domingo, 4 de diciembre de 2011

MEMOrias del payaso "Chocolate".

(Don Eladio Velásquez, "Chocolate" alegrando una piñata en los años 50s)




Hace algunos días en uno de los grupos de Yahoo, donde se reúnen varios compatriotas nuestros, un miembro preguntó si habíamos oído el rumor o si sabíamos algo que Eladio Velásquez, mejor conocido en todo El Salvador como el payaso Chocolate, había sido “oreja” o "pone dedo" de los militares en nuestro país.

Honestamente yo nunca escuché ese rumor, y no se si fue cierto o solamente un chambre que le levantaron al payaso Chocolate. Pero como ya Don Eladio Velásquez falleció y han pasado casi veinte años que finalizó la guerra civil en nuestro país, realmente creo que eso ya no importa.

Lo que sí me acuerdo es que Chocolate, en su tiempo, fue el payaso más conocido, divertido y popular en todo El Salvador, y su circo “México”, no podía faltar en las ferias de las principales ciudades de nuestro país cuando celebraban sus fiestas patronales.

Chocolate fue el precursor y maestro de muchos payasos que aparecieron después, como Chirajito, Prontito, Rojito, Cañonazo, Firuliche y muchos otros que trabajaron en su circo. Era conocido porque era jayán y chabacán en sus presentaciones. Debido a ello era mal visto por aquellos que se la llevaban de “fufurufos”.


Parte de su repertorio era hacer parodias musicales, como aquella que decía así mas o menos: “Por esta pringa, ay, ay ay/ Suspira la Dominga, ay, ay, ay./ Por éste clavo, ay, ay, ay/ Suspira la Rosario, ay, ay, ay…. O aquella otra que decía: “Una mosca en la pared, en la pared, en la pared…”.


Algunas veces se disfrazaba de cura, se ponía una sotana, y era cuando más jayanadas decía. También hacía algunos trucos de magia, tenía un número de títeres, hacía fono mímica y tenía una calavera con la que hacía un acto de ventriloquía. Muchos de sus actos fueron copiados de los circos mexicanos como el del famoso ventrílocuo Paco Miller y sus muñecos Don Roque y Doña Marraqueta.


Chocolate, aunque todos lo conocían como payaso para adultos, también amenizaba piñatas para los niños, y allí no decía malas palabras. Que yo recuerde, era el único payaso salvadoreño dueño de un circo que tenía carro particular propio. Los demás payasos eran muy pobres y andaban “a pata”. Creo haber leído en alguna parte que Eladio Velásquez era primo o familiar de Salvador Salazar Arrué (Salarrué). No se si era cierto o no.

Recuerdo también que en una ocasión llegó a nuestro país el famoso circo mexicano “Ataide” y había instalado su enorme carpa en el predio baldío donde había estado la Penitenciería Nacional, sobre la calle Rubén Darío de San Salvador; y contrató a Chocolate para darle la bienvenida al público a la entrada del circo, quizás como una forma de ganarse la aceptación del pueblo salvadoreño. Fue también el abanderando del desfile del circo por las principales calles de la Capital.


Por su carpa México también desfilaron muchos artistas, como por ejemplo el enano Margarito Esparza, que había actuado en varias películas de la época del cine de oro mexicano, al lado de reconocidos artistas como Pedro Infante, Tin Tán y Cantinflas, entre otros.

No sé que fin tuvo Chocolate y su circo México, o si sea cierto el rumor que era “oreja”. Lo que sí creo es que Eladio Velásquez “Chocolate”, se merece un lugar en la historia cultural de nuestro país como pionero del arte y espectáculo circense; y maestro precursor de los payasos nacionales actuales.


Y sería una injusticia a su memoria y a su legado que lo recordemos por diferencias políticas, y no por la infinidad de horas de diversión y de risa que nos regaló a todos los salvadoreños, chicos y grandes, o que su nombre sea enterrado bajo el polvo ingrato del olvido.

A continuación agrego tres relatos de otros compatriotas con relación al tema.

Memo.
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CHOCOLATE

Fue en Cuscatancingo, 1966, cuando lo vi por primera vez.

