sábado, 14 de mayo de 2011

El reidor.


El reidor.
Por Heinrich Böll

Cuando me preguntan mi profesión, me entra timidez: me ruborizo, tartamudeo, yo, de quien todo el mundo suele decir que soy un hombre seguro de sí mismo. Envidio a la gente que puede decir: soy albañil. A los peluqueros, tenedores de libros y escritores les envidio la sencillez de sus declaraciones, porque todos esos oficios se explican por sí mismos y no exigen largas aclaraciones. En cambio yo estoy obligado a contestar a esas preguntas diciendo: soy reidor.

Semejante declaración exige otras, ya que a la segunda pregunta de “Y ¿vive de eso?” tengo que contestar “sí”, ateniéndome a la verdad. Vivo efectivamente de mi risa, y vivo bien, porque mi risa es –en términos comerciales– muy rentable. Soy un reidor bueno, experto, no hay otro que se ría como yo, nadie domina como yo los matices de mi arte. Para evitar explicaciones bochornosas, me califiqué durante mucho tiempo de actor; pero mis dotes mímicas y declamatorias son tan escasas que ese calificativo no me pareció responder a la verdad. Me gusta la verdad, y la verdad es que soy un reidor. No soy payaso ni actor cómico, no trato de alegrar a la gente, sino que exhibo alegría: me río como un emperador romano o como un sensible estudiante de bachillerato, la risa del siglo XVII me es tan familiar como la del siglo XIX, y si no hay más remedio, paso revista con mi risa a todos los siglos, todas las clases sociales y todas las edades. He aprendido a hacerlo sencillamente, como se aprende a poner medias suelas a los zapatos. Guardo en mi pecho la risa de América, la risa de África, riza blanca, cobriza, amarilla… y a cambio de los correspondientes honorarios, la suelto tal como me manda la dirección.

Me he hecho insustituible, me río en discos o en cinta magnetofónica, y los directores de guiones radiofónicos me tratan con mucha deferencia. Me río nostálgicamente, discretamente, histéricamente… me río como un cobrador de tranvía o como un dependiente de ultramarinos; tengo la risa mañanera, la risa de la tarde, la risa nocturna y la vespertina; en una palabra, donde y como haya que reír, yo me río.

Ni que decir tiene que este oficio es cansado, sobre todo –y ésta es mi especialidad–porque domino también la risa contagiosa; así que me he hecho imprescindible para los cómicos de tercer y cuarto orden que, con razón, temen por sus momentos culminantes, y ya me tienen a mí, casi cada noche, en los locales de varietés, como una especie sutil de claque, para reír de manera contagiosa cuando el programa decae. El trabajo tiene que estar cronometrado: mi risa bonachona o alocada no puede estallar demasiado pronto ni tampoco demasiado tarde, sino en el momento oportuno. Entonces me echo a reír a carcajadas, según estaba previsto, y todo el público alborota conmigo, con lo que queda salvado el bache.

Pero entonces yo me deslizo agotado hacia el guardarropa, me pongo el abrigo, satisfecho de haber, por fin, terminado mi jornada de trabajo. En casa suelo encontrar telegramas dirigidos a mí que dicen: “Necesitamos urgentemente su risa. Grabación martes”; y a las pocas horas me hallo ya sentado en un tren expreso con excesiva calefacción, lamentándome de mi triste suerte.
Todo el mundo comprenderá que, después del trabajo o durante las vacaciones, tengo poca tendencia a reírme: el que ordeña vacas se siente feliz cuando las pierde de vista y el albañil desea olvidar el mortero; los carpinteros suelen tener en su casa puertas que no funcionan o cajones que sólo se abren con gran dificultad; a los pasteleros les gustan los pepinillos en vinagre, a los carniceros el mazapán, y el panadero prefiere el chorizo al pan; los toreros acostumbran a tener afición a las palomas y palidecen cuando a sus hijos les sangran las narices: lo comprendo perfectamente, porque en los días de asueto no me río nunca. Soy un hombre mortalmente serio y la gente me considera –quizás con razón– un pesimista.

Al principio de casados, mi mujer me decía a veces: “¡Ríete un poco!”, pero con los años se ha ido dando cuenta de que no la puedo complacer en ese deseo. Me siento feliz cuando puedo distender los cansados músculos de mi rostro, o reposar con profunda seriedad mi agitado ánimo. Incluso me pone nervioso que se rían los demás, porque me recuerda excesivamente mi oficio.

Llevamos, pues, una vida silenciosa y pacífica, porque mi mujer ha olvidado también la risa; de vez en cuando, descubro en ella una leve sonrisa y entonces sonrío yo también. Nos hablamos en voz queda, porque odio el ruido de los teatros de varietés, odio el ruido que puede recordar los locales de grabación. Los que no me conocen me creen reservado. Tal vez lo sea, porque tengo que abrir con demasiada frecuencia la boca para reír.

Vivo mi vida privada con rostro inmóvil, sólo de vez en cuando me permito una suave sonrisa y me pregunto a menudo si me he reído verdaderamente alguna vez. Creo que no. Mis hermanos cuentan que siempre fui un muchacho serio.

Puedo decir que me río de muchas maneras, pero desconozco mi propia risa.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Poema "Glosa a la soleá", dedicado a la madre.


