sábado, 23 de noviembre de 2013

El pensamiento indio...por Nelson Aldana.


 

Foto del historiador Carl. V. Hartman, indias de Izalco.
 
Cuando empecé a escribir este ensayo, me acorde de mi esposa, "no escribas nada largo que nadie lo lee. A la gente solo le gustan cosas cortas". Supongo yo que tiene cierta sensatez. Pero, remitiéndome como un viejo zorro de letras en leyes, es preciso escribir por cuanta explicación clara y veraz al lector que no tiene palabras mas cortas "no tienen el hábito de leer algo edificativo, séase de o que sea, y que se tomen al menos unos 15 minutos".

Unos podría decir: "son indios, que van a andar leyendo. Otros: "Nelson, vos solo boberías escribís". "Mejor contáme una de Pepito", me van a decir por allí. El punto es que ya que no estoy en materia de leyes, no puedo ser preciso con palabras técnicas y adecuadas para mayor entendimiento del individuo. Así que sin tantos garabatos, seguiré con la tanda de palabras. Y si al menos una persona logra leerme lo escrito, me daré por satisfecho. Ojo yo solo estudie hasta el sexto grado en Cojutepeque, y lo que puedo escribir de la letra de Cervantes, es gracias a las maestras del Colegio Evangelico Emmanuel donde estudie la mayor parte.(solo fui un mes al Walter y luego a la USA)

El pensamiento Indio

¿Que diría la sociedad, la alta alcurnia al mirar a una dama con tatuajes, o con poca vestimenta y enseñando los senos, hombres sin camisas y/o descalzos? Hay ciertas cosas que ya no existen, las tradiciones son ahorcadas por los que disque cultos y sabedores de la vida. Yo, en lo personal, a veces me siento intoxicado con pensamiento europeo, artífice y autor de la aniquilación de lo autóctono de la tierra que me vio nacer, y ahora, de ver con recelos y negocio lo que nuestros ancestros tenían y respetaban: la ley de la naturaleza y la tierra cual es la madre del hombre...pero negocio, repito, para nosotros.

Aun que yo hablo de los indios nativos, debo de aclarar que no tengo ninguna pizca de sangre indígena, pero tampoco la tengo azul. No tengo raíces netas de pipil por mas que las anhelo, pero igual soy indio, y me considero autóctono como todos, y mas pipil que el propio Cipitío. Algo controversial que nos decimos: ser defensores y protectores de las tradiciones de El Salvador y de los campesinos directos descendientes de los pipiles, chortis, lencas, mayas, etc etc. Pero cuando se nos presenta la oportunidad de hacer algo por ellos o las tradiciones, nos quedamos callados, o nos hacemos los "suizos' (europeos), y nada de nada.

Repito, la intoxicación conquistadora y europea nos supura, corre por nuestras venas. Basta con ponernos a la par y hacer una ralla trazada y preguntarle a un campesino ¿que quiere en esta vida?... nos diría: "Maíz para sembrar". Yo respondería: que quiero el ultimo Galaxy S4 de Samsung. Somos tan distintos, que el ejemplo de decir que soy guanaco y que ando pregonando defender el orgullo Pipil, lo destruyo con mis acciones. Un nativo campesino con su camisita a la mitad abotonada, no es porque quiere mostrar su pecho musculoso; es porque le faltan 4 botones a su camisa. A diferencia de mi Abercombrie & Fitch de temporada, no necesita botones.......¿estamos?

Las damas actuales usan sus prendas como si fueran desechables, 'huy esa fue la blusa que me puse la semana pasada" o "necesito nuevos zapatos. Estos lo use hace un mes en la fiesta pasada" o "Compre esta falda y no la he usado, pero ya no me gusta" ¡SOLO UNA VEZ USAN CASI SUS PRENDAS!

Pero, una campesina, hasta 2 o por 3 días usa la misma falda o en una semana usa las yinas Balco a la más anaranjada brillante chiltota. Yes que somos tan distintos, como lo dice Piero refiriéndose a su padre: "que creció con tranvía y vino tinto".

