miércoles, 27 de agosto de 2008

El Templo de Afrodita...de Tamen




Empecé un relato acerca de mi primera experiencia sexual, la cual fué con una prostituta de la calle Célis, cuando me acordé que mi amigo Jorge Montoya ya había escrito acerca del mismo tema algún tiempo atrás. Y como no quería que mi relato pareciera muy similar, o una copia del suyo, decidí mejor publicar el cuento de Tamen, aclarando que, como somos de la misma edad, de la misma ciudad y casi del mismo barrio, tuvimos casi las mismas experiencia en el Templo de Afrodita.

MEMO.

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EL TEMPLO DE AFRODITA, de la página Cuscatlán
con autorización de Jorge Montoya

San Salvador nunca tuvo una "oficial zona roja" pero había una real Zona Roja que en San Salvador se le refería como "la Celis" o "La Avenida". Constaba de muchas manzanas de numerosos prostíbulos y abarcaba desde la Avenida independencia, Calle Concepción, 24 Avenida y Sexta Avenida... hasta la Plaza Zurita.
Había cantinas con bonitas y feas prostitutas, que los dueños de burdeles se esmeraban en cambiarlas cada mes.
Existían putas independientes que alquilaban un cuarto orilla de calle con puertas enrejadas donde se exponían casi desnudas y se ofrecían con lujuria al que pasaba. Por supuesto no podían faltar las callejeras que tenían comisión con los dueños de las muchas pensiones del área, allí llevaban a los que "pescaban" en sus correrías por las calles y algunas eran populares por que ofrecían "los tres platos" hasta por un colón... más el pago de la pensión.
A ambas orillas de la 24 Avenida, que corre del Reloj de Flores a la Calle Concepción -en donde hoy está localizado el mercado La Tiendona- había prostíbulos baratos que se escondían con el nombre de "cervecería, restaurante, o comedor tal", pero al pasar era evidente que no eran más que prostíbulos baratos, con su cinquera, sus mesitas y las chavas listas para su trabajo.

Pequeño hálito de inocencia,
moreno, arisco, un cielo gris,
senescente gime sobre el maíz,
su feroz otrora en decadencia.


Los fines de semana por la noche los clientes que más se veían en estos lares eran grupos de soldados buscando como aprovechar la licencia de fin de semana...
Eran días en que la Sífilis y la Gonorrea se "curaban" con yodo y las "ladillas" con "Ungüento de Soldado".
La mayoría de prostitutas eran jóvenes de las provincias o "inditas" como les llamaban los capitalinos, aunque de india no tenían ni rasgos. Las pulseras tenían lo que la gente les llamaba chivos, el equivalente del "pimp" gringo; estos en su mayoría eran ladrones o gente que no trabajaba. Ellas Les daban dinero a los chivos para que vivieran con ellas y las "protegieran" en su "trabajo".
Decirle a una mujer decente capitalina "sos de la Avenida", o a un hombre honrado "sos chivo de la Avenida", era un insulto que a veces llegaba a los vergazos. Las dos expresiones habían pasado a formar parte del enorme léxico de insultos con que los salvadoreños contábamos. Pues esta era la reputación que tenía esa zona.

Gira mundo, gira el amor,
cual óvulo sideral oscuro
sufre estupro en su futuro
pariendo un ego inferior.

La Calle Celis, que supongo se llama así en honor al prócer Santiago José Celis, era el corazón del Templo de Afrodita. Allí estaban las putas enrejadas. Alquilaban un cuarto orilla de calle donde la puerta tenía otra puerta de rejas donde las chavas se mantenían agarradas a los barrotes atrayendo clientes.: "Papaito ¿No querés pasar? Te voy a dar un buen rato", "Hey chulo, te prometo hacértelo bien" y quien pasaba podía apreciar y escoger la que le gustaba.
En los 60s, e inicios de los años 70s, antes que Herrera Rebollo barriera con esa zona, las del sector del cine Avenida cobraban 5-10 colones por un solo plato, las de la Celis generalmente cobraban de 3-5 colones por dos platos, y las de la 24 Avenida 0.50 centavos a un colón por el menú completo.
Las tarifas estaban bien establecidas. En los inicios de mi adolescencia mi hermano me llevó allí, supe después que mi tata le había dado cinco colones para que me llevara a "hacerme hombre y aceitara la pistola". Pero para entonces ya había vivido la experiencia unos meses atrás con una compradora de papel y botellas. Yo ya sabía donde íbamos y aún así era un manojo de nervios, escogí una enrejada que al pasar me di cuenta, que además de la cama de trabajo, había una cunita a la par donde dormía un bebé, me cobró por adelantado, y al finalizar la vi sacar un huacal de aluminio lleno de agua -supongo-, agacharse y lavarse... y yo iría a la Celis muchas veces más.