Cuscatancingo entonces era un caserío enorme con muchas colonias de calles
empolvadas esparcidas en colinas. El Bus de la Ruta 24 era el único que llegaba
al pueblo y sólo llegaba a la entrada, enfrente del cine. Ni una sola calle era
pavimentada y las noches eran oscuras. Las proclamas municipales se daban de
colonia en colonia con un cipote tocando el tambor y un vocero leyendo la
proclama escrita en rollo como si fuese acta de independencia. Pero fue de esta
forma como se anunció la llegada del payaso Chocolate y su Circo México en la
populosa Cuscatancingo.

El circo México ya tenía años de existir, y ya era famoso en El Salvador, su
dueño y estrella del show era el payaso Chocolate, don Eladio Velásquez.
Chocolate entonces ponía el humor a la tristeza y desamparo de las analfabetas
mayorías pobres en El Salvador que lo sentíamos nuestro…, pero también Pachuco y
el hombre orquesta que amenizaba la función tenían todo el derecho al crédito.

Volví a verlo en las Fiestas Agostinas en La Campana, la Finca Guadalupe, y el
predio del Don Rúa. Entonces dejé de ser el cipotillo chaquetero y remendado que
siempre se metía de choto.

Chocolate era el payaso del pueblo, con su circo nómada México entreteniendo a
la mayoría pobretaria de los abandonados y míseros barrios del San Salvador de
los 60s. ¿Cómo iba a asistir un clase alta, u oligarca a ver ese chuco circo, o
ese bayunco payaso? Chocolate no era de su alcurnia, sino para la chifurnia que
honrosamente yo llamo mi raíz.

Pero sin TV, sin chance de entrar de choto ni al "pulgoso" a ver un triple por
la falta de cinco centavos, ver a Chocolate era un disfrute que no olvido.

Anécdota, cuento, o chambre, mi padre me aseguraba haber presenciado en los años
50s el espectáculo "más grande" que Chocolate alguna vez presentó y que le llamó
"lo nunca visto".

Mi padre me contó que lo pregonó en el barrio Candelaria a bomba y platillo por
dos semanas. El día señalado en su circo ubicado en el Mercado Belloso no cabía
ni una mosca... y llegó el momento ansiado que todos habían llegado a ver... "lo
nunca visto"... el hombre orquesta comienza a redoblar el tambor... sale
Chocolate... saluda a la multitud... les da la espalda... se agacha... se
levanta el traje de payaso y les enseña las nalgas peladas al gentío...
uyuyuyuyuy...

Chocolate era como decía mi abuela, a quien no le gustaba, "un bochinchero" por
eso terminó en problemas cachimbiando al enanito mexicano Margarito Sparza.

Tamen


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¡Ah, Chocolate, el payaso más payaso de todos!.


Vivía ahí en la 10 de septiembre, por la Venezuela, cerca de la 3 de mayo, y tenía un rotulito pequeño en la entrada de su casa: “Eladio Velásquez, Chocolate”. A veces salía en las tardes a ver pasar los carros.


La Dreyfus era una colonia todavía con calle de tierra; la Cucumacayán era de gente medio creída; el gimnasio nacional se llenaba de estudiantes; el parque Cuscatlán era para irse a “cueviar”; la ruta 8, valía 10 centavos; las gaseosas 15; y el cine, en doblazo, apenas costaba 30 centavos de Colón. Los dólares eran una rareza. Los cipotes se agrupaban en pandillas de hondilleros, las bichas no salían de su casa sin permiso.


Chocolate tenía el Circo México, Cañonazo era su ayudante y la feria se llenaba solo por ir a ver a Chocolate y sus patanadas, “una vieja y un viejo, se fueron a jugar futbol, la vieja que se desliza y el viejo que le mete el gol”. Y Chas, se daba vuelta y se ponía de culumbrón.
Chocolate, jodiendo a todo el mundo. Chocolate riéndose de los demás, Chocolate con dos funciones, una para niño, tierna y dulce, y otra para adultos, chabacana y jodarria.
Chocolate, el payaso de los pobres, su circo México era baratieri, pequeño y con asientos de madera.
El hombre Orquesta de su circo era no me acuerdo y con el andaba Pachuco.
Los bichos buscaban como meterse al Circo de Chocolate, cipotes con el culo roto o remendado,
chorriados, y Chocolate los dejaba pasar.