Amiga o amigo lector: no es regaño ni señalamiento; si no solamente observación, porque yo hago lo mismo, o sea lo contrario de no predicar con el ejemplo. Yo soy ese, que no tengo ejemplo. Un pensamiento bien indio (¿indio europeo?). El mío la verdad, no creo que ni el propio indio piense de esa manera, yo soy de esos que desean el último artículo electrónico mas chivo, el que digo ¡wow! ¡guat-a-car!
Increíble, pero Cojutepeque es un pueblo nato INDIO. Las mismas letras de la historia muestran que una bola de indios fundó y siempre a existido y seguirá existiendo en Cojutepeque.
 El ser indio no es sinónimo de rebaje, de analfabeto o de tonto; aunque ese es el estereotipo o denigración que hacemos o asociamos. Es un pensamiento nocivo y del que se cree Europeo hacia nuestra hermosa y linda raza indígena y lamentablemente tienen cara frijolera.
 Muchos, son desproporcionados, negritos y pelos necios y con un acento folklórico con el semblante de un guineo majoncho, (no hablo en nadie particular tampoco) y el que se sienta expuesto es solo pura coincidencia, que desean ser otro país y no de Cuscatlán.

En la gama de este gran país de USA puedo ver tantos salvadoreño que "ejcusmi" "guats" "Ju mi" que, si pudieran ir al rio Jordán a limpiarse la nacionalidad, lo harían en un 2x3; (no se porque siempre esa expresión pero, 2x3 es 6).

De regreso a mi ensayo baboso y largo. Hago esta pregunta: ¿que harían si ven a una mujer nativa con los senos descubiertos? Las autoridades la tildarían de loca, la echarían a la cárcel, que es algo "inmoral"…inmoral?? Lo que es moral o normal para unos, es anormal y moral en otros.

La moral, (una palabra doble estándar); se castiga al indio que hace "chicha", pero no a la cervecería, ni el guaro hecho por el extranjero. Pero si a la "chicha", porque viene de los indios. Es penado por la ley todavía hoy en día. No se permiten actos religiosos indígenas, porque lo dice en la constitución: La Republica de El Salvador es Católica oficialmente y con libertad a las iglesias protestantes a su expresión. ¿Y los indios? ¿Por qué no se incluyeron en la constitución? A los indios los tildan de brujos y brujas, de hechiceros, de ser personas malas. ¡POR FAVOR! La realidad es que fueron extirpadas, asesinadas, descuartizadas; y somos todos culpables de eso.

Es la verdad y la fealidad de hoy. La tradición es la del blanco conquistador del español. Ingles, Francés etc. y que las nuevas generaciones poco a poco comienzan a modificar y desistir de ellas recobrando y renaciendo tradiciones como son el tatoo, los "piercing" (aretes por todo el cuerpo) y otras locuras para mi hoy en día y para la mayoría de Uds. También.

La intoxicación como dije antes, pero si nos ilustramos leyendo, veremos y aprenderemos que no son mas que viejas tradiciones natas que están renaciendo lentamente en estas nuevas generaciones que veneran y respetan lo antepasado, más que un I phone, y que nos exponen al descubierto la verdadera mentalidad avara y paupérrima de conquistador que tenemos, y que no soportaríamos el morbo de ver una india con sus senos al aire, porque la deseáramos, tal como los conquistadores hicieron cuando llegaron y vieron por primera vez esta naturaleza de nuestra gente, que no estaban enfermas como nosotros lo estamos.

No creo que volvamos a ver del todo a las viejas tradiciones antiguas renacer originalmente, y si así fuese, mis ojos no lo van a ver. Por el momento, con esta mente europea que tengo, es mejor que resurjan poco a poco para ir ablandando el ojo enfermo que tengo y ponerme a leer mas para entender al pipil y su folklore.

El pipil miró el mundo, las estrellas, la tierra, los animales, la vida, las posesiones, el amor, la tolerancia desde otro lente diferente a la manera que nosotros lo miramos y palpamos. Este pensamiento indígena jamás lo entenderemos; y por más lupas de lentes que existan, no lo podremos ver nunca.