Me lo dicen las montañas,
me lo canta un difunto trino,
del tiempo que fue y se vino
ya no quedan ni las entrañas...

A mediados de los años 70s comencé a conocer muchos prostíbulos fuera de esa zona. Conocí La Villa Carrión en La Garita, el Club Privado Cinco y Media en la troncal del norte, El Pájaro Azul en el cerro de san Jacinto, y mi favorito que fue La Villa Sisi en Ilopango. Había muchos y se decía casi todos pertenecían a una mafia de oficiales del ejército. También había otros Templos de Afrodita esparcido a lo largo y ancho de San Salvador como los del alrededor del Cine Modelo, entre ellos el más famoso fue Los Chorritos.
La apertura de la Avenida Juan Pablo cruzó toda esa zona de La Avenida y Calle Celis. Hoy día aún quedan remanentes de la Celis, pero han caído tan bajo, tan a la vista, y se sabe es manejado por Maras.
Las callejeras han mudado su negocio al área de La Calle de Los Locos, en los alrededores de la otrora respetable Colonia Layco, también se hallan en los contornos del Parque Bolívar, pero aún existen prostíbulos legales en todo San salvador, así como en los casinos, donde pululan chavas bonitas que aceptan hasta cartas de crédito.
Pero los emergentes y legales "cuasi" prostíbulos son el orgullo del implantado "libre mercado" de la capital; allí por $10.00 dólares -nada de colones- se puede manosear y chupar pechos durante tres canciones a una chava totalmente desnuda. Entre los más populares de estos están El Lips y El Titanic. Son calificadas como "empresas" por el gobierno actual y se anuncian en los diarios con "especiales" de la semana.
Las chamacas ya no son "inditas" sino salvadoreñas que de día asisten a reconocidos centros de estudios y de noche trabajan en estos lugares...
¡Así que Bienvenidos a El Salvador!

Hoy lloran el valor y el sueño
atrapados en idólatra placer.
¡Pedacito regado por doquier
te llevaste el alma del ensueño!

AGOSTO/2000


TAMEN 1981


lunes, 25 de agosto de 2008

Recordando a Los Iracundos




Uno de los grupos suramericanos cuya música gustó a la juventud salvadoreña de principios de los 70s fué Los Iracundos del Uruguay. Entre sus éxitos se encuentran: Va cayendo una lágrima, Es la lluvia que cae, Puerto Montt, Chiquilina, Tú con él, Yo quiero ser un triunfador, Las puertas del olvido, Marionetas de cartón, Tú me diste amor, tu me diste fe; Te lo pido de rodillas, Soy un mamarracho, Y te has quedado sola, El desengaño, etc.

En febrero de 1989 su vocalista y compositor, Eduardo Franco, fallece de cancer en los ganglios, y fue sustituido por Jorge Gatto.

A la fecha los Iracundos continúan haciendo giras internacionales y siguen cantando las canciones que los hicieron tan famosos.

La música de Los Iracundos sigue vigente en el gusto de los ahora llamados "adultos contemporáneos" y se escucha con bastante frecuencia en las emisoras locales cuya programación va destinada a ese segmento de la población.

domingo, 24 de agosto de 2008

Recordando a Los Lovers


Uno de los grupos que fue parte de lo que se denominó " las buenas épocas" fueron Los Lovers. Grupo cuyos integrantes no pasaban de 20 años a lo sumo cuando ganaron el primer festival de la canción juvenil celebrada en la Feria Internacional de El Salvador en el año de 1969, con la canción "Camino de hormigas" interpretada por Juán Ramón Crespo.

jueves, 21 de agosto de 2008

MEMOrias de la Selecta


Dedicado a todos aquellos integrantes de nuestra selección de fútbol, pasados y presentes; muertos y vivos; que con su talento, coraje y amor a los colores patrios, nos han representado. Pero, especialmente, a la noble afición salvadoreña.

“ARRIBA CON LA SELECCION,
hijos de mamá Cachimba.”
“Que aunque siempre nos den pin...za
los apoyaré con todo mi corazón.”

