sábado, 7 de julio de 2012

Reviven "la nueva ola de El salvador".

Tomado de La Prensa Gráfica.

Historias, relatos, anécdotas y situaciones curiosas, narradas por los protagonistas de la ola de bandas de rock en El Salvador de las décadas de los sesenta y setenta, dan vida al documental “Buenas Épocas (la nueva ola de El Salvador)”, que se estrena hoy en San Salvador.

Con el objetivo de dejar un legado histórico de El Salvador y rendir homenaje a sus principales impulsadores, Mario Anaya, cineasta salvadoreño radicado en Estados Unidos, pensó el proyecto, idea que surgió desde 2003; pero no fue hasta años después que lo concretó.

En “Buenas Épocas”, más de 40 personas (músicos y locutores de ese momento) platican de su experiencia y hacen un recorrido cronológico por varias presentaciones. Ellos constituyen el elemento principal del filme, presentado previamente en dos festivales de EUA, donde tuvo mucho éxito, según relata el productor.

Willie Maldonado, Armando Martínez, Sergio Gallardo, Luis López, Remberto Trejo, Julio Paiz, John Richardson, Chamba Rodríguez, Leonardo Heredia, Óscar Olano, Vanessa Carías (hija de Tito Carías), German Mangandi y José Montoya son algunos de los encargados de relatar las historias durante los 100 minutos que dura la proyección.

“Es increíble la lucidez con la que narran los detalles. Al unir las historias haces una perfecta recreación”, declaró Anaya.

En el documental se cuentan historias únicas, como por ejemplo: aquella vez en que Luis López, vocalista de la banda Los Supersónicos, quebró frente al público un trofeo ganado, luego de que en ese festival, en el que participaba junto con su grupo, les otorgaron el segundo lugar y no el primero, que era el que deseaban.

También los músicos comentan lo difícil que era poder llegar a las listas de popularidad o al menos al gusto del público, porque en esas épocas no había acceso a grabar o a ser programados en una radio. “No teníamos acceso a mucha música, sino que todo estaba dentro de nosotros y se adaptaba”, comentó Chamba Rodríguez, vocalista de Los Mustangs.

Para Anaya, las historias fueron las que crearon el guion de la película y las que dirigieron a él y su equipo de trabajo, 100% salvadoreño.

Sin embargo, a pesar de la accesibilidad a los artistas, el grupo de trabajo del documental se encontró con varios obstáculos, debido a que en el país no existen o no son accesibles los documentos históricos.

“Pensé que iba a ser fácil recolectar los artículos, me dije: voy a El Salvador y lo pido, pero me encontré con que no hay mucha memoria histórica y que la única que estaba se quemó durante el incendio acontecido en las antiguas instalaciones de Canal 4”, dijo Anaya.
Él y sus compañeros decidieron recrear las escenas, basadas en los relatos de los protagonistas.

miércoles, 4 de julio de 2012

El punto y la coma.