Nelson

 

domingo, 20 de octubre de 2013

Anécdota chumpe-gallo


Colaboración de  Jorge Chorro.

Hubo un tiempo que yo tuve allá en el Pulgarcito un corralito interno en nuestra casa, donde, inocentemente y creyendo que todos los animalitos alados se llevan bien naturalmente, compre unas tres gallinas, un gallo joven y....un chompipe joven.

El tiempo iba pasando y esos jóvenes crecieron y se hicieron adultos ¿y que van a creer?, de repente, el gallo y el chumpe empezaron a darse unas agarradas de a madre, con espuelas y todo.
El chumpe más fuerte, ponía a tierra al gallo, pero este se escabullía y se levantaba y decía con todo encima del chumpe...unos pleitos de varios minutos.

 Por eso dicen que ser gallo para algo es ser así como ese que tuve yo, pero el chumpe es chumpe también; no era ningún sencillo.
Nos divertíamos de ver esos agarrones de esos dos; algo así como Ali-Frazier!!!

Como todo pacifista que soy hasta hoy, nos aburrimos de tanto pleito, así que decidimos terminar con esas camorras.....el chumpe se fue en una cena X y el gallo se fue en chicha en un almuerzo Y.

Cuando los peleoneros ya se habían "marchado" al mas allá; quedaron 5 gallinas y varios pollitos en el improvisado corral interior. Las alimentaba con granos, y se pusieron bien chulas, y los pollitos fueron creciendo.

En un viaje que hice a La Libertad con mi familia pasamos comprando un chocoyito tierno (tipo de periquito).
Lo alimentábamos con masa semilíquida y se fue poniendo bonito. Como yo tenía una enredadera de granadilla en mi patio, esta se creció y se fue para el techo por el crecimiento. Al chocoyito le encantaba estar allí y decidimos dejarlo dormir en la enredadera, pues los animales buscan la naturaleza, mas que cualquier jaula. De repente, un día de tantos, lo buscamos y se desaparecio. ¿Se había volado? ¡Imposible! tenía las alas cortadas. Lo buscamos y nada.

  Mi gente se entristeció al igual que yo. El chocoyito no volvió a aparecer. ¡Ni modo, se fue, se fue!-dijimos en casa. Mientras tanto, nuestras gallinitas ponían huevos muy seguido... ¿por que?...les compramos otro gallo! Comíamos huevos muy seguido y naturales.

Una madrugada escuchamos un gran revoluto en el corral y una alharaca y aletear de las aves, y me dejo ir enpijamado con una lámpara y ¿saben que?.. Un enorme tacuazín tenía agarrada a una gallina por el buche, dispuesto a devorarla delante de las otras y del gallo.

Me zampe a la jaula y le dije a mi señora: "traeme el bate" (mi bate con el que pegaba hits, dobles y jonrones en el Parque Centenario, en los tiempos de softbol en las vacaciones de la escuela). Me lo llevaron, y agarre ese bate, y el horrible animal, pelandome los dientes, soltó a la pobre infortunada gallina y se quiso escapar.

 Lo arrincone y le zampe unos batazos de esos ricos y casi le deshice la cabeza al condenado tacuazín hj de....¡Feyos son esos animales!!
 
Si, el mismo tacuazín que se comió a nuestro chocoyito lindo y cariñosito.

Yo nunca antes había matado a un animal de esa manera, no tengo corazón para eso....solo inyectado en la materia de Anatomía Comparada de la UES cuando estuve enrolado en la opción de medicina y que después la cambie por los números.

El tacuazín ya muerto no me dio confianza, quedamos con miedo, pues, a lo mejor, tenia la hembra y crías por allí en algún tejado, o a saber donde.
Reforcé la jaula de las gallinas, pero un día, decidimos mejor de ya no tener mas, pues a los gatos les gustan las aves también y había varios por allí rondinando.

Así que las gallinas, se fueron "marchando" en diferentes fiestas A, B, C...etc...y el gallo en otra "salsa en chicha " Z...