El mascón de la selección.

Escuchando en la radio
que peleábamos la clasificación,
un domingo decidí ir al estadio
a apoyar a nuestra selección.

El locutor, con voz patriota,
a los fanáticos nos aseguraba:
“nuestra selección mueve bien la pelota,
y les vamos a meter una goleada.”

¡Hoy no voy a ir a misa!,
-le dije a mi mujer con alegría-,
para el Cuscatlán salgo de prisa
pues juega “la Selecta” al mediodía.

Ella dice: ¿Por qué vas al estadio,
si por el canal 4 lo van a televisar?
También lo van a pasar por la radio.
¡Lo que querés es irte a chupar!.

Te juro vida mía,
que solo voy a ver el masconcito.
No me voy a echar ni una fría
y me regreso a la casa rapidito.

Parecía chiche el volado
pues jugábamos contra Surinam.
Compré mi ticket en el negro mercado,
y de maje, que me zampo al Viet Nam.

La cancha estaba bien engramadita.
El Cuscatlán lucía lleno hasta el tope.
Estaba saludando a los de la Lomita,
cuando me cae una cagada de zope.

“Es un augurio de buena suerte”-me dije-,
“segurito que ganaremos éste día.”
Atrás de mí había un gran des...pelote.
Había guerra con sandía.

Soltaron vejigas por todos lados.
Y un cipote cholco y canijo,
agarra una y me fijo
que eran condones inflados.

Saltan a la cancha los negritos
bajo una lluvia de bolsas con fuego.
Pensé: “se ven fuertes estos morenitos
pero segurito ganaremos este juego.”

Al fin salen nuestros jugadores
al compás del “pájaro picón, picón.”
Truenan metralletas y silbadores
y la KL toca “Arriba con la Selección:”.

De pié empezamos a cantar
“Saludemos la patria orgullosos...”
Nuestro himno toca la banda militar.
Se me han puesto los ojos llorosos.

Gana el saque inicial la selección,
y en mi mente empiezo a calcular
el pisto que se van a hueviar
los directivos de la Federación.

¡Llegó la hora esperada, empezó la socazón.
Primera jugada. Pelota parada.
Tiro de “corner”. A favor de la selección.!

Los nuestros se meten a la buruca
y metemos un gol de cabezazo.
Siento un fuerte golpe en la nuca.
Me sonaron de un sandillazo.

El gol se empieza a celebrar,
pero no lo vi por el cachimbazo.
Al que me golpeó empiezo a controlar
para fajármelo de un mangazo.

Un bicho malcriado y metido,
que se estaba comiendo una minuta,
me grita: “sentáte viejo hijue...lule
dejá ver a gusto el partido.”

Los negritos mueven la bola de nuevo.
Su equipo se está poniendo abusado.
A uno le dan una patada en un hue...so
y nos sacan un defensa expulsado.

El árbitro marca la falta.
¡Tiro libre directo!.
La pelota viene bien alta.
El portero se lanza perfecto.

Fue un tiro chanfleado y brutal
que el delantero lanzó en gran carrera.
Pasó encimita de la barrera
y se estrelló contra el paral.

Los contrarios con insistencia
se lanzan al contragolpe rapidito.
En un descuido de la defensa
nos meten un gol de taquito.

“Era off-side”. El “coach” viene a protestar.
Pero el árbitro no le hace caso.
Al “line man” se fajan de un botellazo
por no marcar el fuera de lugar.

Uno a uno el marcador,
y teníamos dos jugadores amonestados.
Yo rezaba: “Ojalá gane El Salvador”,
y que me cae una bolsa con mia...

Aquí si me vine a enojar,
pues yedían mis ropajes.
Al que me “bañó” quise divisar,
pero todos se hicieron los majes.

“No se enoje, ni se ponga del carajo.”
-Me dijo el que estaba a la par-.
“Si se quiere desquitar,
aviéntesela a otro más abajo”.

Y así con el marcador empatado
terminaron los primeros 45 minutos.
“Ojalá no perdamos por brutos”
-me decía- ya un poco preocupado.

Técnicos y jugadores
se van velozmente corriendo.
Se dirigen a los vestidores
para la táctica estar discutiendo.

Bajé las gradas hasta el murito,
pues me dieron ganas de orinar.
Me llovieron proyectiles en un momentito,
y por “mión”, me vinieron a “fusilar”.