EL PUNTO Y LA COMA

Margarita Robleda Moguel
Mérida Yucatán, México

Un punto y una coma se encontraron en la mitad de una página vacía. El
punto rebotó a manera de un saludo. La coma, más tímida, simplemente se balanceó
hacia delante y hacia atrás.
Después de este breve saludo no supieron qué decir. Se miraron con recelo.
Eran tan distintos...
Ambos pensaron: "Algo malo hay en el otro cuando es tan diferente ". Y como
suelen hacer los adultos, se revisaron mutuamente de arriba para abajo.
-¡Qué redondo! – pensaba la coma -. No se sabe dónde comienza ni dónde
finaliza.
- Mira nada más qué ser tan extraño – se decía a su vez el punto -. No
tiene forma concreta. ¿Cómo podría describirla?
Se miraron en silencio largamente, hasta que el puntito, más audaz y tal
vez más curioso, se atrevió a decir:
-¡Hola! Yo soy un punto y sirvo para finalizar las cosas. Pertenezco a la
familia de los puntos. Mi abuelo se llama don Punto Final, mi papá es Punto y
Aparte, tengo un tío que es Punto y Seguido y yo, como voy aprendiendo el
oficio, apenas sirvo de punto para las íes. ¿Y tú?
- Pues yo... – sonrió tímidamente – me llamo Coma. En mi familia no existen
títulos tan elegantes como en la tuya… Somos simplemente comas, aunque, eso sí,
¡somos muchísimas!
El punto sintió vergüenza.
-¡Válgame! No quise decir eso, quise decir... bueno... no sé bien lo que
quise, o si quise... en fin... ¡Cofff!
– tosió puntos de tos.
De pronto, una avalancha de palabras cayó sobre ellos, una palabra
grandota, atropelló a la coma. El punto apenas alcanzó a escaparse botando.
- ¡Qué palabras tan groseras! ¡No empujen! ¡Cuidado! – gritó la coma.
- No es culpa nuestra – dijo una palabra que comenzaba con S y decía
SOMBRILLA -. Si te fijas bien, es la escritora que está jugando y su pluma
parece como una regadera inundando la hoja de palabras sin ton ni son.
Otra que empezaba con CH y se leía CHARCO, manifestó su descontento:
-¿Cuándo has visto que la palabra CHARCO vaya junto a AUTOBÚS...? CHARCO,
AUTOBÚS... ¿Alguien ha visto al artículo EL? ¡Lo necesitamos con urgencia!
-¡Aquí!
– respondió el artículo que, aplastado por palabras más largas, casi ni
se veía -. ¿Para qué soy bueno?
- A ver – dijo el CHARCO -, ponte junto a mí... a ver, a ver: EL CHARCO
AUTOBÚS; no, no, algo no funciona. A ver, párate junto al AUTOBÚS: CHARCO EL
AUTOBÚS. Ahora como que falta más información. ¿Y si ponemos EL AUTOBÚS antes?
¿No está por ahí la palabra CRUZÓ o alguna parecida?
-¡Sí!
– gritó CRUZÓ, que estaba cerca de ellos.
- Pues no grites – pidió la coma -, que no estamos sordas.
- A ver, a ver – continuó el CHARCO: EL AUTOBÍS CRUZÓ...
- Falta otro artículo – sugirió un adjetivo -, aquí tenemos UN y EL; veamos
cómo se lee así: EL AUTOBÚS CRUZÓ UN CHARCO. ¡Bien!
Las palabras: SIN, LLENARSE, DE y LODO, corrieron a ponerse detrás de
CHARCO.
- Colóquense donde tengan más sentido.
"EL AUTOBÚS CRUZÓ UN CHARCO SIN LLENARSE DE LODO LOS PASAJEROS APLAUDIERON
AL CHOFER GRITANDO HURRAS Y VIVAS A PESAR DE LA LLUVIA LA TORMENTA LOS RAYOS Y
RELÁMPAGOS LLEGARÍAN A TIEMPO A LA CIUDAD..."
- Pero... ¿Quién podrá leer toda esta sarta de palabras sin ahogarse?
Necesitamos una pausa, un respiro; si no, los lectores morirán asfixiados antes
de leer dos páginas seguidas
– dijo el margen que, como siempre, se mantenía
observando todo desde afuera.
- Una coma, eso, necesitamos una coma.
- Aquí estoy – gritó nuestra amiga -, yo soy una.
- Pero... ¿qué haremos con una coma nada más? – se preguntaron mirándose
unos a otros.
- Eso no es problema, sonrió muy orgullosa, vengo de una familia numerosa
contestó la coma y silbó -: Fiuuuuu iiifu!!!
Al momento surgió una bandada de comas dispuestas a dar pausas y respiros:
descansos.
-¡Eh, eh! – dijo el puntito -. Nosotros también podemos ayudar. Mi padre,
mi abuelo, unos primos que la hacen de emoción y se llaman puntos suspensivos,
otros hermanos, que son gemelos, se llaman dos puntos y hacen un apartado para
enumerar las cosas.
Viva! – gritaron todos -. No importa que la autora se haya divertido
lanzando su palabrería sin ton ni son, nosotros le daremos sentido.