Mientras tener televisión era una burguesada, ir al circo de Don Eladio era una obligación, en la tele daban Chucho el Roto, un novelón tristísimo, la carpa del circo estaba rota, pero alegre.
Los lugares preferidos de Chocolate para montar la Carpa del Circo México eran la barriada de Santa Anita, la feria de Santa Ana, la feria de Agosto en San Salvador y la Feria de Mejicanos. Candelaria y San Jacinto también eran sitios populosos para tener temporada.
En el circo de Chocolate había de todo, bailarinas, trapecistas, domadores, cantantes, y hasta enanos... ah y trajo a un mexicanito que de vez en cuando veo en la tele, un tal Margarito que andaba despues de las funciones en la Praviana con su guitarrita y cantando.

También me han contado que Chocolate no solo contaba chistes sino que daba información a ... mejor no, no sigo. Vamos a perder la idea de rescatarle a la historia a un payaso a quien la Asamblea le nombró hijo meritísimo y a mí, me hizo cagarme de la risa.
De ahí viene la estirpe de los payasos de ahora. Claro, como ahora debe estar montando carpa y se va a contratar a Chirajito.


Julio Martínez.
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Eladio González, alias "Chocolate" ha sido quizás uno de los mejores payasos
profesionales que hayan vivido en El Salvador, al punto de haber sido
condecorado por la Asamblea Legislativa por su trayectoria. Un personaje
inolvidable que nos hizo reír haciendo uso de lo más perspicaz del sentir
pueblerino.

Siempre fue Don Eladio un payaso compenetrado con el sentir de los pobres, con
aquel humor que despunta de sufrimiento, ese círculo filosófico que a partir de
pobreza transmite amor. Cosa muy difícil de comandar, especialmente en un país
como El Salvador, que en esos años de actividad profesional bajo dictaduras
militares que hasta una "mala mirada" le costaba a cualquiera la vida, o sino al
menos tortura y vejámenes. Los días cuando el Partido de Conciliación Nacional
(PCN) era el partido oficial y los abusos de poder eran la norma para muchos,
especialmente aquellos que eran el tema de ese gran payaso.

Yo recuerdo cuando el circo Chocolate llegó a mi vecindario, se armó una batalla
entre los de "arriba" y los de "abajo". La admisión al circo era mínima, unos
que apenas podían pagar su entrada, pero que desde galería, disfrutaban de
espectáculos como "La Tromba Marina", "La Marimba de Mi Pueblo" y un trapecista
de tercera edad que nunca hizo mas que subirse al trapecio a llamar a todos por
su apodo en la comunidad, cantando rancheras de "mala muerte", todo desentonado
mientras todos le pedíamos que hiciera alguna pirueta: "Haz algo viejito, haz
muecas viejito…".

Recuerdo a Chocolate en sus presentaciones gráficas simulando hacer el amor con
los dedos en su gabán gritando con voz de tenor: "Raspando minuta, raspando
minuta, muchachitos…". Claro todo este populismo histriónico hizo que el
sacerdote de turno, que sustituyendo a uno mucho más liberal, organizara una
protesta formal ante el alcalde de San Salvador, en ese tiempo nuestro vecino el
Dr. Ricardo Joaquín Peralta, quien autorizó el desmantelamiento del espectáculo.

Todo aquello fue una maravillosa experiencia, Chocolate vive en mi memoria como
un personaje populista que amedrentó la amargura de gobiernos opresivos,
economías desmanteladas y corruptas y la poca ilusión de un cambio verdadero que
favoreciese a las clases sociales menos privilegiadas.

Chocolate, ese gran payaso Chocolate será un recuerdo extravagante para la
patria. Por favor, dejemos su memoria intacta, lo peor que podemos hacerle es
asociarlo con esos apasionamientos de "temor al Comunismo" que siguen
apareciendo en el horizonte luego de un derroche de arrogancia política sin
rumbo.

Marco Centeno
Chapel Hill, Carolina Del Norte
Estados Unidos

sábado, 26 de noviembre de 2011

Disfrutando a la Orquesta Platinum.