¿Te acuerdas de aquella copla
que escuchamos aquel día
sin saber quién la cantaba
ni de qué rincón salía?

Pero qué estilo, qué duende,
qué sentimiento y qué voz;
creo que se nos saltaron
las lágrimas a los dos.

"Toíto te lo consiento
menos faltare a mi mare
que a una mare no se encuentra
y a ti te encontré en la calle".

No vayas a figurarte
que esto va con intensión.
Tú sabes que por ti tengo
clavao en mi corazón
el queré más puro y firme
que ningún hombre sintiera
por la que Dios uno y trino
le entregó por compañera.

Pero es bonita la copla
y entra bien por soleares:
"Toíto te lo consiento
menos faltare a mi mare..."

Y me enterao casualmente
de que le fartaste ayé
y nadie me lo ha contao,
nadie, pero yo lo sé.
Yo tengo entre dos amores
mi corazón repartío
si le encuentro a uno llorando
es que el otro le ha ofendío;
y mira, nunca me quejo
de tus caprichos constantes.

¿Quiere un vestío? ¡catorse!
¿quiere un reló? ¡de brillantes!
Ni me importa que la gente
vaya de mí murmurando
que si soy pa ti un muñeco,
que si me has quitao er mando
que en la diestra y la siniestra
tienes un par de agujeros
por donde se va a los baños
el río de mis dineros...

¡Y a mí qué...?

Con tal de que de mi lao
tú nunca te desepares
toíto te lo consiento
menos faltarle a mi mare.

Porque esa mimbre de luto
que no levanta la voz
que no ha tenío siquiera
contigo ni un sí ni un no;
que anda como una pavesa,
que no gime ni suspira,
que se le llenan los ojos
de gloria cuando nos mira;

que me crió con su sangre;
que me llevaba la mano
para que me santiguara
como todo fiel cristiano
y en las candelas del hijo
consumió su juventú
cuando era cuarenta veses
mucho más guapa que tú.

Tienes que hacerte a la cuenta
que la has visto en los artare
y jincarte de rodillas
antes de hablarle a mi mare;
porque el amó que te tengo
se lo debes a su amó,
que yo me casé contigo
porque ella me lo mandó.

Conque a ver si tu consiensia
se aprende esta copla mía
mu semejante a aquer cante
que escuchamos aquer día
sin sabé quién lo cantaba
ni de qué rincón salía.

"A la mare de mi arma
la quiero desde la cuna;
por Dios, no me la avasalles
que mare no hay más que una
y a ti te encontré en la calle".


Por Rafael de León.

sábado, 7 de mayo de 2011

Homenaje a la madre.

Felíz día de las madres a todas las abnegadas madrecitas salvadoreñas, y una oración y una plegaria para todas aquellas madrecitas que ya no están con nosotros en este mundo, como la mía, pero que desde el cielo nos envían sus bendiciones.



Trío de los Hermanos Cárcamo.

jueves, 5 de mayo de 2011

La teoría de las ventanas rotas.






La teoría de las ventanas rotas"

En 1969, en la Universidad de Stanford, Calif. el Prof. Philip Zimbardo realizó
un experimento de psicología social. Dejó dos autos abandonados en la calle, dos
autos idénticos, la misma marca, modelo y hasta color.

Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York
y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California. Dos autos
idénticos abandonados, dos barrios con poblaciones muy diferentes y un equipo de
especialistas en psicología social estudiando las conductas de la gente en cada
sitio.
Resultó que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser bandalizado en pocas
horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, el radio, etc. Todo lo
aprovechable se lo llevaron, y lo que no lo destruyeron. En cambio el auto
abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto.
Es común atribuir a la pobreza las causas del delito. Atribución en la que
coinciden las posiciones ideológicas más conservadoras, (de derecha y de
izquierda). Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí, cuando el
auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una
semana impecable.

Los investigadores decidieron romper un vidrio del automóvil de Palo Alto,
California. El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx de
Nueva York y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al
mismo estado que el del barrio pobre.
¿Por qué el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente
seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo?
No se trata de pobreza. Evidentemente es algo que tiene que ver con la
psicología, el comportamiento humano y con las relaciones sociales.

Un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, de
desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de
ausencia de ley, de normas, de reglas, como que todo vale nada. Cada nuevo
ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada
de actos, cada vez peores, se vuelve incontenible, desembocando en una violencia
irracional.
En experimentos posteriores (James Q. Wilson y George Kelling) desarrollaron la
'teoría de las ventanas rotas', misma que desde un punto de vista criminológico
concluye que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el
desorden y el maltrato son mayores.

Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto
estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro, y
esto es algo que parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el
delito. Si se cometen 'esas pequeñas faltas' como estacionarse en lugar
prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja y estas
pequeñas faltas no son sancionadas, entonces comenzarán a desarrollarse faltas
mayores y luego delitos cada vez más graves.

Si los parques y otros espacios públicos son deteriorados son progresivamente y
nadie toma acciones al respecto, estos lugares serán abandonados por la mayoría
de la gente (que deja de salir de sus casas por temor a las pandillas), esos
mismos espacios abandonados por la gente serán progresivamente ocupados por los
delincuentes.

La respuesta de los estudiosos fue más contundente aun, indicando que; ante el
descuido y el desorden crecen muchos males sociales y se degenera el entorno.