El réferi suena su gorgorito,
la bola va contra la meta salvadoreña.
La afición lanza un grito:
“Párenlos a pura leña.”

La número cinco la tiene el atacante,
un negrito de larga melena,
y en una jugada impresionante,
nos mete un gol de chilena.

Una vieja curcucha,
que andaba con su marido,
me tira yuca con curtido
y me vuela la cachucha.

“Vaya a sonarse a su abuela”,
le dije viéndola entre las faldas.
“Como se ve que no fue a la escuela,
mejor aviénteme las nal...

Su marido bravucón,
que tenía un lunar en el cachete,
saca tamaño machete
y me dice: “te voy a mandar al panteón.”

Los aficionados curiosos
de las graderías de sol,
nos ven pelear como babosos
cuando nos zampan el tercer gol.

Sacamos la pelota de nuevo.
El equipo está jugando muy mal.
Al mismo negro le dan en el otro hue...so
y nos expulsan al otro central.

Uno de los nuestros, que tiene tamaña panza,
a un negro le da un codazo en la rabadilla,
y el mulato con alevosa venganza
le da una patada en la chimpinilla.

Pelean isleños y salvatruchas.
Se levanta excitada toda la mara.
Al árbitro le cae una “polla” en la cara
y manda a los dos peleoneros a las duchas.

Reparten leña los salvadoreños,
y el árbitro de Costa Rica
marca “Penal” en el área chica
a favor de los caribeños.

Toma carrera el negro aceituno,
y nuestro portero abusado
se lanza para el otro lado,
y ya nos llevan cuatro a uno.

Se reanuda de nuevo el mascón.
A un negro le dejan la pata coja.
Por poquito le sacan tarjeta roja
a nuestro volante de contención.

Un maistro que estaba atrás
me regala un trago de alcohol.
Le dije: “Esto sabe a aguarrás”,
cuando metemos un troncho de gol.

“El mago”, que es lindo para “driblar,”
al defensa le hizo un sombrerito;
y antes de al arco rematar
al portero le hizo el tunelito.

Ya solo queda poquito rato,
el tiempo se está terminando.
Surinam nos está ganando,
perdemos dos a cuatro.

Termina el partido finalmente.
Los nuestros lloran acurrucados.Los negritos se abrazan alegremente.
¡Del mundial quedamos eliminados!

Unos tipos bien borrachos
al árbitro así le gritaron:
“¿Cuanto pisto te pagaron
mexicanos y catrachos?”

Empiezo a buscar la salida.
La marabunta sale al galope.
Por un túnel hago la huida,
y de un bolsazo me dejan miope.

Afuera había un gran relajo.
Dos bolos se estaban dando riata.
La policía daba golpes a destajo.
Yo me fui a mi casa a pura pata.

Al llegar, mi mujer me recrimina:
“Venís con juelgo a guaro y yedés a muerto.
Segurito venís de chupar del puerto
y salís con que venís de la partida.”

“Te juro, mujer adorada,
que vengo de ver el encuentro.
Si me ves todo chuco, como esperpento,
es porque me pasó encima la cuchada.”

“Pues ahora, por andar de necio
vás a dormir en el sofá.”
“Yo me voy con los bichos donde mi mamá.”
Te castigaré con “el látigo de mi desprecio.”

“Te juro que no me vuelvo a portar mal.
Y al estadio no regreso a ver otro partido.
De ahora en adelante del fútbol me olvido...
...hasta el próximo mundial.”

miércoles, 20 de agosto de 2008

MEMOrias de los "muñequitos"


La televisión llegó a mediados de los 50s a nuestro país, y uno de los programas que más gustó a la audiencia, especialmente a los niños, fueron los cortometrajes de muñequitos o caricaturas, los cuales pasaban en los tres primeros canales que transmitan entonces, el 2. el 4, y el antiguo canal 6.

Los primeros personajes fueron Betty Boop, el gato Félix, Scrapy, Bonzo, Tom y Jerry, el Súper Ratón, Tuco y Tico, Buggs Bunny, el pato Lucas, Porky Pig, Piolín y Silvestre, el Pájaro Loco, Popeye el marino., Hucleberry Hound, el oso Yogi, Magila gorila, Tiroloco McGraw, la tortuga D’artagnan, Lindo Pulgoso, la hormiga Atómica, la Pantera Rosa, el lagarto Juancho, Pixie y Dixie, Leoncio y Tristón.