A sido una grata sorpresa para mí descubrir que en nuestro país hay una nueva gran orquesta que toca todo género musical, y que gran parte de su repertorio incluye música de las grandes bandas, cumbias clásicas, boleros, pop en inglés, música de las Buenas épocas, merengues, cha cha chás y hasta arreglos del maestro Ray Conniff con arreglos corales

La orquesta Platinum la dirige Julián Blanco de origen cubano y fue formada a beneficio del Hogar del Hermano Pedro.

¡Que lo disfruten!





sábado, 19 de noviembre de 2011

Recordando al genial "Albertico" Hernández


Hoy hace 40 años, murió Guillermo "Albertico" Hernández. Dicen que El Salvador entero lo lloró. Hasta hace unas semanas nada sabía de él. Pero cierto colega me preguntó si alguna vez escuché en YSKL las aventuras del Limpiaos Tutuy, "el más animala de todos los detectives".

Por supuesto que dije no. Sabía del Súper Chero de Radio Femenina o del más reciente héroe de ficción de ascendencia cuscatleca, el Capitán Centroamerica (de PuuuyaWeb). Incluso soy fan del héroe de los niños de guanacolandia: el Cipitío, de José Rolando Meléndes. Pero nada sabía de ese superagente secreto que gobernó los rating de audiencia radial en la década del 70.

Pues bien, justo hoy, 19 de noviembre de 2011, YSKL rinde tributo a quién fue el más polifacético artista de la radio, en la época de oro del dial salvadoreño (50-60), Guillermo "Albertico" Hernández, el Limpiaos Tutuy. Desde hoy, los radioyentes de La Poderosa volverán a escuchar algunos de los ingeniosos programas del vicentino de nacimiento.

De esta forma, conmemoran ese fatídico 19 de noviembre de 1971, cuando los medios salvadoreños anunciaban la trágica muerte del famoso personaje. "Muy lamentable la muerte del locutor Albertico", publicó El Diario de Hoy, en la página cuatro, de la edición del 20 de noviembre. La portada, también lo anunció.

Según se detalla en la nota, la muerte fue consecuencia de un balazo en la sien derecha que se disparó él mismo. Tenía 47 años y estaba en la mejor época de su vida. Suicidio, así fue calificado el deceso.

Sin embargo, una semana después, José Rubén Saavedra, uno de sus amigos y compañeros más cercanos, escribió en Diario El Mundo sus andares junto a la estrella. Él estaba convencido que Albertico interrumpió su vida en medio de una broma de mal gusto. Era adicto a las emociones fuertes.

"Él quiso bromear con Sonia (Elizabeth Aguirre) y la muerte le jugó una mala pasada. Aquella mañana del viernes, muchos creíamos que se trataba de otra 'chucanada' de 'Willie', pero era cierto", se lee en el reportaje, en la página 52, del 27 de noviembre de 1971.



Puro talento

Y es que quienes le conocieron lo describen como un hombre noble, dinámico, apasionado por su profesión, dispuesto a hacer reír hasta las piedras y con un talento irrepetible. No en balde mucho recuerdan como pasaban divertidos momentos escuchando al Ché Gambardel o al Pibe Mendoza. También cautivó con su personaje italiano Joseph Tentrachini, y ni que decir del Tutuy. Rubén Saavedra escribió para él el guión del programa Loco-Noticias, en la que Albertico hizo todas las voces de los personajes: Atarraya, Nalgaya, el Profesor Domudo, Johnny Meacuerdo y la Srta. Guacalchica, entre otros.

En las aventuras del superagente, también hizo todas las voces.

"Era un hombre increíble y muy talentoso", afirma Álex Cortez, de 72 años, quien no solo disfrutó de su arte, sino también de su compañía. Recuerda que el día de su muerte, él estaba a pocas casas de la escena del hecho, en la Colonia Centroamérica de San Salvador. Para él, fue una gran pérdida.

Su apodo, Albertico, lo ganó tras interpretar con éxito a Albertico Limonta, uno de los protagonistas de la radionovela El Derecho de Nacer, que se transmitió en 1954, por EB La Voz de Latinoamérica. Ese locutor vicentino del que nada sabía hace unos días hacía diferentes voces de hombres, mujeres, niños y niñas. También manejaba con facilidad los acentos argentino, árabe, griego, alemán, chino, japonés o mexicano. Fue el actor de radio que más hizo reír a Centroamérica el siglo pasado. Por ello, comprendo que YSKL haya decidido revivir esas andanzas y malandanzas del humor que hizo único a "Albertico". Honor a quien honor merece

Tomado de El Diario de Hoy.


viernes, 11 de noviembre de 2011

Perra suerte.