Tan solo vea un ejemplo en casa, si un padre de familia deja que su casa tenga
algunos desperfectos, como falta de pintura de las paredes en mal estado, malos
hábitos de limpieza, malos hábitos alimenticios, malas palabras, falta de
respeto entre los miembros del núcleo familiar, etc., etc., etc., entonces poco
a poco se caerá en un descuido de las relaciones interpersonales de los
familiares y comenzarán a crear malas relaciones con la sociedad en general y
quizá algún día llegarán a caer en prisión.

En El Salvador, nos fueron impuestas dos grandes modificaciones a los planes y
contenido de estudios de los niños en las escuelas públicas con la finalidad de
crear obreros y empleados lo mas rápido que se pudiera para incorporarlos al
mercado laboral, en ese sentido se eliminó la Urbanidad, La historia y en este
caso también se tergiversó y se ocultó la historia del país, las buenas
costumbres, la ética, etc. se trató de generar salvadoreños ignorantes de la
poesía, la literatura en general, la filosofía, se les convirtió en adictos a la
televisión y ajenos a la buena lectura, durante décadas no se les mencionó los
derechos humanos, se trató que no tuvieran su propio criterio sino que vieran la
realidad a través de los grandes medios de comunicación comercial, se trató y
casi se logró "QUE EL NO PENSAR" era lo mejor. En otras palabras se rompieron
los vidrios del cerebro de nuestros niños y jóvenes en aras de crear un
salvadoreño ignorante de su historia e incapaz de pensar en que otro El
Salvador si era posible.

Durante las últimas décadas las autoridades fueron plagadas de jefes sin ninguna
capacidad para los puestos e instituciones como la Corte de Cuentas (encargada
de velar por el buen uso de los recursos del estado) que pasó a convertirse en
una oficina facilitadora de la corrupción y del encubrimiento institucional, mas
de 7,000,000,000.00 (siete mil millones de dólares) han sido robados en los
últimos 20 años, hospitales sin medicinas pero se encontró 300 toneladas de
medicinas enterradas y millones de dólares en medicinas vencidas. Adonde está la
corte o la fiscalía investigando estas compras, y a los laboratorios por esas
ventas totalmente cuestionables, cuantas vidas costó y sigue costando?

Durante las últimas décadas se creó un mega desorden institucional, un gobierno
que fue reducido a su mínima expresión con el objetivo que no interviniera en
los negocios del todopoderoso mercado (llámese empresa privada=negocios)
privatizando casi todas las funciones del gobierno, incluyendo la seguridad
pública. Y un gran etc. etc. etc.

Los asesinos, los ladrones, los corruptos, los que se pasan los semáforos en
rojo, los que se "parquean" en zonas prohibidas, en las aceras, en los lugares
reservados para minusválidos, los buseros que viajan como locos sin importarles
la integridad, los bienes y/o vida de nadie, los funcionarios públicos que usan
los vehículos para uso personal y familiar, los grandes comerciantes e
industriales que ganan licitaciones pagando "mordidas" directas o disimuladas,
etc. delinquen por que no hay autoridad que los multe, que lo persiga, que
investigue y castigue, hemos caído en el desanimo, la indiferencia, tantos años
de "mercado" lograron fomentar al YO por sobre los demás, el individualismo
consumista si no me afecta a mi, pues no me importa y no es conmigo.

Esa puede ser una hipótesis de la descomposición de la sociedad salvadoreña, la
falta de apego a los valores universales, la falta de respeto de la sociedad
entre sí, y hacia las autoridades (extorsión y soborno) y viceversa, la
corrupción en todos los niveles, la falta de educación y formación de cultura
urbana, la falta de oportunidades ha generado un país con ventanas rotas, con
muchas ventanas rotas y nadie parece estar dispuesto a repararlas.

La solución a este problema yo no la tengo pero he comenzado a reparar las
ventanas de mi casa, estoy tratando de mejorar los hábitos alimenticios de mi
familia, le he pedido a todos los miembros de la familia que evitemos decir
malas palabras delante de nuestros hijos, también hemos acordado no mentir, ni
siquiera mentiras pequeñas, porque no hay mentiras pequeñas, ni grandes, una
mentira es una mentira y punto, hemos acordado aceptar las consecuencias de
nuestros actos con valor y responsabilidad, pero sobre todo dar una buena dosis
de educación a nuestros hijos, con esto y con la ayuda de Dios espero comenzar a
cambiar en algo lo que antes hubiera hecho mal, he soñado que los míos algún día
repitan esto el día de mañana, con la finalidad de que los hijos de mis hijos, o
los nietos de mis hijos vean algún día, un nuevo El Salvador, un El Salvador sin
ventanas rotas.