También nos llegaron programas de caricaturas de largo metraje como Los Picapiedra y los Supersónicos.

A principios de los 70s empezaron a llegar las caricaturas hechas en Japón, como, por ejemplo: Astroboy, Mazinger Z, Heidi, Candi Candi, etc.

Tuvimos también programas como “Jardín Infantil” con los payasos Chirajito, Prontito, Rojito, Pizarrín y el Tío Periquito en el que pasaban caricaturas infantiles.

Otra serie de cortometrajes infantiles que gustó también, pero que no eran dibujos animados, sino que marionetas, era Tex Tucker, el sheriff cuatro plumas.

Las caricaturas de hoy día ya no son dibujadas a mano como las de principios del siglo pasado. Hoy son hechas en computadora, pero contienen mucha violencia y no tienen la misma gracia de las “clásicas” de antaño que nos hicieron y siguen haciéndonos reír a chicos y grandes a pesar de los años.

lunes, 18 de agosto de 2008

La pelea del siglo


Siempre he sido aficionado al deporte de las narices chatas y las orejas de coliflor, el boxeo. La afición la heredé de mi padre quien no se perdía las transmisiones en directo por radio de onda corta que llegaban hasta nuestro país, provenientes de los Estados Unidos.

En mi casa-una pieza orilla de calle de un mesón cerca del centro de San Salvador- se reunían muchos de nuestros vecinos alrededor de aquel enorme radio marca Philco de tubos al vacío que teníamos a escuchar las narraciones que procedían del Madison Square Garden de Nueva York, la Meca del boxeo mundial, hasta ese momento.

Recuerdo haber escuchado en la vieja radio, peleas de boxeadores famosos como Floyd Patterson, Sugar Ray Robbinson, Rocky Marciano, Jack LaMotta, Kid Gavilán, Tony Zale, Jersey Joe Walcott y Cassius Clay, que más tarde cambiaría su nombre por el de Mohammed Ali.

Posteriormente, y con la llegada al país del entonces “novedoso” medio de comunicación, la televisión, pude ver “en vivo”, peleas memorables como las de Ali-Bonavena, Frazier-Foreman, Leonard-Duran, Olivares-Argüello, Hagler-Herns, Ali-Norton, así como también de boxeadores nacionales como El “Pato” Fuentes, “Chubalo” Cubías y el “Chico” Aparicio.

Pero de todas ellas, la que más presente tengo en la memoria es el primer combate protagonizado por el entonces campeón mundial invicto de los pesos pesados Joe Frazier y el retador, también invicto, Mohammed Ali, quien había sido despojado de su condición de campeón de todos los pesos tres años antes por haberse rehusado prestar servicio militar. Pelea a la que asistió el “jet set” americano de la época y que fue promocionada como “La pelea del siglo” por los organizadores, y en la cual se les garantizaba a los contendientes no menos de dos millones y medio de dólares, cifra astronómica, y hasta entonces, nunca antes devengada por ningún púgil.

La pelea fue ganada por Joe Frazier por decisión unánime de los jueces, y fue la primera de tres memorables combates que estos dos púgiles realizaron en su carrera.

Pero este relato no es sobre ese famoso combate protagonizado por Ali y Frazier, en 1971, considerados en ese momento los dos mejores boxeadores de peso completo, sino sobre otro, -que a mi juicio-, fue mucho más disputado, emocionante, sangriento y por qué no también decirlo, divertido y jocoso; pero que no hizo titulares en el mundo entero, ni fue televisado por circuito cerrado, ni fue presenciado por gente famosa, ni tuvo una bolsa millonaria; y que tuvo como protagonistas a dos chichipates callejeros de San Salvador que se convirtieron en boxeadores amateurs de la noche a la mañana por la imperiosa necesidad de reunir un poco de dinero para comprar una pacha de guaro para quitarse la goma.

Corría el mes de agosto de 1968 y las fiestas capitalinas con motivo del Divino Salvador del Mundo estaban en todo su apogeo y plenitud. En esas fiestas se acostumbraba poner un cuadrilátero de boxeo en el predio que queda al frente del Parque Libertad, en el cual cualquier aficionado, novato o todo aquel que se sintiera gallito, podía calzarse los guantes y meterle un par de trompadas a cualquier otro valiente que se subiera al ring. Todo aquel que se subía al encordelado debía de aguantar, por lo menos, tres rounds de tres minutos, o hasta que uno de los dos saliera noqueado.