¿Un tacuazín en mi casa?. ¡Quien lo iba a creer! '
Pero se lo llevo Judas....también se "marcho"....pero a otro mundo.

Experiencias vividas, no compradas.

Relato de Jorge Chorro.


domingo, 6 de octubre de 2013

Recordano al "órgano que habla"

Tomado del blog “Sonidos de la memoria”.

Hace unos años atrás en la década de los 50-60, apareció un organista de origen mexicano, donde interpretaba todo lo de moda en esos tiempos, como él no cantaba, hacía que su órgano (marca Hammond, alemán) dijera las frases de los estribillos.

Para esos tiempos, todo era una novedad, y este señor (no vidente) se hizo muy famoso y triunfó en la farándula de esos años. Ahora esto de hacer "cantar" a cualquier instrumento o animal, es cosa de todos los días, en Youtube existen páginas de perros cantores, personas que hacen hablar un instrumento, etc.




Ernesto Hill Olvera fue un músico mexicano nacido en Mexquital del Oro, Zacarecas, un 22 de diciembre de 1936 y que a la edad de 7 meses perdió la vista cuando, (el asume) fue por un relámpago.

A la edad de 3 años se mudo a Guadalajara con sus padres y a la edad de 6 años ingresó al "Instituto de Capacitación para el Niño Ciego", graduándose a los 12 años, para después estudiar piano. A la edad de 13 años ya tocaba en restaurantes locales así como también en la ciudad de México, donde después se mudaría buscando un mejor futuro.

Se cuenta que todo empezó cuando en el restaurante en el que trabajaba compraron un órgano, instrumento del cual no tenía conocimiento pues nunca había tomado clases, por lo que desarrolló su propia técnica...con el fin de llamar la atención de sus amigos desarrolló una técnica para articular sus nombres, que según leo en “theatre organs” consiste en abrir gradualmente las barras de un órgano Hammond para formar las vocales y el movimiento de las mismas, crearía las palabras, dando la impresión de un órgano parlante.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Recordando a un gran ídolo de la lucha libre en El Salvador, "The Tempest".

El espectáculo de la lucha libre fue muy popular a mediados de los años 60s en El Salvador, y muchos luchadores de otros paises llegaron a nuestro país a ser parte de las funciones sabatinas patrocinadas por el calzado ADOC, y que fueron televisadas en vivo en el canal 4, cuyo comentarista y narrador era Miguelito Alvarez, conocido como "el Decano" de los narradores deportivos.


 
Uno de los mejores luchadores extranjeros que llegaron a nuestro país y nos deleitaron con sus habilidades, fue el luchador técnico que se hacía llamar "The Tempest".

 Era un luchador de complexión media, muy elástico, famoso por sus golpes de karate y por sus vuelos acrobáticos desde la tercera cuerda; cuya capa y máscara se asemejaban mucho a las del ídolo mexicano "El Santo", el enmascarado de plata.

Desde sus primeras presentaciones, "The Tempest" se ganó el corazón y el cariño de la afición de la lucha libre, que sábado a sábado colmaba las graderías de la Arena Metropolitana, pues era temido por los luchadores "rudos", a los que vencía con sus habilidades.

 
Fueron famosas sus peleas en contra del "Bucanero", el más odiado y marrullero luchador rudo nacional, a tal grado que, en una de eas épicas batallas, "The Tempest" casi termina con el cuello roto, después que "el Bucanero" le aplicara la terrible llave conocida como "el martinete" o "desnucadora".

Yo siempre creí que "The Tempest" era colombiano o guatemalteco, pero hasta hace unos días, un amable lector de éste blog de nombre Carlos Bautista,  me dijo que el nombre verdadero de "The Tempest" era Delfino Espíndola Serrano, originario de Puebla, México, que luchó inicialmente bajo el nombre de "Ulises" (quizas por su parecido físico a Kirk Douglas, actor principal de la película "La Odisea" cuyo protagonista era Odiseo o Ulises); y que también había sido clavadista en la quebrada de Acapulco, y que falleció en el 2011.