Nota: Autor desconocido.

martes, 26 de abril de 2011

Memorias de un compatriota...segunda parte


...continúa

Miércoles 10-13. Seguimos nuestro segundo día por la otrora capital de China, ahora trasladada al Norte y es llamada Pekín. Este día está programada la visita a la milenaria Gran Muralla, atracción turística número uno, pues ha sido considerada una de las siete maravillas del Mundo. Sin embargo, Benjamín nos anuncia que lo haremos por la tarde debido a que hay muchos visitantes y el tráfico “no es acto para cardíacos.” Así que nos trasladamos a las tumbas de la Dinastía Ming, ubicadas al Noreste de la ciudad. Un verdadero remanso de paz con bellos paisajes y la frescura del clima otoñal de Octubre. Caminos decorados de figuras humanas y de animales: Elefantes, caballos, camellos, tortugas y demás, símbolos al paso del visitante hasta llegar a los mausoleos imperiales y la única tumba subterránea donde descansan 13 emperadores , 23 emperatrices, príncipes y princesas y algunas concubinas. Es un fenómeno cultural de los ancestros chinos. En particular, las tumbas imperiales han sido marcadas como súper grandiosas por su arquitectura de atmósfera enigmática, siendo un genuino paseo de arte é historia al pie de la montañas Tianshou del distrito Changping, a 50 kilómetros de la capital.

Después de esta inspirante jornada, nos dirigimos a la Gran Muralla. En 30, 45 minutos sobre una carretera en subida estamos frente a ella. De allí subiría hasta la colina amos nos esperaba en un “cable car.” Antes de pasar a la puerta de entrada, estaban previas a las ventas de suvenir, bebidas refrescantes y un inmenso estacionamiento abarrotado de buses y automóviles y los millares de paseantes que ordenadamente subían hacia la colina para tomar el funicular. Inclusive un camello para subirle precio pago a su dueño, para tomarse fotos sobre el animal. Desde abajo ya podíamos admirar las columnas de cemento que forman la muralla y el inhóspito paisaje de colinas y montañas, carreteras a la distancia. Es muy emocionante llegar a Gran Muralla. Dicen que venir a China sin visitar las murallas es como visitar Egipto y no visitar sus pirámides. Es como negarse a ver una ancestral civilización tan rica en cultura. Por nada hay que perderse esta monumental é inmensa fortaleza de 8,851. 8 kilómetros de largo que viene desde la frontera con Corea atravesando todo el Este de China, la cual nos explicaron ha sido construida y reconstruido entre el siglo quinto antes de Cristo y el siglo dieciséis. Se sabe que la razón de hacerla fue proteger la frontera Norte del Imperio Chino en las sucesivas dinastías imperiales contra los ataques de los nómadas de Mongolia y Manchuria.

En promedio la Muralla en si mide de 6 a 7 metros de alto en algunas partes y de 4 a 5 metros de ancho. En su apogeo de la dinastía Ming, la muralla fue custodiada por más de un millón de guerreros. Actualmente ha sido nombrada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde el año 1987. Gran parte de la Gran Muralla tiene fama de ser el mayor cementerio del mundo. Aproximadamente 10 millones de trabajadores murieron durante la construcción. No se les enterró en el muro en sí, sino en sus inmediaciones. El día 7 de julio de 2007 se dio a conocer que la muralla china fue elegida como una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno. Está hermanada con la muralla romana de Lugo, Galicia, España, también patrimonios de la humanidad, según publicaciones previas que encontré en Wikipedia.

Así contemplamos esta maravilla donde al visitarla, vimos gente nativa de todas las edades y turistas de todo el mundo suben y baja gradas para hacer fotografías de uno y otro ángulo dejándose azotar por la fuerte brisas que sopla en la altura a novecientos ochenta metros sobre el nivel del mar. Es inolvidable y cada quien y cada cual sale de allí con una satisfacción dibujada en su rostro, tal y como si hubiera participado en una de las guerras para defenderla de los invasores. Para los hipertensos como yo, en la altura de esa colina es de cuidarse porque hay momentos que uno se queda sin aire, aunque al final ya bien satisfechos de regreso todo siguió normal y en el hotel pasamos por la ruta donde se decían los escenarios de los Juegos Olímpicos de 2008. A esa hora de la tarde y con un clima invadido por la bruma aún se pudo hacer fotos exteriores de estadios y villas donde aún, nos dice Benjamín reina el deporte, pues los estadios se utilizan para campeonatos nacionales é entre las naciones asiáticas.

Ya por las primeras horas de la noche, aun en el mismo hotel nos encontramos con Robert y su esposa Esther, compañeros de viaje residentes en New Jersey, y con Sara Guan, joven mayor de treinta nacida en China, pero educada en San Francisco, California, quien actualmente reside en Seattle, Washington, según nos dijo. Ella nos sirvió de perfecta intérprete para irnos por nuestra cuenta en busca de un lugar que nos ofreciera buena comida. Caminamos una, dos, tres cuadras, viendo uno que otro menú, y al fin entramos a un establecimiento de comida china para variar que estaba lleno de jóvenes. A pesar que Sara nos ayudo a pedir los platos, al ordenar mi esposa pidió un caldo de camarones, pero le vino súper picante que no pudo ni siquiera saborear la segunda cucharada. Con una “echaba fuego.” Tuvo que esperar unos 30 minutos más para seleccionar y recibir una nueva orden. De esa experiencia aprendimos que no solo los mexicanos son “devoradores” de chiles picante, sino que los chinos les compiten muy bien.