Este cuento es la triste experiencia
De un desafortunado animal.
Cualquier parecido con persona real
Es solamente pura coincidencia.

Es la vida de un pobre chucho
Que nació con mala estrella.
Su tragedia: amar una chucha bella,
Siendo él, feo, patojo y curcucho.

Firuláis se llamaba el infortunado can.
Era un humilde chucho de finca
Que feliz corría, brinca que brinca,
Por las montañas de Cuscatlán.

Su madre, una chucha aguacatera.
Su padre, un jiotoso chucho seco.
Su cuna, una caja de leche Ceteco.
Su ama -Licha Angulo- cocinera.

Un día hasta su rancho llegó
El dueño de la finca donde vivía.
Una linda perrita con él traía,
De ella, a primera vista se enamoró.

Su “pedigrí” se le notaba al verle.
Era hija de perros de alcurnia.
Firuláis, pobre perro de la chifurnia
No tenía ni un hueso que ofrecerle.

Desde que la vió, ya no comía,
Y otras chuchas ya no correteaba.
Día y noche solo en ella pensaba,
Deschavetado, el pobre animal parecía.

Al fin, de regreso a la capirucha,
Finquero y perra se tuvieron que ir.
Firuláis, de amor se sentía morir
Y decidió seguir a su amada chucha.

Se subió a un camión de la basura
Que iba a San Salvador por la Troncal .
Cuando al fin llegó a la gran Capital
No había comido ni una tortilla dura.

Por la ciudad entera se puso a oler
Tratando de rastrear el singular olor,
De aquella perrita, que era su amor,
A la cual amaba con todo su ser.

Olfateó por la Escalón y por el Centro
Por Nejapa, San Jacinto y Soyapango,
Por Apopa, San Marcos e Ilopango,
Y cansado, descansó por Metrocentro.

Por todos lados había olfateado
Tratando de encontrar la pista
De aquella, que a simple vista,
La tierra se la había tragado.

Un sarnoso perro callejero,
Que en un basurero escarbaba,
Le dijo que la que buscaba
Había emigrado al extranjero.

Casi loco y con la mente confusa,
Pero sin resignarse a su suerte mala,
Tomó rumbo norte a Guatemala,
Decidido a llegar hasta la USA.

Así, curcucho y con su pata mocha
Cruzó casi muerto el desierto de Sonora.
En su pensamiento no veía la hora
De encontrar a su chucha colocha.

Hasta Los Angeles llegó el pobre galgo,
Con la lengua de fuera, muerto de inanición.
Ladró a la puerta de una enorme mansión
Con la esperanza de ver si le daban algo.

Y cuál no sería su enorme sorpresa
Que, cuando abrieron el portón,
Subida sobre un elegante sillón,
Estaba su chucha, amarrada y presa.

Sacando fuerzas de flaqueza dice a su amada:
“Hermosa criatura, dueña de mis sueños,
Por seguirte abandoné a mis dueños,
Mi rancho, mis padres y mi camada”.

“Vengo a que te regreses conmigo”.
“Yo te libraré de tu atadura.
Pues no hay cadena, que por dura,
No rompa mi filoso colmillo”.

Y la ingrata le responde con desprecio:
“Yo soy perra de gusto fino,
De buen comer y de buen vino.
Estoy presa por mi gusto. Ese es el precio”.

“Por mis venas corre sangre de la realeza.
Soy mezcla de Pastor Alemán y Noruego.
¡Tú no eres más que chucho aguacatero
Que solo puedes darme huesos y pobreza!“.

“Además, ya estoy acompañada.
Mi perro es un labrador muy fino.
Tú eres pobre chucho campesino,
Así que ¡vete mucho a la chingada!”.

Firuláis, con el alma deshecha,
Llorando y con el corazón roto,
Se regresa a su cantón en Suchitoto
Disparado como rauda flecha.

Y aquel, que un día fue perro garañón,
Con chuchas ya no quiso amores nuevos.
De decepción se capó los huevos
Y se volvió chucho maricón.

