tía Lula.

salú.

Tu primo Memo.