Regresamos al hotel. Pusimos la televisión y aun cuando los canales en su mayoría son idioma chino, se puede acceder por el cable los canales de CNN, NBC, BBC de Londres. HBO, Discovery Channel y otro en castellano originado en España. Notamos que uno de los noticieros americanos pasaba la noticia del premio nobel de la paz 2010, recaído en el disidente chino Liu Xiaobo que fue sentenciado a ll años de prisión bajo los cargos excitar a la subversión contra el poder del Estado por ser el co-autor de una propuesta política de reforma legal de China, pero dicha noticia fue “cortada” o censurada inmediatamente y no dejaron que terminara el reportaje. “Cosas veredes Sancho amigo.” De hecho, suponemos la noticia no fue transmitida para el televidente nacional, como visitantes que podíamos más que aceptar decir é ignorar, y mejor cambiamos de canal. Vimos el final de una vieja película de Clint Eastwood titulada “Taurino,” y luego hicimos “mime” para esperar el día siguiente, un Jueves 13, que para nosotros no decía nada de “buena ni mala suerte” pues creemos que la suerte llamada buena, es cuando se junta la preparación con la oportunidad, y la mala lo contrario, si es que vamos a aceptar que el término debe caber en la mente de los humanos.


Día Jueves 10-l4: La mañana otoñal estaba espléndida. Luz de un sol naciente y radiante. Buen desayuno con el mismo menú. Por supuesto aprovechamos para deleitarnos con aquellos manjares que no nos cupo el día anterior. De paso conocimos otra pareja de viajeros: Tony y Norma De Guzmán, ambos padres y abuelos filipinos residentes en Los Ángeles, California, que se unieron una día más tarde al “tour” porque perdieron el avión desde su punto de partida. Nos aclararon que la compañía les ofreció recuperar lo perdido llevándolos a los mismos lugares en taxi, pero que ellos prefirieron unirse al grupo. La ruta nos llevo a algo que jamás yo había experimentado. Entrar en contacto con una familia de los barrios pobres de otro país, pues siempre los tours incluyen parques, lagos, museos, ciudades glamorosas, pero nunca los barrios de esta clase. Gloria si lo había vivido en la ciudad de St. Petersburg en su viaje por el rio Volga en Rusia el 2008. Pues bien, llegamos a un área tranquila, se notaba el ambiente de gente con pequeños negocios, muchas personas en sus bicicletas. Al llegar, nos esperaba un lote de muchos “rickshaw” que son en este caso pequeñas carretas con un asiento para dos personas, jaladas por un hombre en su bicicleta. Todo está bien organizado. Cómo? Pues aunque esos barrios son antiquísimos, la inclusión de llegar allí con buses llenos de turistas no existía antes hasta años después de la reforma económica.

Nos explicaron que ese plan finalmente autorizado por el gobierno aunque para aprobarlo hubo mucha discusión entre los líderes chinos. Producto de esas decisiones nosotros estábamos de visita en los “Hutongs” del antiguo Beijing, que de acuerdo a la historia existen desde el imperio Mongol del año 1271, luego en la dinastía Ming en los años 1300 cuando la cantidad subió a 1,200 y ese número se extendió de 1,800 a 4000 que hay en actualidad en las calles de Beijing. Allí, un líder de la comunidad estaba de acuerdo con nuestro guía Benjamín. Nos acomodaron en los “rickshaw” y dio inicio la caravana que para el caso no paso de 8 unidades llevando a los 16 visitantes dispuestos a la sorpresa. Me llamó poderosamente la atención que al igual que nosotros, estaban llegando docenas de buses con turistas al lugar y cada uno estaba encargado a un contacto que los acondicionaba en los vehículos manuales, y que esa misión estaba permitiendo que estos conductores de bicicletas con sus pasajeros bien sentados, tuvieron un ingreso decente con el cual se ganan la vida. El cargo por viaje de unas 6 a 10 cuadras, era de 3 yuanes, equivalente a $ 0.50 de dólar.

Notamos que todas las viviendas construidas con ladrillos y pintadas de gris con calles angostas donde solo pasa un automóvil pequeño. Encontramos de todo al paso: Tiendas pequeñas, bares y restaurantes, modestos hoteles, en fin, todo aquello que compone una comunidad de residentes en una gran ciudad, y los que precisamente están allí al este y el oeste de la “ciudad prohibida” por lo que no extrañe que las viviendas con mejores edificios o casas de mayor tamaño y construcción pertenecieron a oficiales de acuerdo al estatus social de los residentes de aquella época. Al final llegamos a una de esas modestas casas habitada por una señora de la tercera edad que vivía sola. Mientras ella “caminaba” a su perro (así nos dijeron) una sobrina y su hija nos atendieron ofreciéndonos asientos para todos colocados en forma de semicírculo. Notamos que la sobrina (mujer mayor de 40 años) preparaba alimentos para su tía. Así que su hija, en aceptable inglés hizo una breve presentación de bienvenida y la razón porque ella era la anfitriona encargada. Previamente, Benjamín nos había explicado que después de escucharla podíamos hacerle preguntas. Dijo ella que estudiaba en la universidad y que estaba haciendo un interinato en su trabajo, y que esperaba ser aceptada. Dejó entrever que oportunidades son escasas, pero que tenía confianza en su profesional desempeño como para lograrlo.