- Adiós – dijo la coma tristemente al Puntito -. Te voy a extrañar.
- Adiós – respondió el puntito suspirando profundamente -. ¿Sabes? Fue un
descanso conocerte. Mis familiares son tan drásticos, especialmente mi abuelo…
Yo también te extrañaré. ¡Sniff! Ojalá que me toque en una "i" cerca de ti.
-¡Mmmmmh
! –respondió la coma cambiando de color.
-¿Qué sucede? – preguntó el CHARCO, que había tomado el liderazgo -. ¿Por
qué están tan tristes?
- Es que nos vamos a separar – dijo la coma, que había perdido la
vergüenza.
-¿Por qué? – preguntó el CHARCO.
- Porque yo soy una coma y él es un punto.
- Vaya, vaya – dijo el CHARCO preocupado -. En fin, pero... ¡Eh! Se me
ocurre algo, ¿por qué no bzzz... bzzz ,bzzz?
– le secreteó al punto. Este se
puso a dar brincos de puro gusto. La coma se puso colorada, pero balanceándose
hacia adelante y para atrás, no dejó de decir que sí.
Después de algunos acuerdos se celebró el enlace ante la palabra Charco que
se revistió de la autoridad de un juez.
- Señorita Coma, ¿Acepta por esposo al Señorito Punto, en la salud y en la
enfermedad, en la duda y el aburrimiento hasta que la goma de borrar los separe?
-¡Acepto!
– respondieron los dos al mismo tiempo y así el juez se ahorró
preguntar de nuevo.
- Yo los declaro punto y coma; de ahora en adelante no será necesario poner
siempre punto y seguido o punto y aparte. Ustedes serán algo más que coma, que
un descanso; podrán incluso hacer algún comentario del tema sin cerrar la frase.
Y así aquel puntito y que se encontró con una coma en una página vacía,
vivieron felices durante muchos párrafos más. Por su parte el abuelo, emocionado
al despedirlos, se cayó de sopetón poniéndole punto final a todo este asunto.

miércoles, 27 de junio de 2012

Huérfanos de niños.

Hay un período en el cual los padres quedamos huérfanos de nuestros hijos". Es
que los niños crecen independientemente de nosotros, como árboles murmurantes y
pájaros imprudentes. Crecen sin pedirle permiso a la vida. Crecen con una
estridencia alegre y, a veces, con alardeada arrogancia. Pero no crecen todos
los días, crecen de repente.

¡Un día se sientan cerca de nosotros y con una naturalidad increíble nos dicen
cualquier cosa que indica que esa criatura de pañales, ya creció! ¿Cuándo creció
que no lo percibimos?

¿Dónde quedaron las fiestas infantiles, el juego en la arena y los cumpleaños
con payasos? El niño crece en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia
civil.

Ahora estamos aquí, en la puerta de la discoteca, esperando no sólo que
crezcan, sino que aparezcan….

Aquí estamos muchos padres al volante esperando que salgan zumbando sobre
patines, con sus cabellos largos y sueltos.

Y allí están nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas en las esquinas. Con
el uniforme de su generación y sus incómodos y pesados morrales en los hombros.

Acá estamos nosotros, con los cabellos canos.

Y esos son nuestros hijos, los que amamos a pesar de los golpes de vientos, de
las escasas cosechas de paz, de las malas noticias y la dictadura de las horas.

Ellos crecieron amaestrados, observando y aprendiendo con nuestros errores y
nuestros aciertos.

Principalmente con los errores que esperamos no se repitan.

Hay un período en el cual los padres vamos quedando huérfanos de los hijos.

Ya no los buscaremos más en las puertas de las discotecas y del cine.
Pasó el tiempo del piano, del fútbol, del ballet, de la natación, del béisbol…

Salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas.

Deberíamos haber ido más, junto a su cama al anochecer, para oír su alma
respirando conversaciones y confidencias entre las sabanas de la infancia.
Deberíamos haber ido más a los adolescentes cubrecamas de aquellos cuartos con
calcomanías, afiches, agendas coloridas y discos ensordecedores.

Pero crecieron sin que agotáramos con ellos todo nuestro afecto.

Al principio fueron campo, playa, navidades, pascuas, piscinas y amigos.

Si, había peleas en el auto por la ventana y la música de moda. Después llego
el tiempo en que viajar con los padres comenzó a ser un esfuerzo, un
sufrimiento. No podían dejar a sus amigos y primeros enamorados.

Quedamos los padres exiliados de los hijos.