¡Gracias The Tempest, por tan lindos recuerdos!




Como clavadista en la Quebrada de Acapulco, Edo. de Guerrero. México.

 
Posando con Rolando Valdez Arita y su hermana. Hijos del también luchador Kali Valdez, en la Arena Metropolitana.


Junto a la leyenda de la lucha libre, "El Santo".


Junto a su esposa.
 

Así quedó después de la batalla con "el Bucanero".

También era maestro en las artes marciales. Junto a otra leyenda de la lucha libre, "Huracán Ramirez"

domingo, 8 de septiembre de 2013

El verdadero primer "aztecaso". Recordando la selección de 1954



Muchos comentaristas deportivos ya están empezando a llamarle el segundo "aztecazo" a la reciente derrota que le propinó el seleccionado hondureño de 2 goles a 1 a su similar de México el pasado viernes en el estadio Azteca, ya que el primero, según ellos, fue el que les propinó el seleccionado costarricense de 2 a 1 en el 2002. Algunos creen que solo estos dos seleccionados centroamericanos han podido derrotar a México en canchas aztecas.

Pero la historia deportiva nos dice que la primera selección centroamericana en ganarle un partido oficial a México, en su propia tierra, fue la selección salvadoreña, que participó en los VII juegos deportivos Centroamericanos y del Caribe celebrados en el año de 1954 en la ciudad de México, y que El Salvador terminó ganando el torneo en forma invicta.

Los juegos se celebraron en el estadio de la UNAM, pues entonces no se había construido el estadio Azteca.

Los integrantes de ésta hazaña deportiva fueron: Oliverio Gómez, Ricardo Valencia, Calulo Hernández, Armando Larín, Yohalmo Aurora, Armando Moreno, Luís Regalado, Ramón Chávez, José Hernández, Fernando Barrios, Juán Francisco Barraza, Alfredo Ruano, Conrado Miranda Y Mario Montoya. Su director técnico era Carbilio Tomasino.



Los resultados fueron los siguientes:

El Salvador 2, Colombia 2
El Salvador 3, Cuba 1
El Salvador 3, México 2
El Salvador 1, Panamá 0

domingo, 25 de agosto de 2013

Lo ético, lo legal y lo moral en el amaño de partidos.

Por Ricardo Chacón *
  Sábado, 24 de Agosto de 2013

Una acción puede ser incorrecta pero no ilegal, no transgrede las leyes; estamos en el nivel de lo ético y lo moral como es el caso de la mentira y el engaño. Otro hecho, puede ser ilegal, pero a lo mejor no riñe con lo ético, ejemplos de esto están relacionados con los casos de "objeción de conciencia".

Todavía más, hay hechos que no transgreden las leyes ni las normas morales, sin embargo son repudiables, como lo es aprovecharse de un puesto público. Hay una delgada línea entre lo ético, lo moral y lo legal; lo ético tiene que ver con los principios que hacen que un hombre sea hombre y actúe, según su fineza de conciencia, a partir de valores; lo moral es el sistema normativo determinado en gran parte por la cultura y, lo jurídico, por el sistema de leyes que rigen a una sociedad.

La ética y la moral, en gran medida, son normas de conducta que tienen que ver con la conciencia de las personas; las leyes son elaborados sistemas y puestas en marcha por los Estados. Las leyes son aplicadas por el Estado y castigan cuando se comenten delitos; la transgresión a la ética y la moral "no deja dormir" y, por lo general, atrae el escarnio y el desprecio público.

¿A qué viene todo esto?, claramente está relacionado con los amaños de los juegos, realizados por los miembros de la Selección Nacional de Fútbol durante varios años; el escándalo que ha tocado una de las fibras más sensibles de los salvadoreños está candente y en boca de todo mundo, sobre todo, después de que se suspendió de toda actividad oficial del fútbol a 22 jugadores y cuando la Fiscalía ha dicho públicamente que va tras la pista de posibles involucrados del cuerpo técnico y de las juntas directivas de la Fesfut.