Los visitantes hicieron una que otra pregunta y se nos permitió tomar fotografías del interior donde se podía observar la modestia en el modo vivir de esa familia. La sala-comedor donde nos atendieron tenía paredes antiguas con decoración de cuadros con fotografías de viajeros, así como un “collage” de billetes de varias denominaciones de países que supuestamente otros turistas les han obsequiado. Vimos un modesto dormitorio, un escritorio y sobre él, una computadora. La visita concluyó en cuestión de 30-40 minutos y Benjamín nos recordó que ese mediodía volábamos a Xi’an. Ya las maletas estaban en el mismo bus rumbo al aeropuerto doméstico. Mas mediano que pequeño sí, pero muy activo. Tuvimos que someternos a las rigurosas medidas de seguridad y luego esperar la hora de salida para un viaje de hora y media a dos horas aproximadamente. De pronto estábamos en Xi’an, que en chino quiere decir “ciudad de la paz.” Al llegar y antes de pasar aduanas Benjamín nos advirtió que allí tendríamos otro guía local. No lo dijo, pero entendemos por haberlo visto en otros viajes que las leyes que rigen el servicio turístico condicionan que la ciudad visitada sea un guía de esa ciudad visitada, quien es el encargado de mostrarla, aunque siempre vaya el guía responsable de toda la misión. Esta vez nos tocó servirnos a una señora joven de 35 a 40 años de edad y de nombre americano Derry, quien a nuestro arribo estuvo presta a guiarnos al autobús y mostrarnos las primeras vista de Xi’an. Caminamos en “fila india” hasta un estacionamiento destinado para los autobuses.
Pues bien, correspondió a Derry darnos la bienvenida en otras ciudad y de inmediato llevarnos al hospedaje prefijado, el Shangri-La Golden Flower Hotel,ubicado en el centro de la ciudad. Durante la ruta, Derry nos mostró en el camino los edificios de apartamentos. Los vimos de 15, 20 pisos. Llamó la atención de todos cuando nos dijo que esos edificios no tenían ascensor y que sus residentes tienen que bajar y subir cada vez que salen de sus residencias. Y como hacen con la gente mayor o inválidos pregunté. Para ellos son reservados los primeros y segundos pisos de abajo me respondió Darry.

Comparado con el primero, este hotel que nos había destinado no estaba a la altura de un hotel cinco estrellas. Era más pequeño y más viejo que el anterior. Se podía no solo en su fachada sino en el interior del edificio y mayormente en la habitación que nos correspondió, más pequeña que la del primer hotel en todo, aunque siempre con cama King como nos gusta. Pero no se podía hacer reclamos en ese momento que más pasábamos en la calle no encerrados. Fin del día y fin de la botellita de brandy francés que poco a poco mi esposa y yo había degustado por la noches “para bajar el estrés.”

continuará...

viernes, 22 de abril de 2011

Otro cuento de Semana santa

.
(Los Cóbanos, Sonsonate)


Aquí tienen una anécdota personal de las vacaciones de semana santa en el terruño:

En la empresa donde trabajaba, había una señora de apellido "De Rauda", cuyo trabajo era ocasional. Ella llegaba por las tardes y recogía toda la cantidad posible de papel
periódico de los ejemplares viejos, papel sobrante e impreso por supuesto, y lo compraba a precio de "me lo llevo" para revenderlo a las coheterías


Eso, solo lo dije para ubicarlos cual era su menestar dentro de la empresa, porque cuando no le vendía en la cohería, lo hacía en los mercados, para hacer los "cartuchos" y poner las libras de frijol, maíz, maicillo, y hasta arroz, pero nunca azúcar ni sal, ya que la tinta que desteñía y el papel impreso dañaba la calidad de esos productos.



Pues sucede que esta señora, morena, en sus cuarenta digamos, le gustaba "armar" excursiones con los empleados para semana santa. Alquilaba el bus, vendía el pasaje y ofrecía solamente eso. El viaje de ida y regreso. Ya en el lugar, uno buscaba la "champa" que más le gustaba, y pagaba "la noche" (pongo comillas para resaltar los detalles.) Bueno, pues sucede que en una de esas semanas Santa, me decidí. Solo era salir temprano (7:00 AM) del Sábado de Gloria, y regresar el Domingo de Resurrección, tipo 5:00 PM. Nada más. En ese entonces, no me pregunten quien me acompañaba porque "no que acuerdo," o no quiero contar. Pues salimos para Los Cóbanos. Estando allí, nos instalamos, y aquí viene lo emocionante.

La mamá de la Sra. de Rauda tenía su "provisional" tienda. Ofrecía champas con todo y comida: Desayuno, almuerzo y cena (es que los salvatruchos nos rebuscamos) y además, también vendía, lean bien, lo prohibido. No!!! No eran muchachas. Era guaro. Si guaro, pero embotelladlo, y como era prohibido porque su tienda provisional no era "expendio de aguardiente autorizado" la "de hacienda" (la PH pues) andaba "ojo al Cristo."


Pues en una de esas, como a la hora del almuerzo, estaba yo con "mi conque." Digo así porque ella tenía "su por donde," cuando oigo el escándalo. Habían llegado una "retajila" de 4-5 muchachones que andaban buscando el "divino néctar" Smirnoff. Y empiezan: --¿A como la tiene? pregunta el líder del grupo. ¿El que? Responde la mamá de la señora de Rauda. –El Smirnoff Silver.

Por esa época, la botella de vodka regular o rojo en el mercado estaba a 15 colones, y la de vodka "Silver" a 18, pero la señora la había subido, un 50% más, o sea, el Silver a $ 26. --No!!! Dijeron en coro. --Ayy por favor, no griten que de repente viene la PH y nos llevan a todos. Recuerden que estamos en semana santa, y no hay venta libre. Así que compórtense o empiezo a gritar asalto.