"Teníamos la soledad que habíamos deseamos…"

Y nos llego el momento en el cual sólo miramos de lejos, deseando que escojan
bien en la búsqueda de la felicidad y conquisten el mundo del modo menos
complejo posible.

El secreto es esperar…

En cualquier momento nos darán nietos.

El nieto es la hora del cariño ocioso y la picardía no ejercida en los propios
hijos. Por eso los abuelos somos tan desmesurados y distribuimos tan
incontrolable cariño. Los nietos son la última oportunidad de reeditar nuestro
afecto.
Por eso, es necesario hacer algunas cosas adicionales…

CREZCAN !!!!

Así es. Los seres humanos sólo aprendemos a ser hijos después de ser padres…

Sólo aprendemos a ser padres después de ser abuelos….

En fin, pareciera que sólo aprendemos a vivir después que la vida se nos va
pasando….

Autor desconocido

domingo, 17 de junio de 2012

Radio El Mundo celebró sus 50 años.

JOSÉ OSMÍN MONGE ESCENA@ELDIARIODEHOY.COM Viernes, 15 de Junio de 2012

Con un espectáculo cargado de música, baile, poesía y gratos recuerdos, Radio El Mundo, 93.7 FM, celebró medio siglo de existencia.
La celebración tuvo lugar en el Teatro de Fepade, en Ciudad Merliot, y contó con la participación de varios artistas de nuestro país.

La reconocida locutora Aída Mancía fue la encargada de darle la bienvenida a las personas invitadas a la celebración y de presentar a los artistas de la noche.

El escenario, decorado con flores naturales, se engalanó con las magníficas coreografías de la compañía de baile Ecos del mundo, con la voz inigualable del tenor José Guerrero, con las notas de Jhonny Salinas y con la poesía de la actriz Isabel Dada, entre otros.

El evento fue aprovechado para presentar algunas de las "cuñas" que han identificado a la radio durante estas cinco décadas.

Al final de la velada, doña Bety de Suárez, propietaria y fundadora de la radio, agradeció a las empresas que durante muchos años se han anunciado en la emisora. Asimismo dio las gracias a sus familiares, sus amigos y al público presente.

"Gracias infinitas por estar aquí con nosotros. Gracias al personal de la radio porque cada día nos da su trabajo. Se hizo posible el sueño de envolver el mundo en amor y espiritualidad", expresó doña Beta después de entregar a los artistas una rosa como símbolo de agradecimiento.

Radio El Mundo se fundó el 15 de junio de 1962, con el objetivo de llevar a los hogares música instrumental y mensajes positivos. A través de estos 50 años de existencia, la radio ha logrado su cometido y ha endulzando los oídos de sus oyentes con "el lenguaje de las almas".

miércoles, 13 de junio de 2012

domingo, 10 de junio de 2012

Carlos Santiago...de Francisco Andrés Escobar.

Cuando decidió llamarle Carlos Satán al niño, su familia se alborotó. “Mirá, no le pongás así al cipotillo; eso de Satán es nombre de chucho”. Cuando esté grande, los otros bichos de la escuela lo van a amolar que se va a dar gusto”. “Te lo puede jugar Candangas”. Pero ni los ruegos de la mujer, ni de nadie, pudieron contra la decisión del empecinado: su hijo llevaría su nombre, seguido de uno de los apelativos del Diablo.

“¡Yo no sé que tienen contra el pobre Dianche…! Un señor de allá de la capi, como es acomodado, sí ha podido ponerle Lucifer a su hijo y nadie le ha dicho nada: Pero no vaya a ser uno de pueblo, y para más, acabado…porque se arma la gran chirinola…! ¡El cipote se va a llamar Carlos Satán, y punto!”