Pues bien, estos hechos, pasan por encima de lo moral, lo ético y lo legal; lo legal relativamente está claro, ha habido un engaño, no sólo a las normas propias del juego sino también, y esto es sumamente grave, a una afición que suele "dar todo por su Selecta"; el engaño puede ser tipificado como estafa, lavado de dinero, asociación delictiva o cualquier otra figura que los abogados conocen a perfección. Son las autoridades civiles las que tienen que juzgar estos hechos que, de probarse, son merecedores de un castigo o sanción.

Pero en el caso de lo ético y lo moral, si bien es cierto hay claramente una transgresión relacionada con los principios, valores y las buenas costumbres que, por supuesto, afectan directamente a la afición que "creyó y apostó por el triunfo de su Selecta", surgen las interrogantes: ¿Quién juzga? ¿Hay castigo? ¿Cómo se aplica?

 No soy quien para pontificar y juzgar sobre esto, ya hay suficientes comentaristas que lo hacen, sin embargo, permítanme incursionar dentro del tema en una doble dimensión: por un lado, lo ético y moral, desde la perspectiva social, será la conciencia individual y colectiva la que dará su veredicto y condenará a los culpables. Mentir y engañar para obtener un beneficio propio va en contra del respeto que se debe a los demás. Cuando esto se descubre, la vergüenza y el desprecio aparecen.

 Por otro lado, está lo profesional, que tiene su propia "moral", que nace del desempeño y entrega total del futbolista; los médicos, los periodistas y cualquier otro en ejercicio de su profesión tienen su propia moral condicionada por la práctica particular.

En esta línea, la Fesfut y la FIFA, como máximos organismos del fútbol, uno nacional y otro internacional, de alguna manera son los que regulan y garantizan no solo la buena práctica profesional, sino además que las competencias sean parejas, justas, equilibradas; si hay dopaje o amaño de juegos, son estas federaciones las encargadas, en primera instancia, de averiguar y castigar a los responsables. Esto requiere de institucionalidad, institucionalidad fuerte, con normativas claras y definidas y sobre todo, con liderazgos precisos que garanticen la justa competencia.

A semejanza de lo que sucede en otros ámbitos de la sociedad salvadoreña donde fallan la institucionalidad y el liderazgo para enfrentar a los corruptos (identificarlos, probarles los hechos y llevarlos a la cárcel) la Fesfut ha sido incapaz de enfrentar el problema y ponerle fin. A lo mejor no se hace lo suficiente ni se castiga a los farsantes porque algunos dirigentes están involucrados en el amaño de los juegos o, simplemente, por incapacidad.

El desarrollo del fútbol en nuestro país no solo debe tener disciplina, visión de futuro, amor al deporte, sino también una buena dosis de formación profesional en la que además de la destreza física, tengan alto protagonismo la ética y la moral. De todo esto carecemos.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy. ricardo.chacon@eldiariodehoy.com

sábado, 3 de agosto de 2013

Una anécdota de las fiestas de agosto de 1968


LA PELEA DEL SIGLO, ESTILO GUANACO.

Corría el mes de agosto de 1968 y las fiestas capitalinas con motivo del Divino Salvador del Mundo estaban en todo su apogeo y plenitud. En esas fiestas se acostumbraba poner un cuadrilátero de boxeo en el predio que quedaba al frente del Parque Libertad, en el cual cualquier aficionado, novato, o todo aquel que se sintiera gallito, podía calzarse los guantes y meterle un par de trompadas a cualquier otro valiente que se subiera al ring.
 Todo aquel que se subía al encordelado debía de aguantar, por lo menos, tres rounds de tres minutos, o hasta que uno de los dos saliera noqueado.

 Había un “referee” y dos “seconds”, uno en cada esquina, y eran los que se encargaban de calzarle los guantes a los pugilistas, de darles aire con una toalla sucia manchada de sangre, sudor y saliva en el minuto de descanso, y un poco de agua, y también se encargaban de recoger dinero entre la concurrencia. El público decidía con sus aplausos el ganador de cada combate. Este recibía la mayor parte de lo que se reunía entre la concurrencia.
 Las peleas eran por las tardes. Como eran días de asueto, y el espectáculo era gratuito, era presenciado por varios cientos de espectadores, especialmente por personas de bajos recursos económicos y por todos aquellos que transitaban por el centro de San Salvador.