Así fue como el can de Licha Angulo
Puso punto final a su mal de amores.
Hoy usa peluca y faldas de vivos colores,
Y dicen que le gusta le den por...¡Apulo!.

Así terminó esta trágica novela,
Y aunque vosotros no me creáis,
Aquel perro bravo llamado Firuláis
Hoy lo conocen como...¡La Canela!.

“Y se acabucho, cara de chucho

sábado, 5 de noviembre de 2011

Don Rigo Guzmán tendrá su calle.



Don Rigo Guzmán fué mi profesor de dibujo en el Instituto Nacional Gral. Francisco Menéndez en 1967, un año antes que fuera entrenador de la selección de futbol de El Salvador para las olimpiadas de México en 1968.


¡FELICIDADES DON RIGO, UN VERDADERO ORGULLO SALVADOREÑO!

Víctor Zelada Uceda twitter: @zeladauceda
Viernes, 4 de Noviembre de 2011

La frase "nadie es profeta en su tierra" es muy común escucharla. Pero hay excepciones y una de ellos es Rigoberto Guzmán, un personaje polifacético de nuestro país.

Muchos lo conocen por su oficio de pintor y caricaturista, pero también destacó como atleta, fue futbolista e incluso dirigió a la Selección Mayor que jugó en los Juegos Olímpicos de México 1968.

A sus 79 años, en Atiquizaya le rendirán hoy homenaje al nombrar la Primera Calle Oriente "Rigoberto Guzmán".

"La alcaldía de Atiquizaya decidió darme un homenaje con la conmemoración del Bicentenario en una actividad cultural donde me permitirán, a las 9:00 de la mañana, exponer 12 pinturas y diez caricaturas (entre algunos personajes "Mágico" González, Fidel Castro, Hugo Lindo y Roque Dalton)". A las 2:00 de la tarde me dedicarán el nombre de la Primera Calle Oriente", contó.

"Rigo" dijo sentirse orgulloso de haber nacido en el barrio San Juan, en 1932, en Atiquizaya, aunque a sus pobladores los llaman "malhablados" por el léxico y porque fue un asentamiento español.

"Rigo" es un artista nacional que ha dejado escuela en muchos pintores y caricaturistas del país. En la actualidad necesita patrocinadores para mantener esa chispa de creatividad.

Tomado de El Diario de Hoy.

sábado, 29 de octubre de 2011

Morrison, el maldito


El cementerio de Pere Lachaise es para los muertos lo que París para los vivos. La sombra de frondosos y centenarios árboles se proyecta suave y tranquila sobre preciosas esculturas en mármol, callejuelas de piedra labrada, preciosos jardines y tumbas que parecen palacios. Es la casa postrera de Oscar Wilde, Balzac, Chopin, Edith Piaf, Asturias y otros que de vivos fueron grandes y de muertos, gigantes.

Aquel día de 1998, había sol. Mucho sol. La lluvia fina y pertinaz que había puesto a París gris y húmeda, había cesado repentinamente la noche anterior. Mientras recorría las callejuelas del cementerio más elegante del mundo (extraño adjetivo para un cementerio), se me vinieron, sin yo convocarlos, algunos versos de “Temporada en el infierno”, de Rimbaud. El escalofrío, como todo escalofrío, fue involuntario.

Pensé que en la tumba de Balzac no yacía su cuerpo, sino el de Rafael de Valentín, para mí uno de sus más entrañables personajes. Unos metros más adelante estaba Chopin, el de los dedos huesudos y la mirada eternamente triste. Quizá no era Asturias el propietario de los huesos que estaban bajo esa otra tumba. A lo mejor era Cara de Ángel, bello y malo como Satanás. Pero todas esas tumbas estaban solitarias. Con olor a rosas negras y a quietud.

“Dios mío, qué solos se quedan los muertos”, decía Becquer. Y yo, como Manuel José Arce y Valladares, pensaba aquella mañana en un cementerio de París, que más solos nos quedamos los vivos cuando se nos van esos muertos. Inevitablemente, pensé en Raquel, la de los ojos color miel, y una dulce melancolía me invadió el corazón. Entonces vi el grafitti que decía en inglés “The king of acid rock, this way”. Caminé hacia la tumba de Jim Morrison. No había posibilidad de perderse. Una larga columna de jóvenes y de los que se quedaron para siempre jóvenes caminaban hacia allí.