Con la intención de quemar los últimos cartuchos, la familia de don Carlos Mujica acudió a mi abuela, para que fuera a reconvenir al testarudo. Conmovida, más que convencida, la señora se fue una tarde a verlo.
“A mi no me gusta meterme en la vida de nadie, vos sabés como soy. Pero si en algo puede terciar lo que yo diga, en medio del desbarajuste que se ha armado, voy a desembuchar lo que pienso”. El hombre se acomodó en la banqueta. Mi abuela se relajó en la mecedora. Se aireó con el extremo de su tapado-“Chucha, que calorón más perro, vós!”-y se dispuso a exponerle su ideología.
“Yo creo que tenés todo el derecho de ponerle como se te antoje, porque el cipotillo es tuyo. Pero el futuro es de él, eso si ya no es de vos. Y es allí donde está el blen. Vos mejor que nadie sabés como es la gente: va a ser dándose cuenta que el niño se llama como querés que se llame, y se lo van a hartar vivo, de seis a seis (…) Ya se que cuando crezca se va a poder defender; pero qué necesidad hay de que vaya desde ya metido en una guerra que no ha buscado. ¿Ah (…)si eso también lo entiendo: que el Diablo es hijo de Dios, que vino al mundo antes que Jesús…Mirá, si algo tengo claro es que sin el Diablo el mundo estaría incompleto. A ver. ¿Qué gracia tendría que todo fuera blanco, y no hubiera nunca entre qué y qué decidir? No, si la gracia de vivir está en eso, en ir diciendo hoy hago esto, mañana hago esto otro, pasado esto más, porque es lo que mi conciencia me dice que debo elegir y hacer entre, pues sí…entre dos antojos, llamémosles así. Es algo así como usar sabiamente el poder que uno tiene! Y allí es donde entra el trabajo del Diablo: él pone la tentación desde afuera, y uno la decisión desde adentro. Y decime…¿qué sería la vida sin tentaciones? Nada, papá. Nada. La tentación es el juego de la vida, la salsa digamos: porque el que se resiste se hace santo, y el que cae, se divierte. ¿O me vas a decir que no? Y en eso está la gracia: en irse al cielo o al chimbolero; pero, pues sí…porque uno le atinó, o porque metió la pata…Aunque para serte franca, yo…; pero bueno, eso es otro cuento…Volviendo a lo del niño, yo ya te digo, es tu hijo, tu gusto, tu decisión; yo lo único que veo es la necesidad de ahorrarle lágrimas y mocos al cipote, y directas e indirectas a la gente. ¡La humanidad es malvada, papá. Vos. Como que no fueras viejo! Pero bueno, yo ya dije lo mío. Hoy, ¿qué decís vos?

No dijo nada. Absolutamente nada. Le ofreció café, quesadilla, y tras un “lo voy a pensar”, se adentraron en otros temas, entre humos de pocillos.

Dos semanas después, Don Carlos afirmó su decisión ante la esposa: “Se va a llamar Carlos Satán, ya te dije. Y no me estés neceando más, si no querés que te de tu ganchada”.

Como tíos y tías movieron teclas para que en el santuario el cura no bautizara al niño con aquel nombre, Don Carlos Mojica se las arregló para hacer la ceremonia en alguna iglesia de cantón. “Dicen que cuando el pobre padre se le quedó mirando, sin ganas de ponerle así al niño, Don Carlos se apretó la cacha del revolver, y el padre no tuvo más remedio que topar”. “¡Ingrato, ponerle así al cipotillo, Fuego le va a llover del cielo!”

Carlos Satán creció con su partida de nacimiento y su fe de bautismo satanizadas. Mientras estuvo pequeño y en casa, no hubo mayor problema. Habiéndose ido el padre a trabajar a Panamá, la madre se las había ido arreglando para tapar el asunto. Los problemas surgieron cuando ya tuvo edad de ir a la escuela, y los documentos de identidad revelaron sus secretos.

Informados, quien sabe por que infidencia, los niños empezaron a chancearse de todo modo y medida: Se ponían los dedos índices cerca de las orejas, cuando pasaban cerca del endiablado, y salían en carrera abierta, como bailando el “torito pinto”; le dibujaban demonios coludos entre las páginas del cuaderno; le elaboraban tridentes con palos de paletas, y se las ponían sobre la tapadera del pupitre; le… en fin le preparaban una sarta de cachondeces que Carlos Satán soportaba con estoicismo. Solo cuando el cerco era inaguantable-como cuando iba a recitar un poema el día del maestro, y le colgaron al descuido, en la presilla trasera del pantalón, una pita con una punta aflechada- el muchachito arremetía a mandobles contra la pacotilla de burlistos, y dejaba un par de narices sangrantes y otro de cachetes rosados o rayados. “Usted no vaya a andar fregando al pobre cipote, oyó. El no tiene la culpa que le hayan puesto así”.