--"Bueno, asalto es asalto, pero no esta mi sobrina para justificarme. Así que pagan, o no hay nada, dice la señora "bien fuertona." ---Y empieza aquel mal de lamentos. ---No señora. Si somos trabajadores. Ganamos poquito, y solo la queremos para la goma, vea, aquí donde nos ve, vamos a hacer "la cabuda" porque ninguno puede pagar por si mismo lo que vale una botella. --Pues vean como hacen, pero ese es el precio, recalca la señora madre de la organizadora del grupo. Y yo allí, como que no escuchaba nada.

Así que empiezan: --¿Vos cuanto vas a poner? pregunta. --Yo solo ando tres pesos, dice uno. ---Y otro indignado dice: Má ve, no jodas. Si somos cinco, para 26 nos toca a 4.20 mínimo, porque "el chele" no pone. Ya sabes que El ya se arreglo con la dueña de la champa donde nos están guardando la ropa. --- ¡Puta cabrones!!! Así mejor vamos a otro lado y nos quedamos bebiendo agua de coco para la goma que andamos, dice el "cabeza" del grupo. ---Nombe' No jodas dice el resto. Y empiezan uno por uno. -Yo pongo 5, lo único que tengo. --Y yo 3, porque para que les voy a mentir, ustedes saben que no me han pagado. --Bueno, aquí están otros 5. El primero afirma--Faltan 8, pero yo solo no los puedo poner.


Y a todo esto, "la mara observadora solo era de 3" (la señora y su hija, y yo, haciéndome el pen...sante que no escuchaba) --MIre señora, ya recogimos 24. Déjenosla en 24. Es lo único que tenemos. --No!! Responde ella. ¿Y ustedes que creen? Si soy pobre. Y ya una vez que capturaron y ¿saben que? Pagué con la cárcel y una multa de 500 colones para salir...NO, si no tienen mejor váyanse. Y ya no me molesten. Ya vendrán otros. Pues al final, ni me pregunten como hicieron y salen los 26 colones.

--Vaya señora, aquí tiene. ---Y dice ella: Pero saben que, váyanse allá, detrás de la champa que esta al final, y allí se las doy, porque aquí vienen otros clientes y me pueden "chillar." ---Esta bien señora dice el "jefe." Y otro dice, te vamos a acompañar uno o dos más, porque te podes ir y nos va a dejar en "verga" cabrón. --Puta no podan, pero esta bien. Y se van los tres dejando a dos esperando. Cuando vienen ya con el producto, los que estaban esperando exclaman. --Pasala cabrón. ---Apurate que me estoy muriendo.
---Y yo, además yo puse más, tengo derecho al primero "vergazo" --No jodan hombre, espérense. Llevémosla a la champa y allá "la discutimos." Escondela cerote. No ves que pueden venir de "la hacienda." Pasamela a mi, que yo tengo chumpa para esconderla. No, vos llévala dice otro.

Y en esa algarabía por la botella por la cual habían pagado 50% más del precio normal, y casi enfrente de la Sra... SE LES CAE...SI, SE LES CAE Y SE LES QUIEBRA. Y SE IMAGINARAN ESAS CARAS...! Tristeza, amargura, dolor, emputamiento, enojo, todo lo que ustedes e puedan imaginar.


Nadie quería verse uno al otro. Mientras tanto, un bolito del pueblo que iba pasando, ni lerdo ni perezoso, se agacha, y suavemente empieza a lamer aquel "riiito" de guaro que bien sabía. Y todos, uno por uno empiezas a reclamar:


--Puta, no joda viejo cerote, quítese de aquí. --Déjenme un poquito aunque sea, decía otro. -- Bueno, ya estuvo cabrones, vámonos a la mierda. --Eso nos pasa por "sedientos..." --Vos mejor callate. Si no fuera por vos, ya estaríamos chupando felices. --Vamos a la mierda pues. Ya estuvo. --Nombe, perate. Veamos si negociamos la otra. ---Mire señora, vea lo que nos ha pasado.---Lo siento jóvenes. Y aunque me duela, yo no puedo hacer nada.Puta. Espérese. En cuanto nos deja otra. Mire que ya pagamos 26 por la primera,
y de nada nos ha servido. ¿En cuanto nos puede vender la "media?" Porque ya vio cuanto nos ha costado hacer la cabuda para la botella completa.

--Bueno, yo no vendo medias, pero...---Y empiezan los lamentos y suplicas...---Si señora. Haga su obra de caridad.--Mire que Dios la va a bendecir.--Además ya somos clientes. ---Por fa' denos la media en 10 y vamos ver como le hacemos. ---En aquel dolor, en aquella tristeza, la hija (quien llevaba la "segunda" en el negocio y quien no haba hablado para nada, dice "

Déselas mamá, y que se vayan antes de que venga la PH.


Imagínense lo que uno hace por el guaro.

Fin del cuento.

Roberto Rodríguez
Derechos reservados.


viernes, 15 de abril de 2011

Un cuento de Semana Santa que no es cuento



En El Salvador, como en cualquier otra parte, los estudiantes tenemos que salir de vacaciones cuando se inicia la primavera, aunque se abandonan las clases solo por una semana. Les hablo de la tradicional semana llamada por los católicos, "santa," siendo no así para otra religiones que a ese período lo llaman de una y mil formas de acuerdo a su prédica pastoral.