Había un “referee” y dos “seconds”, uno en cada esquina, y eran los que se encargaban de calzarle los guantes a los pugilistas, de darles aire con una toalla manchada de sangre, sudor y saliva en el minuto de descanso, y un poco de agua, y también se encargaban de recoger dinero entre la concurrencia. El público decidía con sus aplausos el ganador de cada combate. Este recibía la mayor parte de lo que se reunía entre la concurrencia.

Las peleas eran por las tardes. Como eran días de asueto y el espectáculo era gratuito, era presenciado por varios cientos de espectadores, especialmente por personas de bajos recursos económicos, Pues en una tarde calurosa de esas, nadie se quería subir al ring. Y por más que el referee y los seconds incitaban a la gente a que se animaran a subir, nadie lo hacía. De repente una pareja de bolitos, que por su apariencia y vestimenta se notaba que eran chichipates de cantina , levantaron la mano indicando que ellos querían subirse al encordelado para hacer la cabuda para la pacha de zangolote.

Al principio, el encargado del show no los quería dejar subir, porque andaban todos shucos, apestaban a zanate muerto y se manejaban un juelgo a guaro marca Satanás.
Pero, al ver que nadie más se animaba a calzarse los guantes, a regañadientes, aceptó.

La majada que estaba viendo el espectáculo estaba muerta de la risa porque uno de los contendientes era bizco y le faltaban los tres dientes frontales del maxilar superior; y el otro boxeador era sapirulo, medio patojo y se le andaba cayendo el pantalón porque no traía cinturón ni mecate para amarrarse los calzones. Para terminarla de amolar, tenía un gran hoyo en el pantalón en la parte trasera, no tenía calzoncillos y se le miraban las nalgas y costras de tierra alrededor del “Aniceto”.

Pues los dos bolos se subieron a la tarima, trastabillando en los escalones por la gran papalina que se cargaban. Se quitaron los hilachos de camisas que vestían, y se quedaron solo en pantalones. Los ayudantes les calzaron los guantes, aguantando la respiración y las ganas de echar el zope por el tufo que echaban Sonó la campana invitando a los guerreros al centro del ensogado para iniciar el combate, el referee les dio unas pequeñas indicaciones, tocaron guantes como caballeros, se persignaron, subieron sus brazos, empezaron a bailotear como verdaderos pugilistas…pero no lanzaban ningún golpe.

La nutrida concurrencia, al ver que no lanzaban trompadas, empezó a silbarles “la Vieja”, a insultarlos y a decirles que se bajaran del ring. Al ver esto, el referee les dijo:
“miren cabrones, si no empiezan a tirar vergazos voy a llamar a la Municipal para que se los lleve a la chirona por chichipates, y no les vamos a dar nada de pisto”.

Los dos bolitos asintieron con la cabeza.

Volvieron a levantar los guantes y empezaron de nuevo a bailar con más animosidad que al principio. Ninguno de los dos se animaba a tirar la primer ganchada y los espectadores empezaban a chiflar de nuevo. Al referee ya se le miraba la cara de emputado. Cuando de repente, el más pequeño de los dos soltó la primer manotada; un volado de derecha que pegó en pleno rostro de su oponente, rompiéndole la boca y haciendo que perdiera la vertical lanzándolo con violencia a la lona.

El gentío empezó a gritar emocionado y el árbitro empezó la cuenta reglamentaria de diez segundos. El bolito bizco que había sido derribado, se levantó encachimbado a la cuenta de ocho, se quita los guantes y corre a toda velocidad en dirección de su oponente. El enano, al ver que el bizco viene adonde él se encuentra, empieza a correr por todo el cuadrilátero. Empieza una carrera donde el chaparrito va adelante, el árbitro va después, el bizco atrás y por último van los seconds. Al fin el bizco le da alcance al chiquito y le zampa una patada en el culo a su oponente que lo levanta casi a un metro de la lona, aprovechando que el árbitro estaba de espaldas.

Los dos borrachos empiezan a tirarse manotazos a lo loco, se enredan en las cuerdas, el
árbitro interviene pero pierde el balance y los empuja sin querer afuera del ring.
Los aficionados que estaban cerca del encordelado tratan de ayudarlos, pero al sentir el patín a chucho muerto y a pata shuca, desisten de ello, y los dos bolitos logran subirse de nuevo al ring por cuenta propia.