Carlos Satán fue un amigo de la infancia. Lo conocí en la escuelita de la niña María Isabel, mi tía, donde aprendíamos a leer juntos. Me llevaba dos años de mayoría y, como en un momento pasado mi abuela había tratado de protegerlo de la injuria, se sentía cómodo en la casa y llegaba a jugar. La señora no permitía que habláramos de cachos cuando el muchachito estaba presente; mucho menos que hiciéramos abiertas o veladas alusiones al “enemigo”. (Una vez que aparecí con una gorra preparada por Picadillo, con abiertas insinuaciones diablescas, mi abuela me mandó a volar de un solo manotazo). . Así que Carlos Satán, entre nosotros, era Carlitos. Y así era feliz.

El tormento del encachecido terminó pocos años después. El padre, desde Panamá, empezó a enviar cartas y dólares, después solo dólares; luego, solo cartas; más tarde, ni cartas ni dólares; y con el tiempo, se fundió en el olvido. La niña refugio, su mujer, se refugió entonces en el cariño de otro hombre que la quiso mucho, con Satán y todo.

Cristianísimo y observante-“Por ese hombre baboso, el Diablo nos puede llevar de verdad”-le abrió un juicio de identidad al cipotillo que, de llamarse Carlos Satán, finalizó siendo Carlos Santiago.

Francisco Andrés Escobar.
De su libro: “El país de donde vengo”.


lunes, 4 de junio de 2012

La pista de baile de la negra Toña.

La pista de baile era nomas un piso de tierra apelmazada con un cumbo de leche vaciado y vuelto a llenar con puro cemento.

Todos los atardeceres la regaban porque siempre había un show en vivo con la ejecución magistral de "Paila" y su amante conocida como la Toña. Nosotros teníamos unos ganadores de bailes de mi pueblo.

Ahora solamente compiten algunos famosos tiesos por televisión.¡Que aburridos!

Paila era el mozo más coqueto de la cuadra.Desocupado eterno, vago de oficio, ladrón por vocación, y chivo de la Toña por convicción de ella. Se vestía con camisa de gitano, flecos en los brazos, abierta a la altura del pecho raquítico pero adornado con una especie de rosa
alrededor del escote en "V".

Sus pantalones eran acampanados con remaches descendentes a ambos lados hasta llegar a la campana inmensa (que también tenía remaches) que al abrirse mostraban el interior de la campana con tela de color diferente al resto del pantalón.

En sus muñecas llevaba anillos y pulseras de oro puro y un medallón al pecho con el símbolo de Amor y Paz. Pelo largo estilizado y un perfil griego que le hacía pretender que era un escogido para conquistar a cualquier hembra.

La Toña era una mujer joven también.Amante de más de dos, se vestía para provocarpensamientos impuros, y era objeto de desaprobación de las beatas del pueblo y de lujuria de los hombres fuesen estos casados o solteros.

Tenía unas nalgas vibrantes e incontrolables al bailar y unos senos firmes y grandes, que alborotaba hormonas a los pre-adolescentes pícaros. A mí no porque yo era un niño menor que no llegaba a los 10 años aun, pero me fascinaba observarlos bailar.



Debido a sus piruetas al danzar las viejas chismosas del pueblo decían que ella practicaba el oficio más viejo del mundo y que Paila era su amante protector con sueldo por su oficio alrededor de ella.Creo que decían que él era su "chivo".

Entre los pasos favoritos de esta pareja estaba "la caída de la hoja", en el cual ella se dejaba caer a sus espaldas despacito mientras Paila hacía un paso medio pícaro acercándosela mucho a su corpiño ceñido palmo a palmo para marcar sus partes abultadas sin necesidad de ello porque venían en par por detrás o por delante. A mi me parecía que la campana del pantalón se le entiesaba al marcar este paso medio erótico. Pero pudo haber sido mi cochambrosa imaginación de niño precoz.

Cuando comenzaban a bailar los aplausos les envolvían en aquel antro improvisado. Allí, a media luz nos hacían reír, y admirar la docilidad de sus cuerpos.

¡Ah Recuerdos de antros del pueblecito más bello de Latino América por allá por los 60s!

El Moris bailador.