Hablando de las vacaciones, les traigo una que me pasó en una de esas semanas, llamadas también por el vulgo como Semana "Zangana" . ¿Por qué? Por los desórdenes de violencia, alcohol, lujuria y demás que condena la moral social, las religiones y las leyes de un país.

Mozalbetes de la época, el amigo y vecino Carlos, cuya familia tenía su casa y finquita en Nueva Concepción, Chalatenango, solía invitarme a sus paseos. Esta vez fue para pasar unos días con su "rancho de la finca", y como consecuencia, para disfrutar de paseos locales al río Lempa, pescar y comer pescado fresco, y por supuesto, cuestiones de la época, ir a la molienda de caña en el trapiche propiedad de sus padres, para probar su jugo, las melcochas recién salidas del "perol" hirviente, y ver como se hacían los "dulces de panela" entre otras delicias de la artesanía campestre.

Pues como era natural, al llegar a "La Nueva" lo primero que mi amigo hacía era invitarme a dar una vuelta por el parque central, el principal del pueblo, visitar la única iglesia , ir dentro del kiosko en el parque, ver uno que otro monumento alegórico, y detenernos en uno de los "chalets" o kiosko comercial donde se vendían refrescos naturales, bebidas gaseosas, golosinas, y una que otra fruta.

Como en los pueblos "todos" resultan ser primos, estando ya en el mencionado "chaletcito" la que atendía aquella tarde era Marta, prima lejana de mi amigo Carlos. Muy bonita, ojos verdes como auténtica chalateca, y cuerpo de "piña" sazona. Ella era –sino la única, una de las atracciónes de la "muchachada" que visitaba el pueblo.

Naturalmente, al llegar procedió el dialogo: --Ella pregunta a Carlos: "Tu amigo? Si responde Carlos. –Preséntalo, pues replica ella. Y viene el saludo de rigor. Como procedía, Martita se presta a ofrecer una bebida natural para darnos la bienvenida. Entre plática y risas vienen las preguntas y respuestas: ¿Cómo te llamas? Donde estudias? Y que te parece la Nueva? Mientras yo respondo con la timidez de "pollo recién comprado," mi amigo se levanta y dice: ---" Ya vuelvo, iré a saludar a otros "cheros" (amigos) del pueblo, pero más creo que fue para dejarme solo.

Yo no me siento bien, inseguro diría, pues acabo de llegar, y le digo: --"No… yo voy contigo." --Pero ella me detiene y me dice: "Dile a Carlos que te diga adonde vivo, y te llegas a las siete de la noche." Nerviosos, ni me despido y salgo detrás de mi amigo, y este me dice, ven, te voy a enseñar donde ella vive.Y ni dos cuadras hemos caminado, cuando Carlos me indica hasta número y color de la puerta donde ya me había salido "amarre," supone él en mi cita a las siete de la noche.

Según yo, y ya en mi lugar de la cita, encontraría un gran familión en la casa. Pero no. Sólo estaba ella. --Su mamá – dijo, andaba en la iglesia o en las procesiones, y ella había preferido quedarse dizque estudiando.

Dicen los que saben, que las muchachas de pueblo son hurañas, tímidas, y hasta lentas, pero yo después de vivir una cosa diferente les puedo asegurar que no es así. Y Martita no solo era bonita y dulce, sino sus piernas podrían ser mejores que las de las "Jlo," se los aseguro. Como la mamá andaba en las procesiones del pueblo, había encargado a una vecina, para que le vigilara a Martita.

Ya adentro, y con medio ambiento propicio, me siento dispuestos a "romper mi fríaldad," y me aproximo al la escultural Martita, cuando en ese momento tocan la puerta. ¿Quien es? Grita Marta. – A los que otra voz responde desde afuera: --Es tu vecina, quería ver si me prestabas un poquito de azúcar (truco viejo del onceavo mandamiento: NO hacer clavo. Y Martita me dice, "vos, metete bajo la cama." --Y yo de obediente me encuqué y me quedé quietecito como un canegue enconchado.

En lo que se arreglaban con lo de la azúcar, o noté que la "metida" nunca se iba, el "impulso" se me fue "bajando," y cuando Martita se deshizo de la vecina, me dice: "Mira, vos mejor ándate que parece que ya me descubrieron, llega mañana al parque, y hablamos.

Al día siguiente, mi amigo tenía planes ya hechos de ir a la Hacienda de los Magaña quienes Carlos ya me había dicho que parientes de los mismos Magaña de Ahuachapán.

Después de dar esa "vuelta" que decía mi amigo, nos hicimos de unos caballos prestados y nos fuimos todo el día para el Lempa. Allá hubo de todo, pero me dolió no volver a ver Martita, quien supongo yo se quedó esperándome.

Cuando regresé al parque dos días después, Martita no estaba. Su mamá la tenía en casa, amenazada porque la había visto con un extraño hablar en dentro de su casa. Eso lo supe por su primo, quien me ofreció presentarme otras "primas" del pueblo, pero me dije, para qué.

Fin del cuento que no es cuento.

Roberto Rodríguez