El árbitro le dice al bizco que las patadas no se valen en el boxeo, y este le dice:
“Eso a mi me vale verga. Quedamos con este cerote que nos íbamos a tirar golpes suavecitos para no hacernos daño, y este pendejo por poco me endereza el ojo bizco del vergazo. Hoy me las paga este cabrón”.
Y le dice el otro bolito: “Entonces ponéte los guantes y démonos verga como hombres y no tirés patadas a traición como culero”.

En eso sonó la campana dando por finalizadas las acciones del primer round.
La concurrencia estaba muerta de la risa por lo que veía, y azuzaba a los dos borrachos:
“Ese enano no te aguanta, bizco”
“Ese bizco es viaje de agua para vos, enano”.
“Enano, metele zancadilla a ese cabrón y le das verga en el suelo”
“¡Hey Bizco, dice el enano que se cogió a tu hermana!”
“Ese bizco es pura golilla, vos te lo llevás pachito, Enano”

Suena la campana para el segundo round. El chiquito tira jabs que no alcanzan el objetivo, el bizco tira golpes que no dan en el blanco. En eso, el árbitro se acerca más de la cuenta en lo que el bizco tiraba un manotazo de izquierda y se suena al referí en la mera cara. La gente se caga de la risa y el árbitro los insulta.

Termina el segundo round. Se van a sus esquinas respectivas. Más y más gente se acerca al improvisado cuadrilátero a ver la pelea entre estos dos borrachos, que tiene a todo el mundo muerto de la risa.

Empieza el tercer round, el réferi los llama al centro del ensogado y les dice:
“O se dan verga de verdad o no hay guaro”.

Los siguientes tres minutos de pelea entre estos dos personajes han sido los más emocionantes, intensos, sangrientos, y divertidos que jamás haya visto en mi vida.

Soltaron jabs, uppercuts, ganchos al hígado, rectos de derecha, bolo punches, volados, uno-dos, y hasta un par de coscorrones.

Cada vez que el más pequeño tiraba un golpe, se le caían los pantalones, bajaba la guardia para subírselos para que no se le vieran las nalgas. Esto era aprovechado por el bizco para meterle un par de vergazos en la cara. Este, por ser bizco, miraba doble, así que algunas veces tiraba los golpes al aire, ocasión que aprovechaba el chaparro para pegarle en el estómago, y cada vez que el bizco recibía un golpe en sus partes blandas, se tiraba un sonoro y apestoso pedo.

No recuerdo cuantas veces cayeron a la lona, talvez unas seis o siete cada uno, y en cada ocasión se levantaban antes de la cuanta de diez. Casi al final del tercer round, el bizco cayó por un golpe bajo a lo huevos que le zampó el pequeño. La majada gritó “Foul”, y algunos se metieron a levantar al bizco, que se revolvía en la lona sobándose los huevos por el dolor, para que siguiera dándose pija.

Cuando sonó la campana dando por finalizado el combate, la concurrencia ovacionó con un nutrido aplauso a aquellos dos guerreros que se habían dado golpes hasta por debajo de la lengua. El combate fue declarado empate, pues no hubo un claro vencedor.

El bizco terminó con otro diente menos, dos chindondos en la cabeza, un pómulo cortado y la oreja derecha aplastada e hinchada, como de elefante. El chiquito, terminó con los dos ojos cerrados, con la nariz quebrada, la quijada desnivelada, y sin calzones, con la paloma y los huevos al aire libre.

Como justo premio a tan heroico, valiente y divertido combate, los promotores les entregaron a cada uno de los pugilistas, la fabulosa suma de tres colones, una papelada de fruta helada con hielo para que se curaran los moretes. Y de premio principal: medio litro de Muñeco, que para aquellos boxeadores aficionados guanacos era más apetecido y valioso que la jugosa bolsa multimillonaria que se disputaron Alí y Frazier en Nueva York en la mundialmente famosa “Pelea del siglo”.

Y se acabuche, cara de cuche.

Memo R. Díaz

sábado, 16 de agosto de 2008

MEMOrias en 45...DC5



The Dave Clark Five fue uno de los grupos ingleses que más sonaron en nuestro país a finales de los 60s, junto con los Rolling Stones, The Beatles, Gerry and the Pacemakers, Herman´s Hermits, Petula Clark, Eric Burdon and the animals, The Troggs, y luego vendrían Gary Pucket and the Union gap, Hengelbert Humperdick, Tom Jones, etc.