Pues en una tarde calurosa de esas, nadie se quería subir al ring. Y por más que el referee y los seconds incitaban a la gente a que se animaran a subir, nadie lo hacía, quizás por miedo, o por temor a hacer el ridículo. De repente una pareja de bolitos, que por su apariencia y vestimenta se notaba que eran chichipates de cantina, levantaron la mano indicando que ellos querían subirse al encordelado para hacer la cabuda para la pacha de zangolote.

 Al principio, el encargado del show no los quería dejar subir, porque andaban todos shucos, apestaban a zanate muerto y se manejaban un juelgo a guaro marca Satanás. Pero, al ver que nadie más se animaba a calzarse los guantes, a regañadientes, aceptó.
 La majada que estaba viendo el espectáculo estaba muerta de la risa porque uno de los contendientes era bizco y le faltaban los tres dientes frontales del maxilar superior; y el otro boxeador era chaparrito, medio patojo y se le andaba cayendo el pantalón porque no traía cinturón ni mecate para amarrarse los calzones. Para terminarla de amolar, tenía un gran hoyo en el pantalón en la parte trasera, no tenía calzoncillos, y se le miraban las nalgas y las costras de tierra alrededor del “Aniceto”.

Pues los dos bolos se subieron a la tarima,trastabillando en los escalones por la gran papalina que se cargaban. Se quitaron los hilachos de camisas que vestían, y se quedaron solo en pantalones. Los ayudantes les calzaron los guantes, aguantando la respiración y las ganas de echar el zope por el tufo que echaban. Sonó la campana invitando a los guerreros al centro del ensogado para iniciar el combate.

 El referee les dio unas pequeñas indicaciones, tocaron guantes como caballeros, se persignaron, subieron sus brazos, empezaron a bailotear como verdaderos pugilistas…pero no lanzaban ningún golpe. La nutrida concurrencia, al ver que no lanzaban trompadas, empezó a silbarles “la Vieja”, a insultarlos y a decirles que se bajaran del ring.
 Al ver esto, el referee les dijo: “miren cabrones, si no empiezan a tirar vergazos voy a llamar a la Municipal para que se los lleve a la chirona por chichipates, y no les vamos a dar nada de pisto”.

 Los dos bolitos asintieron con la cabeza. Volvieron a levantar los guantes y empezaron de nuevo a bailar con más animosidad que al principio. Ninguno de los dos se animaba a tirar la primer ganchada y los espectadores empezaban a chiflar de nuevo. Al referee ya se le miraba la cara de emputado. Cuando de repente, el más pequeño de los dos soltó la primer manotada. Un volado de derecha que pegó en pleno rostro de su oponente, rompiéndole la boca y haciendo que perdiera la vertical lanzándolo con violencia a la lona.

El gentío empezó a gritar emocionado y el árbitro empezó la cuenta reglamentaria de diez segundos. El bolito bizco que había sido derribado, se levantó encachimbado a la cuenta de ocho, se quita los guantes y corre a toda velocidad en dirección de su oponente. El enano, al ver que el bizco viene adonde él se encuentra, empieza a correr por todo el cuadrilátero.
 Empieza una carrera donde el chaparrito va adelante, el árbitro va después, el bizco atrás y por último van los seconds. Al fin el bizco le da alcance al chiquito y le zampa una patada en el culo a su oponente que lo levanta casi a un metro de la lona, aprovechando que el árbitro estaba de espaldas. Los dos borrachos empiezan a tirarse manotazos a lo loco.