Venían de todos los países a rendirle tributo al gran Chamín. Venían con sus pieles blancas llenas de tatuajes y sus melenas largas y rubias a dejarle sus ofrendas. No eran precisamente coronas mortuorias. Sobre la tumba de Jim Morrison, había vasos con whisky, paquetes de cigarros, “puchos” de marihuana y hasta condones por si hacía el amor en los infiernos. Aquella era la tumba más simple. No tenía mausoleos, ni angelitos mirando al cielo, ni piadosas vírgenes mirando a la tierra. Pero era la más visitada de las tumbas. Y aquel que yacía allí era el más ruidoso de todos los muertos y el más muerto de todos los ruidosos.

Jim Morrison fue icono del rock de los sesenta, pero nunca fue un “flowers power”. Su aspecto no era el del sonriente y reluciente Paul McCartney. Era más bien oscuro, corrosivo y amargo. Si alguien hizo del famoso lema sesentero “sexo, drogas y rock & roll”, una filosofía viviente fue él. Sus influencias no fueron Allan Gimsberg o Gregory Corso, como en el caso de Bob Dylan. Lo fueron Arthur Rimbaud, Charles Baudelaire y Antonin Artaud, los malditos franceses. Y como ellos, Morrison fue un maldito. Un genio autodestructivo, que se mataba en cada trago, cada pase de drogas y hasta en cada canción. En Morrison hasta el amor olía a chamusquina “And our love become a funeral pyre...”.

Pero yo no estaba allí para juzgarlo. Ese trabajo se lo dejo a Dios y a los que a cada momento juegan a serlo. Sólo quería ver la tumba de un genio, maldito, pero un genio. No era precisamente la clase de sujetos con los que quisiera que mis hijas se fueran a pasear. Como tampoco me gustaría que salieran con Verlaine y Rimbaud. Pero ¿a quién le importa sus torceduras a la hora de leer Temporada en el Infierno o la Obra de Verlaine? No hay genio sin botella, definitivamente.

Mientras cavilaba estas cosas frente a la tumba de Morrison, comencé a oír un rumor que se hacía cada vez más perceptible. Aquellos fanáticos del líder de los Doors, en un ritual que se repite constantemente en el Pere Lachaise de manera cotidiana estaban cantando “... The time to hesitate is through, No time to wallow in the mire, Come on baby light my fire”.

Por Marvin Galéas.

jueves, 20 de octubre de 2011

Adios lluvia de Octubre.

Hoy busco desesperada el arco iris aquel, que de niña cruce corriendo hasta que se desvaneció.

Hoy no lo encuentro.

De noche busco la cruz del sur o la pálida estrella del norte. Hoy no la encuentro.

El estanque rebasa. La montaña se mueve. Ay mis hermanos, mis lágrimas desleídas quedan en esta lluvia que implacable azota las viviendas de mis hermanos en la campiña, los patios de sus casas, llovizna tras llovizna, en un mar de angustias, hoy se convirtió. Sus techos soterrados y su cosecha toda, rio abajo fue a parar.

Tristemente, por igual, su factura cobró, a la urbe desequilibrada que atónita también tuvo que desalojar.

La noche viene y no para de llover y mi estrella más amada, hoy tampoco la veré.

Pero mi corazón indómito me dice: No es tiempo de lloriquear y lamentar, es la hora de levantarme y dar a mis hermanos, mi mano con firmeza, mi abrigo, mi tazón de arroz, mi verso, mi cálido abrazo. Y sabes qué? Hoy no buscaré las estrellas, te encontraré a ti y te cobijare y cantare una canción para ti, porque sé que estamos destruidos, pero no derrotados.

Construiremos nuevamente los puentes caidos y limpiaremos el lodo de los caminos y de la tristeza nos alejaremos.

Mi país y su gente, aun con el luto, el llanto, el frio y el dolor latente, se levantará.

Una vez más.

Como ayer.

Como siempre.

El arco iris pronto aparecerá.

Pronto aparecerá.
Paty Chong.
Un dia torrencial de mediados de Oct de 2011.


Foto tomada en San Salvador el 15 de octubre del 2011.