 El árbitro interviene pero pierde el balance y los empuja sin querer afuera del ring. Los aficionados que estaban cerca del encordelado tratan de ayudarlos, pero al sentir el patín a chucho muerto y a pata shuca, desisten de ello, y los dos bolitos logran subirse de nuevo al ring por cuenta propia.
El árbitro le dice al bizco que las patadas no se valen en el boxeo, y este le dice: “Eso a mi me vale verga. Quedamos con este cerote que nos íbamos a tirar golpes suavecitos para no hacernos daño, y este pendejo por poco me endereza el ojo bizco del vergazo. Hoy me las paga este cabrón”.
Y le dice el otro bolito: “Entonces ponéte los guantes y démonos verga como hombres y no tirés patadas a traición como culero”.

 En eso sonó la campana dando por finalizadas las acciones del primer round. La concurrencia estaba muerta de la risa por lo que veía, y azuzaba a los dos borrachos:
-“Ese enano no te aguanta, bizco”.
-“Ese bizco es viaje de agua para vos, enano”.
- “Enano, metele zancadilla a ese cabrón y le das verga en el suelo”.
- “Hey bizco, dice el enano que se pisó a tu hermana”.
-“Ese bizco es pura golilla, vos te lo llevás pachito, enano”.

 Suena la campana para el segundo round. El chiquito tira jabs que no alcanzan el objetivo, el bizco tira golpes que no dan en el blanco.
 En eso, el árbitro se acerca más de la cuenta en lo que el bizco tiraba un manotazo de izquierda y se suena al referí en la mera cara. La gente se caga de la risa y el árbitro los insulta. Termina el segundo round. Se van a sus esquinas respectivas.

 Más y más gente se acerca al improvisado cuadrilátero a ver la pelea entre estos dos borrachos, que tiene a todo el mundo muerto de la risa.


 

 Empieza el tercer round, el réferi los llama al centro del ensogado y les dice: “O se dan verga de verdad o no hay guaro”.

 Los siguientes tres minutos de pelea entre estos dos personajes han sido los más emocionantes, intensos, sangrientos, y divertidos que jamás haya visto en mí vida.

Soltaron jabs, uppercuts, ganchos al hígado, rectos de derecha, bolo punches, volados, uno-dos, y hasta un par de coscorrones.
 Cada vez que el más pequeño tiraba un golpe, se le caían los pantalones, bajaba la guardia para subírselos para que no se le vieran las nalgas. Esto era aprovechado por el bizco para meterle un par de vergazos en la cara. Este, por ser bizco, miraba doble, así que algunas veces tiraba los golpes al aire, ocasión que aprovechaba el chaparro para pegarle en el estómago, y cada vez que el bizco recibía un golpe en sus partes blandas, se tiraba un sonoro y apestoso pedo.

 No recuerdo cuantas veces cayeron a la lona, talvez unas seis o siete cada uno, y en cada ocasión se levantaban antes de la cuanta de diez.
Casi al final del tercer round, el bizco cayó por un golpe bajo a lo huevos que le zampó el pequeño. La majada gritó “Foul”, y algunos se metieron a levantar al bizco, que se revolvía en la lona sobándose los coyoles por el dolor, para que siguiera dándose pija.

Cuando sonó la campana dando por finalizado el combate, la concurrencia ovacionó con un nutrido aplauso a aquellos dos guerreros que se habían dado golpes hasta por debajo de la lengua.
 El combate fue declarado empate, pues no hubo un claro vencedor.

El bizco terminó con otro diente menos, dos chindondos en la cabeza, un pómulo cortado y la oreja derecha aplastada e hinchada. El chiquito, terminó con los dos ojos cerrados, con la nariz quebrada, la quijada desnivelada, sin calzones, y con la paloma y los huevos al aire libre.

 Como justo premio a tan heroico, valiente y divertido combate, los promotores les entregaron a cada uno de los pugilistas la exhorbitante y astronómica suma de tres colones con cincuenta centavos, una papelada de fruta helada con hielo para que se curaran los moretes; y de premio principal: medio litro de Muñeco, que para aquellos boxeadores aficionados guanacos era más apetecido y valioso que la jugosa bolsa multimillonaria que se disputaron Muhammad Alí y Joe Frazier en Nueva York en 1971 en la mundialmente famosa “Pelea del siglo”.


Y se acabuche, cara de cuche.

 Memo.